Le darán su Oscar solo porque sí.

Siempre voy a recordar el 2016 como el año en el que una campaña de PR le consiguió un Oscar a Leonardo DiCaprio gracias a la única película por la que no lo merecía. Nadie estaba tan obsesionado con que Leo ganara cuando hizo papeles mucho mejores e impresionantes como en The Wolf of Wall Street o Django Unchained. Pero a todos les pareció una gran tragedia la posibilidad de no ganar en una película donde todo lo que hizo fue arrastrarse por la tierra durante 3 horas.

El año entero, todo el mundo y su abuela, hizo chistes con respecto a Leonardo DiCaprio y su lista interminable de nominaciones al Oscar. La gran tragedia de nuestros tiempos. El actor talentoso al que le habían robado su Oscar una y otra vez. Inconcebible. Excepto para los otros 9 actores igual de talentosos que han sido nominados más veces que Leonardo DiCaprio.

El tipo es un actor increíble, pero no ganó por una película en la que lo estuviese demostrando. La aAcademia se va más por ciertas narrativas predecibles: si te volviste feo o viejo para el rol tienes más chance, lo mismo si grabaste en condiciones “duras”, y ni hablar de figuras históricas. Si una película cumple con alguna de esas tres narrativas, su campaña de marketing pre Oscar está completa y no dejaremos de ver entrevistas hasta que todo el mundo esté convencido de que debe ganar. Amy Adams parece estar trabajando desde ya para ser la Leonardo DiCaprio de 2019.

Ha sido súper sutil hasta ahora, supongo que porque la película con la que va a hacer su campaña sale el año que viene. Además, Amy Adams no es exactamente recordable. O no tanto como para que todo el mundo la recuerde durante un año entero. Es completamente intercambiable con JoAnna Garcia e Isla Fisher. Tiene una de esas caras perfectamente neutras que no sabes si identificar con molestia o amabilidad. Parece tener 30 y 50 años simultáneamente, y su cabello es lo suficientemente rojo como para ser “pelirroja” pero también lo suficientemente rubio como para ser aburrida.

Tiene actuaciones que oscilan entre “buena” e “interesante”, pero nada “excelente”. Ha tenido papeles de esos tipo “ahhhh, sí… recuerdo haber visto eso”, y otros merecedores de un neutro “bien, por ti, Amy” como máximo. Por eso es tan raro cuando Vanity Fair habla de lo injusto que es que no haya sido nominada por Arrival. Y el perfil del New York Times en el que la periodista lucha contra la neutralidad de la esencia de Adams para hacerla parecer the “next big thing”. Aun así nada de eso es tan obvio como lo siguiente, el papel que aceptó Amy para su próxima película, la esposa de Dick Cheney. En otras palabras, está participando en una película en la que se volvió vieja y fea y que además, trata sobre una figura histórica. Las tres narrativas favoritas de la Academia. Está trabajando duro para lograrlo. I see you, Amy.