Mis primeras vacaciones “independent”

Crecer y aprender cosas nuevas son elementos obligatorios en el desarrollo de una vida normal.

Digo crecer porque al menos que seas Benjamin Button, tu cuerpo irá desarrollándose con el tiempo inevitablemente. A lo largo del crecimiento descubrimos pelos, granos y excesos de grasa que evidentemente no estaban ahí desde el día uno.

Y nombro el aprendizaje, porque como diría mi mamá; “nadie nace aprendido” y tiene toda la razón. Desde lograr decir una palabra, a descifrar cómo carrizo se cambia un caucho. Todo, repito TODO en esta vida se aprende.

A la vez, esos aprendizajes y crecimientos tienen etapas. La edad en la que nos desarrollamos, la primera vez que nos dimos un beso, la llegada de las canas, la primera borrachera, el primer despecho por un novio, y así.

Ocurre también, que esas etapas están preestablecidas de cierta manera y con determinados parámetros. La edad para desarrollarse es entre los 11 y los 14 años y en la primera borrachera seguro le diste unos besos a varios niños y terminaste vomitando.

Pero viendo un poco el otro lado de la panqueca, están los casos donde lo común no es ley y nos toca ingeniar cómo resolver aquel meollo. Como cuando la primera cana nos sale a los 20 y no a los 40, o cuando el primer beso es más una lamida de cara que un acto romántico.

Hago esta larga y explícita introducción porque a mis cortos 20 años y realizando poco a poco las actividades de adulto que nos toca asumir, me fui de vacaciones con un grupo de amigas solas para la playa por primera vez. Sin papás, sin reglas y sin novios; solo con la responsabilidad moral de que “somos grandes y podemos irnos de viaje bajo nuestro propio riesgo”.

Como nombré antes, este fue uno de los casos donde lo preestablecido fue un poco distinto a lo que ocurrió. Para dar más detalle les explicaré la expectativa y lo que en realidad pasó de cada aspecto en un viaje de niñas solas para la playa.

Comprar pasajes, alquiler de casa y carro

Expectativa: “obviamente mi mamá terminará cuadrando todo con la señora de los pasajes, la del carro y la del apartamento; como ha sido siempre”.

Realidad: nos pusimos de acuerdo y una llamó a la agencia de viajes, otra con la señora del apartamento y otra con el carro; las mamás se enteraron solo y únicamente para pagar. (Claro que lo pagaron ellas, el nivel de independencia tampoco es tan grande)

Compra de comida

Expectativa: “seguro terminan haciendo un mercado de puras chucherías y comiendo la ‘dieta de las empanadas’ con pasta todos los días”.

Realidad: menú distinto de cena todas las noches hecho por nosotras. La dieta de las empanadas sí fue ley de almuerzo. Es obvio, son empanadas.

Cocina

Expectativa: “todo a la plancha, fresco y gourmet”.

Realidad: frito, con queso, pero divino.

Licor

Expectativa: “nos compramos la licorería completa y si sobra nos la traemos de regreso”.

Realidad: nos compramos la licorería completa y si sobra nos la traemos de regreso.

Limpieza

Expectativa: “las mujeres son desordenadísimas”.

Realidad: A las 6:00 a.m. y después de 3 botellas de ron nadie iba a ponerse a recoger el desastre de nosotras y los invitados. Al despertarnos a las 11:00a.m. después de desayunar y sintiendo el desorden a los alrededores, recogíamos y todo quedaba impecable.

Playa

Expectativa: “tomamos sol desde temprano todos los días”.

Realidad: bueno, si nos despertábamos a las 12:00p.m. con un ratón espectacular todos los días se podrán imaginar que tanto sol pudimos tomar.

Independencia

Expectativa: “seguro se la pasan llamando a sus mamás para pedirles plata o para preguntar cómo se cocina un arroz”.

Realidad: reportaje diario con los respectivos representantes, hasta el penúltimo día que algunas tuvimos que hacer una llamada técnica ya que la cifra en la cuenta bancaria no alcanzaba ni para la empanada en la playa.

Antes de realizar este viaje me lo imaginé de una manera completamente distinta, tenía en la cabeza la logística que ha estado siempre en mis viajes familiares; pero bueno, con cuatro personas de mi edad terminó siendo la antítesis de salir con mi familia.

Viajar solo por primera vez es una experiencia divertidísima, te sientes responsable de tí mismo y a la vez cómodo de poder hacer lo que quieras. No existe una guía explícita de cómo hacer un viaje con tus amigas, pero por lo que acabo de vivir, si tienes un buen grupo, estás al tanto de que tú respondes por tus actos y vas con la mejor actitud, prometo la pasarás de maravilla.

Yo regresé como con cuatro kilos de más y el hígado un poco atacado, pero de las cosas buenas y malas, no me arrepiento de nada.

Ya les contaré qué más me tocará aprender por primera vez. 

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