Decodificando el trap

Confesiones de una fanática del trap que se las tiraba de “snob musical”.
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El trap no es algo nuevo. Hace más de una década los raperos del sur de Estados Unidos consideraron prudente mezclar el hip hop con los beats de la música electrónica, y aunque el experimento funcionó mejor de lo que pensaban, Latinoamérica no estaba preparada para adoptar la fusión con los brazos abiertos. A pesar de los intentos de Arcángel y Randy, Yaga & Mackie y De La Ghetto, el género solo se mantuvo del otro lado del charco.

Sin embargo, en el 2015 el trap comenzó su carrera en ascenso a manos de artistas que solo habían hecho reggaetón hasta el momento. Con un ritmo más cálido y contenido lírico explícito, la variante electrónica se apegó más a una vertiente del reggaetón.

Tomando en cuenta que su mismo nombre proviene de los lugares conocidos por vender drogas ilegales en Estados Unidos, su lenguaje va por el mismo camino: drogas, sexo, alcohol, ego y violencia. Sus letras no dejan mucho a la imaginación; y aunque mi álter ego snob y lleno de conocimientos musicales a la altura de Richard Wagner e Ígor Stravinsky debería estar horrorizado por el abuso del lenguaje y la degradación de los principios musicales (sin mencionar mis ideales feministas que están en constante pelea con mi hipocresía), estaría mintiendo si digo que cuando el comienzo de la canción "Caile" suena un viernes por la noche no soy la primera en cantarlo a todo pulmón. 

Hay que admitirlo, el trap tiene un estilo lírico digno de apreciar.

Sí, hablan de tetas, “bichos” y nalgas. Se jactan de sus experiencias sexuales y su alto poder económico, pero una vez que dejamos atrás sus alusiones explícitas y decodificamos las letras de las canciones con un poquito más de paciencia de la necesaria, el trap puede abrirnos las puertas a una lista de metáforas, rimas consonantes, analogías, onomatopeyas eufemísticas, y recursos gramáticos que nunca pensamos que tendrían cabida en un género como este.

Créenos, por más de que nos sabemos las letras de Arcángel de memoria, también nos sentamos del otro de la mesa para criticar y juzgar al trap; solo que al final del día no podemos negar nuestra naturaleza latinoamericana y hacer oídos sordos al ritmo pegajoso. Al igual que nos ocurre con el reggeatón, está comprobado científicamente: nos sentimos atraídos a los bajos profundos y ritmos simples.

Si mis argumentos no han sido totalmente convincentes para ti, puedes darle play a piezas altamente poéticas y profundas como “Tu no vive así” o “Si tu novio te deja sola”; o solo remitirte a grandes pensamientos como “Hay un chorro de bobos que te tienen ganas, pero diles que tú eres del rey como Lana” (Bad Bunny, 2017) y “Le bajo al pozo como Poseidón” (Arcángel, 2016), que evidentemente es una hermosa y coherente referencia al sexo oral, y como con la personificación del Dios de la mitología griega le comunica a todos sus escuchas sus grandes habilidades sexuales. Senda lírica

Ya que aún mis colegas snobs y expertos musicales pueden tumbarme el argumento, les amplifico los ejemplos poéticos de nuestros filósofos del siglo XXI, para evidenciar la influencia histórica, cultural y altamente poética que tienen sus letras.

“Ya me acostumbré, a siempre ganar como el 23”

El trap toma como referencia a deportistas constantemente: “Que puedes ser Carter haciendo el three-sixty y te damos tapón”, “No he metido un gol y tengo cristianos orándole a Messi”, “Dando más palos que David Ortíz”, “Solo modelos, como Barea” y “Recuerda que Curry las mete hasta que LeBron lo gardea”.

Esta vez, aprovecha una figura retórica de pensamiento (el “23”) como una metáfora fina que compara a Bad Bunny y Arcángel con Michael Jordan, que era el número 23 durante su carrera en la NBA. Mediante sus afirmaciones, crean una analogía entre el éxito de Jordan como “el mejor jugador de baloncesto en la historia de la NBA” y sus estilos de vida, llenos de dinero y mujeres.

“Yo soy el cacique en tu propia aldea”

De igual manera, no dejan a un lado la relevancia histórica en sus letras. Con carácter netamente educativo, aprovechan que los taínos eran los habitantes precolombinos de Puerto Rico, su país de origen, y que los mandatarios superiores de la sociedad indígena boricua respondían al puesto de “caciques”. De esta manera, Bad Bunny, tras el contexto histórico, busca relacionarse con la figura de los líderes antiguos.

“Este bicho es tuyo te lo tengo en layaway

Además de rendirle homenaje a la multiculturalidad ofreciendo una fusión de idiomas en una misma canción, el cantante nos da una lección educativa en economía. La traducción de “Layaway” significa un pago a plazos. Es decir, un “layaway” es un acuerdo que se lleva a cabo por el vendedor para que “retenga” el artículo en cuestión hasta que el comprador salde todas las cuotas. En la canción podemos entender que el “bicho” está reservado para ella hasta nuevo aviso.

“Refuta mi tesis, cabrón y te vamos a dar catequesis”

Esta vez somos testigos de la influencia de la religión pragmática en el trap. En su pensamiento filosófico, Bad Bunny toma como referencia la catequesis, una clase de religión particular de los católicos, para explicar que quién esté en contra de él y niegue lo que dice, obtendrá una respuesta de proporciones bíblicas que le enseñará lo que sí está bien.

“Si mi cuarenta fuera Versace, en la cara te hacemos una medusa”

Además de tomar en cuenta los deportes, la religión y la historia, el trap dejó un espacio para la industria de la moda en sus líricas. En el ejemplo antes mencionado, Arcangel y Bad Bunny plantean el escenario de que si su pistola glock calibre .40 (la cuarenta) perteneciera a la casa de diseño Versace, sus balas plasmarían el logo del imperio en la cara de la víctima.

“Hoy de nuevo te voy a ver, estoy bien bellaco”

La jerga médica no está exenta del vocabulario de los cantantes de trap, pero ellos prefieren trasladarla a sus necesidades sexuales. Cuando el intérprete Bryant Myers nos relata cómo se siente al encontrarse con la dama, testifica un aumento de las hormonas de serotonina en él.

“Como en The Purge, esta noche yo te vo’a depurar”

Como si no fuera suficientemente obvio que los predicadores de este género poseen una amplia lista de conocimientos, se ponen en contacto con el entorno cultural y hacen referencia a su crítica cinematográfica; aprovechan el futuro distópico que plantea la serie de películas de acción y terror dirigida por James DeMonaco para llamar al acto sexual “una depuración”.

En fin, los grandes maestros de mi generación no pueden ponerse en duda. Ahora que mi confesión es pública y he aprendido a reconocer mis raíces, invito a todas las personas que como yo, ocultaban sus gustos musicales marginales por miedo al escarnio público. Créanme, vale la pena salir del clóset para poder cantar “Caviar” sin pena alguna.