Recibiendo el año de manera insólita

No hay otra manera de hacerlo
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Sabemos que el 31 de diciembre es muchísimo más que la transición de un año a otro. Significa nuevos comienzos, familia, amigos y por supuesto, una tremenda rumba. Todos sabemos que un Año Nuevo sin canciones de hora loca y champaña no es Año Nuevo.

Para conmemorar esta salida del 2016, hemos decidido recopilar los cuentos de los 31 más insólitos de todos.

Empecemos.

“Acampamos en Morrocoy y me eché mi primera pea (aka, estaba ebrio). Nos cayó un palo de agua, la lancha se desancló a la mitad de la noche, amanecí desnudo cubierto con una toalla y todas las carpas se inundaron. Fue épico”. - Rodrigo, 20.

“Estaba con un niño que me gustaba y a la mitad de una conversación vino su ex y nos preguntó cómo la estamos pasando, entonces decidí pararme e irme. Ahora creo que la ex fue un ángel disfrazado porque fui al baño y me encontré a mi amiga borracha” - Estefanía, 23.

“Estaba tomando champaña y luego vino un amigo y me ofreció guarapita… el resto es historia. Nunca mezclen champaña y guarapita” - Andreína, 22.

“Estábamos en Berlín y había una fiesta abierta en la Puerta de Brandenburgo. Como fuimos a cenar con mi familia primero, mi hermana y yo llegamos más tarde de lo que debíamos y las entradas se empezaron a cerrar, hasta que entre una entrada y otra había un hueco en la reja y nos metimos por ahí. Adentro habían discotecas en carpa, una rueda de la fortuna, y mucha, mucha birra”. - Federica, 18.

“Estaba en año nuevo en la playa, y a las 12 es costumbre lanzarse en la piscina. Llegó un punto en el que me quedé solo (estaba rascado) y había un tipo caminando alrededor le dije que se metiera. Pensé que iba cambiarse a un traje de baño pero se desvistió y se lanzó en boxers. Me contó que era tequilero y su novia lo había botado de su casa por borracho. No me recuerdo de su nombre, pero quedó en mis recuerdos” - Daniel, 20.

“El año nuevo chino coincidió con mi cumpleaños y salí con unos amigos a rumbear. Como no habían taxis, estábamos esperando en la calle y se paró una Hummer limusina en frente de nosotros y nos montamos. Era una locura adentro, y nos terminamos bajando en una discoteca en la que habían tanques de tiburones en las paredes. Épico”. - Carlos, 23.

"Todos los años siempre viajo al exterior para visitar a mi familia. Era una costumbre hasta hace poco. Algo que siempre me sorprendió es que desde pequeños en este país se acostumbra los 31 a despedirse temprano de los papás y luego irse con los amigos por ahí. Todos los años nos íbamos a una residencia en una playa con unas casotas enormes. Una vez que fui, mi prima me dio una sorpresa. Iría a una fiesta con su novio, dejándome a mi sola. Gracias a Dios hice amigos con los años de ir para allá y caminé hasta una reunión por fin de año. Conocía a bastante gente y estaban sus amigas también así que, ¿que podía salir mal? Nos pusimos a jugar un juego para tomar (nunca falta) en un barco que ya ni me acuerdo. Claramente como no soy de allá y nunca antes había jugado, perdí varias veces y fui obligada a tomar shots de vodka. A las horas ya estaba borracha gritando como loca y abrazando a todo el mundo (sí, soy la borracha alegre). Ya casi las 12 fuimos a ver los fuegos artificiales, gracias a Dios estábamos en la arena porque todo me daba vueltas y vomité al frente de todo el mundo (y habían niños lindos). Trágame tierra, ni siquiera sé a que hora me regresé, si me regresé acompañada o no. Solo se que fui la última en llegar a la casa. Al día siguiente mi dolor de cabeza era brutal pero al menos la pasé increíble en el exterior con amigos y baile bastante. Ahora soy inmune al vodka y lo tomo como agua." - Lucía, 20.

“Estaba en una fiesta en la playa celebrando el Año Nuevo. Mi familia y yo ya teníamos mucho más que un trago demás y no parábamos de bailar bajo la lluvia. De repente, mi hermana (la única que no estaba ebria) fue a recolectar a mis primos, tíos y demás hermanos a la fiesta, pero ninguno se quería ir. Total que decidí que la mejor manera de escapar de ella sería alejarme de la fiesta por unos minutos y luego regresar. Busqué a un amigo, lo besé con la excusa de que era Año Nuevo y nos fuimos a 'conversar'. Lo próximo que recuerdo es yo levantándome en una silla de playa con ganas de vomitar. Mi amigo trataba de ayudarme, pero yo de la pena (y pea) corrí sin decirle nada a mi casa. El día siguiente me levanté con la peor resaca de mi vida, una rodilla ensangrentada y un castigo por llegar a mi casa a las 7 de la mañana. Hasta el día de hoy agradezco a mi amigo que me abrazó el día después y me dijo que me olvidara de todo, será por siempre mi New Year's Kiss más divertido.” - María, 21.