Ya sabemos por qué estás exhausta

Ya sabemos por qué estás exhausta

Apuesto a que no recuerdas el último sábado que no hiciste absolutamente nada, que estás haciendo un esfuerzo increíble en recuperarte de la última vez que comiste una caja entera de Flips viendo una serie, que tu día no fue interrumpido por mensajes disruptores y tareas pendientes.

Es más, apuesto a que la última vez que tuviste un rato libre pensaste en las tres tareas que tienes para la universidad, los cuatro parciales que tienes la semana que viene, que todavía no has visto Infinity War, que el agua la ponen a las 7:00 p.m., que quieres probar un lugar nuevo de fusión de comida japonesa y peruana, y que andas pensando en qué le vas a comprar a tu papá para el Día del Padre que no te deje sin dinero para unas «birras» el fin.

Si eres una de las pocas que sí gozó de un día así recientemente: ¡Felicitaciones! Has logrado de alguna manera sobrevivir a las exigencias de la generación agotada.

Hoy en día, la vida nos ha hecho pensar que tenemos que hacer todo. Y con “todo” me refiero a t-o-d-o, y estamos exhaustos. En esta generación todos tenemos que tener un trabajo, mantener un Instagram activo, hacer ejercicio por lo menos 3 veces a la semana, comer chia y leche de coco, vestirse bien, estar pendiente del Met Gala, saber qué pasa en Siria, desarrollar una opinión inteligente sobre el cambio climático, tener una vida social estable, salir a menudo, probar la comida de los lugares que se ponen de moda y muchísimas cosas más, mientras mantenemos las tareas convencionales como ser buena hija, ayudar en la casa, leer y sacar buenas notas.

Estoy exhausta de solo leer el párrafo anterior.

Quizás lo leíste y pensaste: Es que uno sí tiene que hacer todas esas cosas. Pero la realidad es que no.

Piénsalo así: ¿Por qué es necesario que después de 5 horas de clases, una reunión de trabajo y una salida con tus amigas llegues a tu casa y tu mamá te pida que la ayudes a lavar la ropa, le grites como una degenerada que estás exhausta y todavía tienes que estudiar para un exámen?

Sabemos que hoy en día el más quedado tiene un startup, o está vendiendo maquillaje importado por Instagram. Cualquiera hace spinning y yoga, come panquecas con harina de almendras, va a todos los restaurantes fit de la ciudad, y se metió en MUN. Si agregamos el factor competitividad, siempre va a haber alguien que haga más cosas, se levante más temprano, saque mejores notas y tenga más amigos.

Por esa misma razón pasamos a ser la generación agotada. Los millennials tomaban agua con infusión de limón y fresas, emprendían desde temprana edad y triunfaban en proyectos nuevos y distintos.

Muchas de las anteriores se siguen cumpliendo, pero ahorita los millennials idolatran el café, duermen 4 horas al día, y están agotados.

Déjame darte un consejito:

Antes la gente se sentaba 3 horas en la plaza a comerse un helado y hablar tonterías, se relajaba los sábados y sabía cuando era el momento para tomarse un whiskeycito. La clave: sabían decir que no.

Ahora, la proactividad y la productividad son los conceptos que han llevado al mundo a avances impresionantes. Según un estudio que presentó Forbes, el 70% de los millennials tienen herramientas y diplomas que las generaciones anteriores no tenían, alrededor del mundo los millennials están dando ayuda económica a familiares de otra generación mayor, y al estar más enterados de todo, se involucran más en los problemas sociales que vive el mundo hoy en día.

Paralelo a esto, varios estudios demuestran que las personas entre 18 y 33 están colmados de ansiedades, que se deriva del exceso de cansancio y cafeína, falta de sueño, e inseguridad laboral.

Entonces, no estamos hablando de decir que no sin una razón justificable, sino entendiendo que se pueden sujetar un número específico de trabajos, preocupaciones y obligaciones antes de volverse loco. Esto entendiendo que a lo que digamos que sí se alinee con nuestros objetivos y planes para el futuro.

A pesar de que se satanice a alguien que no haga más de lo que le es cómodo, es necesario aprender a decir “no puedo”, cuando sabes que no quieres perder más tiempo de tus sábados si quieres mantenerte cuerda, a decir “no tengo tiempo”, cuando ya tienes 6 materias que requieren de tu atención en la universidad, y: “Este fin tengo que comerme una caja de Flips viendo La Casa de Papel, porque sí”.

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