Crónica del Bautizo de Trippy Caribbean - The Amaranta

Crónica de una fanática de Rawayana en la Francisco de Miranda #YoEstuveAhí

Gracias por unir a mi ciudad.
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“Marica, Rawayana viene”.

Las 3 palabras exactas que me harían saltar de la emoción en cualquier otro momento no me sorprendieron en ese instante. “¿Qué, a visitar a sus familias de Navidad?”, le respondí.

“No, no. Viene, VIENE”.

Ahora sí fue momento de saltar de emoción, empecé a averiguar cómo, cuándo y dónde para empezar a pedirle permiso a mi mamá desde ese instante, pero la banda no revelaba mucho, hasta que un día, después de instalar las notificaciones de Instagram a sus publicaciones, recibí la foto del evento para el bautizo de Trippy Caribbean en la avenida Francisco de Miranda.

Gratis. En Caracas. Rawayana.

No podía ser mejor.

Me resistí a todos los comentarios de mi mamá en cuanto a la cantidad de gente, la seguridad, el transporte, etc. y me busqué un grupo de gente aptos para lo que traía la tarde.

Nos concentramos en una casa, éramos 12. En un carro. Una minivan para ser más exactos.

Sí, no es el transporte más cool, pero cuando van 12 personas en un sólo vehículo se pierde la necesidad por lo “cool”.

Estacionamos el carro y empezamos a caminar hacia la entrada. Ya se veía gente dirigiéndose hacia el concierto y se escuchaba Akapellah tocar desde lejos. Apretamos el paso mientras hablábamos sobre el disco, la banda, y cualquier otra cosa para pasar el rato.

“Abeja está demasiado bueno, man”, dijo una amiga a mi derecha y asentí. Abeja está divino.

“Uff, ¿y Beto?”, dijo la otra. Asentí también.

“Yo a Fofo le meto”, dijo nuestro amigo gay, y todas estuvimos de acuerdo.

“Tony es demasiado bello”, dijo una amiga y me paré. “Está casado, respeta”, le dije y me contestó: "Lucky bitch".

Al llegar, nos hicieron el típico toqueteo de seguridad, y empezamos a acercarnos a la tarima. Se veía el volumen de gente que iba a atender el concierto desde ya.

Luego de Akapellah, vino el set de Apache, quién rapeó, hizo su oda a Las Minas y nos inyectó un montón de energía típico de sus presentaciones.

Estuvo increíble, fue el abreboca perfecto para Rawayana.

Después del “Warm Up Rawayana Selection”, la gente empezaba a multiplicarse y amontonarse, y la Francisco se volvió chiquita.

Al salir Rawayana, grité de emoción. La última vez que los había visto en vivo fue en 2012. Inmediatamente tuve un flashback de la primera vez que los vi. Me asombré de su crecimiento increíble en un tiempo tan corto.

“¿Dónde está mi ciudad, carajo?”, dijo Beto en el medio de Funky Fiesta y vi como todo el mundo empezó a gritar.

“Aquí estamos”, le dijo toda Caracas entre alaridos y manos al aire.

Tocaron canciones de Licencia para ser libre, RawayanaLand y obviamente Trippy Caribbean.

La distancia de la tarima se carcomía mi emoción y convencí al grupo de movernos más adelante, entre la movida vi a todo tipo de gente, de todos lados de Caracas. Vi jóvenes, padres con sus hijos y hasta cuarentones solteros intentando aprenderse el baile de “Ay, ay, ay”.

No podía parar de sonreír.

“Gracias por unir a mi ciudad”, les quise decir.

Cuando cantaron Entre Tus Sábanas, todas las mujeres del grupo nos vimos de manera extraña. La canción es brutal, y oír a Beto cantar: “Quiero seguirte galopando” te hace sentir cosas de tal magnitud que cualquier reggaetonero no logra.

En un momento Beto habló sobre cómo hoy, en una sola calle, no había divisiones. Hoy no se trataría de política, sino de escuchar buena música y pasarla increíble.

Gracias por querer devolverle la cultura a mi ciudad.

Después, dijo algo sobre cómo vivíamos tiempos de inseguridad como preámbulo para “Si lo compro” de RawayanaLand. Seguido, cantaron “La Pistola” y sentí el mismo mensaje.

La protestante en mí tuvo su momento catártico de cantar a todo pulmón estas canciones, y luego Tucacas, y todo el mundo pasó un buen rato.

“Esto ya se está acabando, muchachos”, dijo Beto y todo el mundo gritó que NO.

Cerraron con Algo Distinto y casi se me salen las lágrimas de la emoción, pero recuperé mi compostura cuando le enseñamos a un grupo de adultos al lado de nosotros cómo usar Snapchat y los pasito de baile de High.

Al final, la banda agradeció a todos por haber asistido, pero es realmente yo quien debería estar agradeciéndoles por haber bautizado este álbum increíble en mi (nuestra) ciudad, haberme dado una noche increíble (al aire libre sin ningún miedo), y haberme despedido con canciones como Arenita Playita.

Son excelentes, y de nuevo: Gracias por recordarme que mi ciudad y mi país son capaces de cosas increíbles.