Reseña de la "realidad" detrás de Cosmopolitan

Nunca me harán decir “So Cosmo!”
Author:
Publish date:
so cosmo

Todas nos hemos enfrentado al placer de leer la revista Cosmopolitan mientras esperamos a que nos atiendan en la peluquería. Está ahí como una de las mejores opciones para el público femenino en cuanto a lectura chismosa y con alta dosis de feromonas entre sus páginas.

De hecho, está categorizada como la lectura predilecta de las mujeres jóvenes en el mundo si hablamos de revistas. Pues Cosmopolitan tiene 64 versiones internacionales, es publicada en 35 idiomas, vendida en más de 100 países y con más de 3 millones de suscriptores.

Su fama no viene precisamente por curiosas en la peluquería, sino de una línea editorial atrevida que se lanzó a portadas exhibicionistas y a temas sexuales de los que nadie se atrevía a hablar, en especial en los 60.

Sin embargo, algo les habrá pasado por la cabeza que confundieron atrevido con chisme barato y ligeramente ordinario.

Desde febrero de este año se ha transmitido un reality show por el canal E! que intentó plantarnos todo lo que ocurre detrás de la portada de una de las publicaciones más famosas del mundo. El programa se llamó So Cosmo y tiene apenas una temporada con 8 episodios.

Fue algo así como un intento desesperado de “So fetch” de Mean Girls, pero sin tanto éxito.

Cabe destacar que cuando me fue prácticamente impuesta esta asignación por todo el equipo de escritoras de TheA, me advirtieron que sería exactamente el tipo de reality que cualquiera espera de E! Entertainment.

Pero yo me ilusioné, es decir, se trataba de un show sobre una revista que respeto mucho. Seguro trata sobre sus estrategias de publicidad, de ideas excepcionales para estar a la vanguardia en moda y del trabajo detrás de las portadas más famosas de la industria. Tenía fe en el programa.

Pero una vez más, pequé de inocente.

Yo diría que el programa es 10% trabajo de Cosmopolitan y 90% peleas y riñas personales que honestamente no me interesan del programa.

Exponen a todos los que trabajan directamente con la Editora en Jefe, Joanna Coles, y luego con (spoiler) su sustituta, Michele Promaulayko. Entre ellos destacan la Directora Ejecutiva de Belleza, los editores principales de Moda, la Coordinadora de Marca (Diandra Barnwell, a quien quise golpear más de una vez) y muchos más editores y contribuidores de la revista.

Pero mi decepción tomó lugar cuando en lugar de seguir hablando de su trabajo, empiezan con dramas personales y románticos casi sacados de Keeping up with the Kardashians. Lo que fue insoportable para mí de ver.

Entonces lo que hice para no quemarme las neuronas de tanto chisme que no me interesa fue apartar los ojos de la pantalla cada vez que decían “Oh my God, is she looking at my man?” o “I can’t believe she just say that to me”. Ustedes saben, lo típico de los reality shows en los que eventualmente te das cuenta que todos se odian detrás de cámaras, pero que mientras están juntos son #TeamGoals.

Lo que este programa intentó de forma desesperada es hacer que todo el mundo conociera lo glamuroso del trabajo Cosmo, cosa que solo se mostró en una pequeña parte entre todo el recurso chisme que quisieron utilizar para mantener a la gente interesada.

Si querían mostrarse como la publicación de mujeres jóvenes más exitosa del mundo, fallaron en banda. Pero si pretendieron mostrarse como un grupo activo a lanzarse a la fama por cualquier medio, mis felicitaciones. Se expusieron como una marca que busca atención a costa de lo pop, cosa que no me cuesta creer de Cosmopolitan.

Lamentablemente, el público al que conquistaron fue a esas curiosas de peluquería que solo buscan matar el rato sin tomarse las cosas en serio. Porque yo no lo hice, ni siquiera lo suficiente para ver los ocho capítulos completos. Y si ustedes lo hacen, mis respetos a su capacidad de ocio.

Por otra parte, claro que seguiré leyendo Cosmopolitan de vez en cuando, pero nunca conseguirán que diga So Cosmo! como si de algo glamuroso o femenino se tratara.

Aunque capaz las Kardashians sí lo hagan.