Vivir en Venezuela: el duelo constante

Vivir en Venezuela: el duelo constante

Normalmente me cuesta darme cuenta de las cosas. Puedo estar rodeada de gente vestida de látex de pies a cabeza y no darme cuenta que estoy en un dungeon de sadomasoquistas. No me di cuenta cuando Venezuela cayó en un carpe diem maldito.

Necesité meses de pequeños comentarios casuales a cada sitio al que fui para pensar que tal vez Cabrujas tenía razón cuando decía que la identidad del venezolano está basada en la transitoriedad. La cuestión es que cuando Cabrujas lo vio, parecía ser más una cuestión introspectiva. Ahora es nuestro estilo de vida y el fundamento de cualquier relación interpersonal.

Apenas empecé a verlo en cada interacción enlisté a Luis porque nos conocemos desde hace 10 años y sé que con él puedo hablar de hipótesis no terminadas… y además tiene el plus de ser psicólogo. A continuación la transcripción de mis balbuceos y su opinión profesional al respecto.

(Entrevista editada para mejorar la comprensión y longitud).

Hace poco una compañera de trabajo y yo hacíamos bonding cuando mencionó “uno ahora tiene que preguntar cuándo se va el otro del país para decidir si vale la pena invertir emocionalmente o no”. Me pareció demencial que ahora la inversión emocional sea algo tan cuantitativo. Es como la transitoriedad constante extrapolada a las relaciones interpersonales

En relación a ese tema, el venezolano está horriblemente sumido en un tema de incertidumbre que va de la mano a la transitoriedad.

En un país de condiciones normales uno espera que cuando haya cierta estabilidad, la gente tenga la oportunidad de planificar a futuro en base a esto. Que puedas planificar no solamente tus relaciones sociales, sino tu vida, y tu trabajo. En “tantos días puedo hacer esto”. “En tantos años puedo hacer esto”. En Venezuela, no tenemos esa oportunidad.

En el instante en el que tú te decides hacer un plan de ese tipo te das cuenta que no aplica porque hay muchísimas variables que están en constante cambio y además tienes el problema económico -lo que hoy te cuesta X, no va a costar lo mismo mañana-.

El venezolano no está planeando a meses ni años sino de día a día, y sí, esto afecta las relaciones sociales. Aunque no tanto a nivel del venezolano general, parece ser un fenómeno más relacionado a los jóvenes.

Todo este contexto hace que todos hayamos pasado por una cantidad de duelos impresionantes. Lo común es que tú inviertas emocionalmente en una persona, lo conozcas y termine siendo tu pareja o tu amigo, pero luego te informan que se van y entras en duelo. Son duelos que no se pueden cerrar porque esa gente no desapareció, no es que murieron o que ya no podrás comunicarte, sino que simplemente no está aquí porque estaban obligados a irse. El estar constantemente enfrentando un duelo hace que los jóvenes empiecen a protegerse ante esta situación y ante un posible duelo. Entonces lo común se vuelve preguntar “¿tú te vas del país?” para poder decidir no involucrarse tanto y no tener que pasar un mal rato de nuevo.

Está el otro caso que es el de sentirse despechado por el país. Bianca, una ex compañera me contaba que sentía exactamente eso, que además de que todo el mundo se fue, ella sentía que la habían mudado. El país la dejó.

Claro, aquí entra de nuevo la planificación. Ella probablemente tenía un plan, tenía una idea de qué iba a hacer a esta edad. La situación general -política, económica, social- se encargó de destruir por completo eso y sin darle opción. Eso lo que hace es quitarte el poder de control, y el ser humano está constantemente buscando tener control y poder decisión, el poder decir “si yo tomo esta opción, tendré estas consecuencias”, por eso la planificación es tan importante.

Tienes agencia

Exacto. Ella no tiene, se siente en completo descontrol. No solamente tiene el duelo del abandono y del país, sino que además siente que no pudo haber evitado nada de eso, que es algo que le correspondía. Algo así como “el destino”.

Sí estaba involucrada emocionalmente con el país, con el pedazo de tierra, tiene líbido hacia el país, y de repente en lo que ella gastó líbido desapareció y se fue. Es el duelo clásico. Porque el objeto de su líbido se fue. Aunque el país sigue ahí, la imagen idealizada que ella tenía ya no está. Por eso no se cierra el duelo.

Es como cuando vas creciendo y te das cuenta que tus papás no son superhéroes.

Claro, pero eso es un duelo natural: creas la idealización, y luego la tumbas para volverlos un poco más humanos. La diferencia con el país es que muchos no lo teníamos idealizados, eso lo hace más grave.

Va más allá, porque en este caso no es solo que tus papás no eran quienes creías que eran, es que tu existencia completa no es la que tú creías que era. Te pega desde la base. Tú tenías un plan. Hace diez años podías pensar “ok, tenemos un tema político pero se puede solucionar” y de repente te das cuenta de que no, pasaron diez años y nada se cumplió.

Nada depende de ti, te sientes como que estás siendo llevado hacia la tragedia.

Exacto, estás siendo arrastrado. No está en tu control. Creo que eso es lo más desesperante. De paso, aún cuando te arrastra, no está bajo tu control, y que tienes todos los duelos encima, resulta que tampoco tienes certeza de a donde estás yendo. Todo tiene una falta de certeza lo que además no te permite crearte expectativas. No puedes planificar ni siquiera cómo vas a afrontar el futuro porque no tienes idea de a dónde va.

Pero eso es parte de la esperanza a la que se está creando a la gente. Porque si lo piensas siendo realista “¿a dónde vamos?” la respuesta es que al status quo, vamos a estar cada vez peor y todo va a ser un desastre. Mientras nos aferremos a la idea de que vamos a salir, vamos a seguir decepcionándonos.

Exacto, pero ¿a qué otra cosa te vas a aferrar? Está la opción de irse, y ok, elige eso, pero te toca la misma incertidumbre. Empiezas a preguntarte “¿me voy a poder ir? ¿qué me voy a llevar? ¿qué estoy abandonando?”, son un montón de preguntas y un montón de carga emocional que no van a ser contestadas hasta que estés en el otro lado.

¿Te parece que es un ciclo que se cierra?

El instante en el que tú te vas del país, siempre y cuando no tengas una inversión emocional como la que ya muchísimos tienen aquí, eventualmente eso sí se va a cerrar. Porque puedes pasar por tu proceso de duelo normal: niegas tu situación, luego negocias, entras en molestia, te deprimes, y luego aceptas y llegas a “esto es lo que me tenía que pasar”. Ese es el modelo Kübler-Ross del duelo, y puede pasar aún cuando sigan activos los vínculos emocionales.

La cuestión es que tienes que irte. Mientras estés sumido en esta situación constante de incertidumbre no puedes cerrar el duelo, las situaciones no te lo permiten. Cerrarlo sería aceptar que el país se murió y que no va a volver y eso significaría que no puedes hacer vida aquí. Mientras estás aquí no puedes vivir el duelo porque estás obligado a seguir viviendo, tienes que seguir trabajando.

Como un instinto de autopreservación, ¿no?

Correcto, esa es la otra situación del venezolano, no vive sino sobrevive. Por eso el tema de solucionar el día a día. La mayoría de la población, y lo he visto tanto en la práctica como en mi ámbito social, es que el venezolano vive el día a día literal. Compran la comida para un día, no para una semana porque no les alcanza o porque no consiguen.

Son demasiadas variables en tu contra con capacidad de cambiarte el resultado y que colaboran con la incertidumbre, que simplemente decides dejar de planificar.

Si lo extrapolas hacia las relaciones ¿puedes tener el mismo resultado? Como gente que quiere la gratificación inmediata y recibir respuestas demasiado rápido.

Claro, eso también es un caso de los jóvenes en general de Venezuela. Por la situación actual muchos jóvenes se sienten arrebatados de su juventud. Tenes personas de 22, 24 o 28, que parecen atrapados en la adolescencia eternamente. Uno esperaría que cumplan un ciclo, aunque eso no es algo fijo y vaya cada quien a su ritmo. El problema es que este ya no es el ritmo de uno, no puedes hacer lo que quieres. Como no has podido vivir tu vida de joven -sea lo que eso signifique para ti- te quedas estancado.

Los jóvenes siempre están en esta dualidad de lo que quieren hacer versus lo que deben hacer. Lo que llamamos madurez es lograr un equilibrio entre ambas cosas. Ese equilibrio no está ocurriendo porque lo que quieres hacer está siendo anulado completamente y aplastado por la sociedad en general. Como se niega el deseo constantemente y todo se vuelve un deber, el deseo explota.

Cuando tienes la oportunidad de satisfacer ese deseo, te lanzas con eso. Eso es un comportamiento que usualmente la sociedad consideraría inmadura, como casarte con alguien que acabas de conocer, o planear irte del país con una pareja con la que no tienes más que un par de meses. Eso también deriva en la fragilidad de las relaciones a futuro. Pero como te sientes atacado por el país te ves forzado a tomar esas decisiones porque son tu única escapatoria. Te sientes atacado hasta por tus familiares que te preguntan “mira y ¿cuándo te vas?”

Eso te iba a decir, hace rato que dejamos de preguntar “¿y los novios?” o “¿pa cuando los hijos?”, el rite of passage, hito del éxito o de demostrar madurez ya no es la escuela ni el trabajo, sino es cuándo te vas o a dónde.

No, no es cuánto estás ganando ni qué haces sino literal cuándo y a dónde te vas. Es porque es lo más relevante para la mayor parte de la sociedad. Es el rite of passage para la adultez. Eres adulto el día que te fuiste del país.

Retomando el punto que tenías hace rato, ¿tú crees que tener las expectativas tan bajas con respecto al país nos afecta al momento de buscar trabajo o con nosotros mismos?

Incluso hasta con las relaciones humanas. Primero tienes expectativas bajas porque tu día a día te ha bajado tu autoestima. No te sientes merecedor de buenas cosas. Baja tu autoestima y baja tu expectativa. En condiciones normales te ofrecen algo y tu piensas que o lo aceptas o buscas otra alternativa, al principio dices “yo merezco más” y buscas otro. En el próximo te ofrecen lo mismo o menos. Mientras más te tardes en ese proceso, menos ingresos percibes y volvemos al hecho de que estás planificando tu día a día y no te alcanza. Entonces empiezas a pensar que la primera oferta era lo más alto a lo que podías aspirar. Es un tema de ponerte un tope máximo.

También es una cuestión social porque puede que en realidad digas “yo puedo conseguir algo mejor”, pero tu familia te dirá “no, mejor tómalo, está muy bien”. Hay una presión social. Además está el tema de que tu dinero se devalúa para final de mes. Entonces te vas por lo que te ofrecen porque crees que no te mereces más.

Es como cuando tienes un novio que es un imbécil pero te quedas con él porque “tienes 30 y ya te tienes que casar”

Ese era el ejemplo al que iba. Muchos jóvenes se están conformando con el tipo que consiguen porque tiene pasaporte europeo, o porque se va del país y los puede sacar. Se conforman con un grandísimo patán pero “es lo mejor que pueden conseguir” porque se los va a llevar del país.

Si tuvieras que decirnos cómo reconocer toda esta situación ¿qué nos dirías?

Desesperanza aprendida. El venezolano siente que independientemente de lo que haga, no cambiará las cosas, entonces se resigna a su destino. El ciclo de supervivencia. Esto es lo más reconocible. Es algo que se ve cada vez más y se ha repetido en mis pacientes y los de mis colegas.

Otra síntoma que debemos reconocer es la ira. El venezolano tiene mucha rabia y no sabe a quién dirigirla. Está volátil y lo vemos por ejemplo en las protestas de hace poco, o en cualquier comentario en Facebook que termina en ataque. La ira además va atada a una depresión enorme. De hecho, la ira es el intento del ser humano por luchar contra sentirse triste.

El tercero, es el de la gente que se siente arrebatada de sus herramientas. No hacen nada porque sienten que ya no pueden hacer nada más que quejarse.

Y el último es el de la incertidumbre. El de las personas que no pueden planificar para mañana ni para la semana que viene.

¿Hay solución?

No vamos a negar el contexto. El contexto social es un factor que nos está hundiendo, es un agravante. Pero también hay una cuestión personal, y tenemos que darnos cuenta que todos tenemos herramientas para lidiar con esto. Tal vez muchas de tus herramientas no son útiles para tu situación, probablemente necesites nuevas que tienes que ir adquiriendo. Pero entiende que tienes que ir adaptándote para que las condiciones dejen de hacerte daño o para usarlas a tu favor.