Menos arañas, menos fuerza, menos X, menos súper

Cuando los tiempos son oscuros, la esperanza se recuerda con melancolía, los malos cubren con su manto las ciudades y los buenos se ven pequeños, necesitamos algo súper.

Algo superior, alguien extraordinario. Porque si hay algo en lo que podemos contar, si analizamos la vida desde un punto de vista un poco pesimista o mejor dicho realista, es que lo más probable es que las cosas en cierto punto, se vayan a la mi*rda.

Porque los humanos somos imperfectos y erramos, en un momento u otro vamos a tomar el camino equivocado, decidir cosas malas sin excusa y tratar de sacar un pan de la tostadora con un tenedor. Estamos hablando de una raza que acabó con los bosques de bambú y luego se dedicó medio siglo a glorificar unos osos que casi extingue para tomarse el mismo tiempo en extinguir otro centenar de especies más.

Por eso necesitamos creer que como seres torpes que somos, hay entes estupendos que no pecan como uno y que en situaciones en las que la embarramos olímpicamente, alguien distinto, alguien mejor, pudiese solventar el problema con habilidades fantásticas. Un alguien “súper”.

Aquí radica la importancia de un hombre que por más que intente, no logro imaginar sin canas ni arrugas. Stan Lee le regaló al mundo la posibilidad de materializar esos deseos de imaginar personas súper con historias fantásticas.

Y aunque este imperio de súper historias y súper personas no nació únicamente de su ingenio y creatividad (distinto a lo que muchos piensan robó bastante crédito en cuanto a la creación del universo Marvel), Lee es indiscutiblemente el padre de los personajes más extraordinarios y magníficos que hemos visto en historietas, el cine y una que otra no-tan-maravillosa serie de TV.

*Mis respetos a los fanáticos de DC, pero este artículo no es para ustedes. Retomamos la discusión de quién es mejor otro día *

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La semana pasada a menos de cinco años para llegar a un siglo de existencia, Stan Lee murió en Los Angeles, obligándonos a recordar y agradecerle por traer a nuestras vidas el elemento súper, por hacer ver que leer cómics y fantasear con tener superpoderes no es solo para nerds y por dar pie a un universo cinematográfico que glorifique el humor y la acción bien logrados. 

Stan Lee nos hizo saber que ser un adolescente perdedor, tal vez demasiado inteligente y que no logra llamar la atención de la niña que le gusta, es casi una regla universal para todos los que tienen 16 años. Que a pesar de todo aquello y sentir que el mundo no te entiende, puedes lograr cosas extraordinarias como lanzar telarañas y caerte a besos de cabeza.

Que tu debilidad más grande puede convertirse en tu mayor atributo. Que un corazón de energía cuasi extraterrestre nunca cae mal y que ser inteligente te puede llevar a una vida de éxito y bastantes ceros en la cuenta bancaria.

Que las familias no son perfectas y que tu hermano puede llegar a ser un imbécil a veces. Sin embargo, teniendo como norte el honor, la responsabilidad y el respeto por todas las especies, recibirás los mismos atributos de vuelta. Y que también ayuda cargar un martillo encima y ser ridículamente hermoso.

Que controlar la ira es un arte y que todos vivimos con nuestros demonios internos. Nos enseñó a que tenemos que aprender a aceptar quienes somos y una vez más utilizar nuestras debilidades como nuestra mayor fuente de poder. También que no importa que tan feo o verde seas, siempre hay una persona linda e inteligente que te va a ver más allá de eso.

Lee nos recordó que tener amigos distintos a ti es una buena manera de caminar por el mundo, así tienes balance y encuentras apoyo. Que de las adversidades juntos se sale mejor y que si eres raro solo es mejor ser raro en conjunto. Tal vez la parte de comprarse uniformes y salvar el mundo siendo transparente, súper elástica, un lanzallamas humano o una piedra no es aplicable al plano real, pero me van a decir que no suena genial. “Matemos este extraterrestre maldito y luego vamos por unas cervezas”.

Nos introdujo la idea de que las panteras, la tecnología y el patriotismo son buena combinación; que por ser ciego no eres menos; que encontrar tu espacio zen después de un gran trauma es una buena forma de lidiar con los problemas y que ser enana puede ser un atributo porque los superhéroes también son del tamaño de una hormiga.

La lección más importante que recojo de los súper de Lee es el reconocer que lo que te hace distinto, tal vez burlable para la sociedad, aquello que te tambalea entre lo normal y lo mal visto, el motivo por el que te han dado un mal rato en el colegio o por lo que a veces sienten que dicen a tus espaldas; es lo que te hace ser tú. Especial y distinto, pero al mismo tiempo perteneciente a un grupo de personas que se sienten igual. Ya sea porque eres demasiado alto, tienes canas a los veinte y luces distinto a los demás o porque tienes visión de rayos ultravioleta, invocas tormentas y garras de adamantium; como eres tal cual, eres genial y extraordinario.

Lo súper de este padrino de Marvel es que cuando todos queremos superpoderes para enfrentar adversidades, Stan se empeñó en demostrarnos que los rasgos más humanos que tenemos son los mejores poderes. Como un cuento de niños con moraleja al final que entiendes mejor cuando eres adulto.

El mundo es súper y gracias a Stan Lee por recordárnoslo.