Pobre chama

Qué horrible es despertarte como si sintieras que te pasó un tractor por el cerebro luego de una noche de tomar como si hubieses estado buscando esterilizar con alcohol etílico todos tus órganos.

Peor es pensar que hiciste el ridículo frente a un gentío y saber que hasta dentro de un par de semanas (o hasta que alguien más vomite en la puerta del carro) tú serás la borracha del grupo.

Si no les ha sucedido, lamento tengan que iniciarse en este artículo con las crónicas de una tomadora de ron arrepentida. 

Aquí es donde entra Demi Lovato y su sobredosis la semana pasada. Ya sé, enorme salto de una ocasional borrachera al abuso de sustancias ilícitas, pero prometo tener un punto.

No comparto mucho el fanatismo por las celebridades al menos que tengas menos de 15 y sea por un artista de Disney Channel, sin embargo si eres de esas personas que tienen un usuario de Twitter al estilo @lovingmylovato, es totalmente aceptable, supongo. Y aunque lo que voy a decir va a parecer como si esa persona fuese yo o como si tuviera tatuado el logo de Camp Rock en el antebrazo, pues lo voy a decir igual: 

Qué chimbo estar en hueco al borde de la muerte por tener una adicción y además saber que todo el mundo se enteró. Seamos honestos, si una niña en Venezuela con limitado acceso al Internet y víctima de iguanas que se comen los cables que surten luz a su ciudad sabe de esto, todos saben.

Con 25 años fue admitida Demi Lovato a causa de una presunta sobredosis en Cedars-Sinai Medical Center en Los Ángeles. Aunque muchos dicen que la causa fue heroína, ninguna fuente oficial o cercana a la cantante lo ha confirmado. Lovato lleva años haciendo público su calvario a la sobriedad y la lucha contra la bipolaridad, justo cuando todos pensaban que llevaba tiempo limpia sucede esto y las redes sociales, naturalmente, explotaron. 

Si el trágame-tierra de mi domingo de resaca fue severo, no me imagino lo que se debe sentir ser ella.

Reflexionando sobre la fragilidad de la vida, el abuso de las drogas, los artistas jóvenes y la locura de la fama, era inevitable conspirar sobre el hecho de que Demi Lovato vaya a pelarse por un par de años la entrada al infame “Club de los 27”.

El terrorífico club mencionado hace referencia a una hipótesis conspirativa de la cultura Pop que une a grandes exponentes de la música que abandonados en el mundo de la fama y las drogas murieron a la temprana edad de 27 años.

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Por más que no creas en la suerte, el destino o las supersticiones, es realmente raro que seis genios de la música se hayan muerto a la misma edad y bajo circunstancias más o menos similares.

A medida que titulares falsos eran escupidos en Internet sobre el estado de Lovato, mi vago conocimiento sobre el Club de los 27 se quedó corto y mi espíritu fatalista se encendió para buscar información al respecto. 

Aquí es cuando me topo con el documental disponible en Netflix 27: Gone Too Soon de 2010, en el que aparentemente con el testimonio de personas del mundo de la música, se iba a profundizar sobre la caída y muerte de las personas que componen el club. Brian Jones de los Rolling Stones, Jimi Hendrix, Janis Joplin, Kurt Cobain y Amy Winehouse como sus principales socios. 

Recordaba también haberlo escuchado en la radio y catapultada por notas amarillistas de Lovato me senté a verlo. 

Y qué malo es.

Al sentarse a ver un documental, nosotros los mortales esperamos uno de dos resultados. El primero es aburrirnos ad infinitum y apagar la computadora. El otro es sentir que adquirimos un conocimiento astronómico que nos convirtió en seres más iluminados.

Esta vez no sucedió ninguno. Solo quedé decepcionada.

Explican muy, pero muy vagamente los caminos y circunstancias que llevaron a los artistas a las drogas, sobredosis y adicciones. Asumen que todos tuvieron traumas de la infancia, no hay consistencia en los tiempos dedicados a hablar de cada artista, entrevistan a personas en mi humilde opinión poco calificadas para el contenido y el peor pecado de todos es que siendo los seis integrantes del Club de los 27 eminencias de la música: ¡el soundtrack del documental es para ponerse en posición fetal y llorar! 

Te dan datos interesantes al estilo Wikipedia y alimentan esta teoría conspirativa con suposiciones sobre las vidas de los artistas solo para que encaje lo que dicen los entrevistados. Rasgo que se evidencia cuando asumen que todos los afectados sufrieron intensos traumas en la infancia. 

No profundiza en las carreras, no demuestra la relevancia de los exponentes y las tomas de apoyo dejan mucho que desear.

PERO...

La reflexión final es rescatable. El hecho de que los artistas son sensibles y frágiles en un mundo que lo que busca es beneficiarse de ellos, construye una bomba atómica que casi los obliga a abusar de las drogas. Peor es el hecho de que a sabiendas muy a menudo, las disqueras y sus allegados los abandonan por lo que terminan en circunstancias como las de Demi o muertos.

Aparentemente la fama es dura (y lo digo así porque mi fama inició y acabó el día que aparecí en Televen bailando mis gaitas colegiales) y el acceso a las drogas es tan fácil como querer una dona. Por eso estar siempre bajo la mira del mundo mientras sufres una adicción no debe ser cualquier paseo en la playa.

Perdí energía y tiempo de mi vida en el documental, pero sin duda cree empatía un poco con la situación de Demi (qué fuerte que acabo de escribir eso) y me libero un poco de la culpa autoinfligida de haber bebido un litro de ron la semana pasada.

Cada vez entiendo más a la Britney de 2007.