Posiblemente todos tus amigos tengan VPH y tú no lo sepas
VPH

Posiblemente todos tus amigos tengan VPH y tú no lo sepas

“Mi*rda, tengo una enfermedad de transmisión sexual. Creo que necesito ayuda”. Ese, definitivamente, no fue el mensaje que le envié a mi mamá ni a una amiga, ni a nadie, cuando salí del consultorio de la doctora, quien unos minutos antes me había dicho, en pocas palabras, que tenía una infección incurable y que debían ponerme ácido en la vulva para eliminar unas verrugas. 

Estaba enfrentando un problema que pensé que solo les ocurría a mujeres exuberantes pertenecientes al mundo pornográfico o a estrellas de rock americanas, pero esta vez lo estaba viviendo yo, alguien que solo había tenido una pareja sexual. No sabía qué hacer, a quién llamar ni cómo prepararme para lo que venía, estas no son las cosas que te enseñan en el colegio, ni en ningún otro lado.

El virus de papiloma humano (VPH), según la Organización Mundial de la Salud (OMS), es una de las enfermedades de transmisión sexual más comunes en el mundo. Es muy probable que si eres activo sexualmente, lo contraigas en algún punto, ya que se estima que el 90% de las personas serán infectadas a lo largo de su vida. Es decir, si vamos a las matemáticas y pensamos en diez de nuestros amigos cercanos, lo más probable es que 9 de ellos tengan VPH. Es hora de revelar algunos secretos, ¿no?

Una de las características más curiosas que tiene la enfermedad, según la OMS, es que es prácticamente asintomática, en especial para los hombres. Es más, ni siquiera hay pruebas de detección del virus para ellos, solo para mujeres. Por otro lado, lo más importante es que no tiene cura: o bien tienes el tipo de VPH que da cáncer o el que tu cuerpo elimina por su cuenta. Qué buena manera de vivir. 

Ali Wong, comediante americana, encuentra las palabras perfectas para definir la enfermedad: “El VPH es un fantasma que vive en los hombres y dice ‘¡Boo!’ en el cuerpo de las mujeres”. En su especial de Netflix, Baby Cobra, Wong habla sobre su VPH y dice que, prácticamente, deberías sentirte avergonzado si aún no has contraído la infección. Asimismo, en 2014, Amy Schumer, una de las mujeres más influyentes en la comedia, también habló con soltura sobre cómo contrajo el virus en la universidad… al igual que ustedes seguramente también lo hicieron y aún no lo saben.

Ali Wong VPH
Ali Wong en su especial de Netflix
Netflix

Ahora bien, si es tan común, ¿por qué nunca he escuchado a mis papás hablar sobre cómo contrajeron el virus en sus aventuras universitarias? ¿O por qué ninguno de mis amigos me ha comentado sobre su VPH? Antes de aquella infame ida al doctor, todo el conocimiento que tenía al respecto se basaba en las clases de salud sexual que me dieron en octavo grado, en las cuales, a partir de imágenes tan impresionantes como asquerosas, la profesora nos explicó que si éramos promiscuas, podíamos tener de un día para otro una medusa sangrante con prurito en lugar de una vulva.

Lo que quiero decir con esto es que las enfermedades de transmisión sexual se han satanizado de tal manera que es prácticamente imposible pensar que una persona “real” pueda contraer una, aun cuando esto no podría estar más alejado de la realidad. Es por esa razón que a temprana edad, sin recibir el apoyo de nadie y sintiéndome sumamente desorientada, pasé por este proceso sin poder entender cómo esto me había ocurrido a mí.

Me enfrenté a este problema completamente sola cuando recién había cumplido la mayoría de edad. A los 18, empecé a sentir una comezón desesperante en mis genitales, manchaba constantemente mi ropa interior y emanaba un olor “diferente”. Lo dejé pasar, me automediqué y pretendí que todo estaba bien por aproximadamente dos meses. Hasta que los vi: unos pequeños bultos carnosos de dos milímetros en las comisuras de mis labios mayores. Fue entonces cuando entendí que, claramente, las cosas no estaban bien, así que entré en Wikipedia y aclaré mi panorama: iba a morir.

“Tienes VPH, princesa”, dijo la ginecóloga. No estaba muriendo ni iba a perder mi útero, ya que las verrugas genitales son causadas por el tipo de virus de papiloma humano que no provoca cáncer, es decir, son inofensivas. Aunque esta era una buena noticia, realmente no me sentí tan afortunada: igual tengo una enfermedad incurable y cuando me enteré de eso, sentí que el mundo se me venía encima. Para mi suerte, la doctora fue muy amable, me hizo varias preguntas y procedió a quitarme las pequeñas verrugas con un ácido mientras yo intentaba no colapsar de dolor. Salí del consultorio, me monté en mi carro y lloré. 

Además, me mandaron un examen extra: tenía que hacerme una prueba de sangre para confirmar que no tuviese clamidia también, todo por no haber usado condón una sola vez. Esos días consistieron en ir al médico constantemente y comprar medicinas, y aunque el proceso no duró mucho tiempo, nunca dejé de sentirme confundida o de tener miedo. Adicionalmente, como si el proceso no fuese lo suficientemente complejo, tenía que hacerlo todo escondida, pues mi mamá no podía enterarse.

“Si hubiese una enfermedad sexista, esta sería el VPH”, dice Ali Wong. Como mujeres, nos vemos demasiado expuestas a infecciones genitales y urinarias, además de millones de incomodidades más. Entonces, ¿por qué no tenemos referentes reales de que todas estas cosas que pueden sucederles a nuestros cuerpos son completamente normales?

Los chistes sobre el VPH en realidad son importantes, pues escuchar a una comediante decir que lo que me pasaba era completamente normal fue algo sumamente gratificante en mi caso. Necesitamos que más mujeres hablen y nos ayuden a saber más sobre nuestros cuerpos para poder entendernos. Desde pequeñas, las niñas deben saber que sus genitales están expuestos a millones de problemas y tienen que comprender, por un lado, que contraer enfermedades de transmisión sexual es normal, y por otro, que deben cuidarse, por lo que es necesario que haya información suficiente para que sepan cómo hacerlo. 

Han pasado 4 años desde que afronté esta situación. Desde entonces, he logrado hablar más al respecto, se lo conté a mis amigas y a mi pareja, he investigado mucho sobre el tema y, lo más importante, logré volver a sentirme cómoda con mi cuerpo. Realmente es un proceso difícil, pero juntar las piezas y entender que es una realidad completamente normal, me ha ayudado mucho.  

Ahora, más allá de luchar por que la educación sexual haga unos cambios necesarios, como mujeres, además, tenemos que confiar una en la otra, así que empezaré yo y, como amiga, te diré: tienes que comenzar a cuidar tu cuerpo, a hablar con tus padres y a apoyar a tus compañeras mientras que tú también te apoyas de ellas. No vivimos en una época en la que juzgar a otros sea válido ni tampoco debemos satanizar el sexo. Ninguna mujer debería atravesar este proceso sola. 

A tu alrededor debe haber un montón de personas en la misma situación: mujeres con comezón y hombres con un prurito sospechoso, todos rehusándose a ir al médico por miedo al qué dirán. Debemos luchar por atrevernos a hablar más y dejar de tener prejuicios sobre conductas y reacciones normales. Somos jóvenes, tenemos que arriesgarnos a cambiar el pasado. Y lo más importante: debemos recordar que “sin gorrito no hay fiesta, compañero”.

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