Cómo el culto hacia los hijos de las celebridades se nos salió de las manos

Porque no nos conformamos con las celebridades nada más.
Author:
Publish date:
culto_al_hijo-01

En el 2017, es casi imposible escapar de la cultura que rodea la fama y celebridad. Están en todos lados y los seguimos a todos lados.

Por supuesto, como todo en lo que nos gusta ser extremistas, nuestra fascinación por las celebridades, nuevas it-girls, niñas de Instagram y modelos, nos está diciendo algo sobre nosotros mismos y nuestro pasado.

El “culto a las celebridades” no es un término post-Kardashians. Más bien, sus inicios son cercanos a la Edad de Piedra. En las sociedades primitivas, había personas que ya sea por su aspecto, posesiones, habilidades o capacidades sexuales, eran idolatradas por la gran mayoría.

Fueron garabateados en las pinturas rupestres de las paredes, proyectados como el “deber ser” por su perfección y elevados a pedestales idílicos para que todos los amaran y adoraran, así como las niñas de 12 años veneran a Santa Kylie Jenner hoy en día.

Y estos casos se repiten a través de la historia. La religión nos dio santos y dioses, por los cuales las personas viajan a los rincones más alejados del mundo para adorar la tierra por la que caminaron, literalmente. O los que impulsan promesas extremas aun en nuestros tiempos.

Por supuesto, no queremos decir que las celebridades son dioses, sino que es lo más cercano a una analogía que podemos encontrar en el mundo en el que vivimos. En el que los paparazzis siguen existiendo y un nuevo reality show sale cada semana.

Incluso, en la mitología griega, los más hermosos y agraciados eran los modelos y figuras a seguir de la sociedad. Pheme era uno de ellos, la personificación de la fama, que se guiaba por rumores escandalosos.

¿Suena familiar?

Hoy en día Kylie es el modelo a seguir de las niñitas, los artistas se mueven con los rumores, los paparazzis nos dejan saber qué almorzó Justin Bieber, existen millones de páginas de chismes con teorías conspirativas de Miley Cyrus e Instragam nos permite obsesionarnos con todo lo Maluma hace.

Algo parecido a la obsesión que tenían nuestros ancestros, solo que llevada a otro nivel, un poco menos sano que dibujar sus cuerpos de palito en la pared de la cueva.

Ya las celebridades no están atadas a representar una creencia, o una manera de vivir, sino que se asemejan a un producto tangible y comercial que lo personifica. Ahora no nos basta con los artistas, actrices y cantantes, que de una u otra forma llegan a la vida pública por decisión propia, también queremos venerar a sus hijos; hacerlos famosos porque sí.

La revista People pagó catorce millones de dólares para publicar las primeras fotografías de los gemelos de Angelina Jolie y Brad Pitt, casi que nosotros nos enteramos primero que Kanye del nombre de su hija con Kim y el embarazo de Beyoncé se hizo viral en segundos, convirtiéndose en la foto con más likes en la historia de Instagram.

Y mientras que la descendencia monárquica siempre ha estado sometida a la fascinación pública, la obsesión actual con los hijos de las celebridades, aparte de no ser sana, parece directamente proporcional al crecimiento de las redes sociales.

“Toda la cuestión de la libertad de expresión es algo fantástico; pero no creo que nuestros Padres Fundadores previeran la existencia de las redes sociales cuando crearon todas esas enmiendas y demás” - Paris Jackson, hija de Michael Jackson. 

De nuevo, ya no los retratamos en rocas, sino que seguimos minuciosamente sus vidas solo porque la conexión a Internet nos lo permite. Así como venerábamos a los griegos por ser bellos, ahora veneramos a los descendientes de famosos por un apellido (y porque la mayoría del tiempo también son bellos).

Pero quizás la clave y razón detrás de la intensidad del fanatismo, tiene mucha más relación con el auge de las redes. Will Smith, que ha protagonizado una larga lista de películas y es un ícono de Hollywood, solo tiene 943 mil seguidores en Instagram, mientras que Jaden, su hijo, que solo ha incursionado en el mundo de la actuación un par de veces sin mucho interés por el éxito multitudinario, tiene 6.3 millones de seguidores.

Guiándonos por las redes, los hijos de las celebridades son hasta más famosos que ellos, pero ¿son figuras públicas?

Dándose cuenta de que la única forma que tenían de representarse realmente eran las redes sociales, los hijos de las celebridades las aprovecharon para moldear sus identidades públicas bajo sus propios términos, posicionándose conscientemente como figuras públicas desde un principio.

“Crecí con el circo mediático. Mis padres tomaban con mucha calma el asunto de los fotógrafos, los fans y todo eso, y yo de inmediato comprendí que no había hecho nada para merecer esa atención. No importa lo que pase, ahí estará” - Lily-Rose Depp, hija de Johnny Depp y Vanessa Paradis.

Quiéranlo o no, el único camino que encontraron para manejar las circunstancias y el mundo en el que nacieron, fue controlando su imagen a través de las redes sociales. Lily-Rose Depp, Jaden y Willow Smith, Sofia Richie, Paris Jackson, Brooklyn Beckham, Liv Moore y Lola León son un ejemplo de ello.

Como explicó Dax Shephard cuando las fotos de su hija se publicaron en una revista sin su consentimiento, las personas piensan que las redes muchas veces son un acto de autopromoción, intentos para llamar la atención, pero en realidad, la mayoría de las veces son intentos de controlar de manera segura la propagación de su información privada.

Y es así, como nuestro largo historial venerando a las personas hermosas, con carácter y posesiones llamativas llevó a los niños que nacieron en un circo mediático a protagonizar nuestros altares al estilo 2017 gracias a las redes sociales.

Cómo cambian los tiempos.