Tin tin tin tin tin tin tin tin tin tin *leer con la melodía del soundtrack*

No sé cuanto más podamos soportar de remakes, reboots, secuelas, película de comiquita en vida real, películas de acción animadas protagonizadas por The Rock, animé adaptado para occidente, musicales de Broadway pero ahora en la pantalla grande, precuelas, otra película de Twilight y de nuevo a Dwayne Johnson haciendo de papá musculoso en otra producción de Disney.

2018 parece ser el año en el que Hollywood quiso desangrar hasta la última gota el espíritu de la nostalgia, sugiriendo que ya no hay historias nuevas que contar y que si las hay no merecen ser vistas. Peor aún, la tendencia no tiene aspectos de cambiar pronto.

Y por más que me moleste saber que va a haber una nueva serie de Sabrina, aquí estaré para verla, porque lamentablemente soy víctima del engaño publicitario de querer saber si le hacen justicia a todos mis gratos recuerdos de la infancia en cuanto a producción audiovisual.

Por tanto, estoy aquí para contartes de la segunda parte de Halloween de 1978 de John Carpenter.

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El Halloween de este año es una película de David Gordon Green que pretende olvidar la docena de películas que salieron luego del clásico de Carpenter. Es como si ninguna de esas películas que le hacen deshonra a las slasher hubiesen existido.

Este año se presenta el mismo pequeño pueblo de Haddonfield, Illinois en el que hace cuarenta años se desató un psicópata asesino que aniquiló a un grupo de adolescentes. Nos volvemos a encontrar con la desafortunada Laurie, la única sobreviviente de aquel baño de sangre, evento del cual aparentemente nunca se recuperó. Jamie Lee Curtis vuelve a darle vida a la ex niñera, quien ahora es una abuela con una ruptura importante con su familia gracias a su estrés post-traumático concretado en paranoia y una afición por las armas y la seguridad.

Aprenderemos por supuesto más adelante en la película que dicha preparación exhaustiva es para protegerse de Michael, el asesino enmascarado, es bastante conveniente dado que en el traslado del sujeto de una institución mental a otra, el boogeyman logra escapar y regresar la noche de Halloween a reanudar su recorrido sangriento.

Así aparece de nuevo en la pantalla con su distinguida máscara pálida, braga y cuchillo increíblemente largo y afilado Michael Myers en una presentación igual de buena, ilógica y boba que la de 1978.

Este nuevo Halloween hace justicia a la película de culto que le dio origen y por tanto rescata el horror de los setenta que hoy en día no asustaría ni a un chihuahua. Es que Green entiende que su intención no es asustar al espectador sino ofrecerle una continuación digna a la historia de Laurie y Michael.

La película cuenta con un parecido movimiento de cámara a la de Carpenter y está llena de referencias visuales a su película como los planos de Michael semi escondido detrás de arbustos. Hay encuadres muy lindos y la música le da replay al distinguido tono que anuncia que el asesino está cerca.

No necesita asustarte, tú sabes todo lo que va a pasar en la película. Desde que inicia Halloween sabes que el amigo gallo va a llevar cuchillo, que el yerno escéptico de Laurie también y que la niñera cachonda va por el mismo camino. Sabes que Laurie y Michael van a encontrarse y pelear hasta la muerte de alguno de los dos, y que el entrenamiento profesional en armas le va a ayudar a la ex víctima a llevar la delantera por encima del loco con el cuchillo. También sabes perfectamente que la policía siempre va a estar un paso detrás del crimen y que por ahí viene una escena de dos adolescentes semidesnudos que van a terminar muertos. Por tanto, el enfoque de la película va más a contarte el resto de la historia de la manera más bonita y justa.

De nuevo, es boba. Michael sigue siendo indestructible y parece que Illinois es el estado con la inteligencia policial más inútil de todas, todo esto agregado al hecho de que el enmascarado vuelve a colocarse detrás del volante de carros sincrónicos a pesar de haber pasado el 90% de su vida encerrado en un cuarto sin posible acceso a saber cómo c*ño se maneja.

Aunque muchos digan que el Halloween de 1978 está sobrevalorada, opino que es lo que sucede con las películas de culto, lo absurdo se vuelve clásico y una vez consagradas, no hay manera de bajarlas del pedestal.

Habiendo dicho esto, declaro obligatorio disfrutar de este nuevo festival de eventos ilógicos y de buen gusto si te gustan las películas de terror.

Got You!