‘Tengo 24 años y nunca he ido al psicólogo’

Porque así como vamos al médico, tenemos que ir a terapia

Nos guste o no, hay ciertas profesiones que son únicas y esenciales en el mundo. Sin ser crueles ni despectivos, sacamos de ese lote a los influencers, las modelos, los publicistas, los diseñadores o cualquier trabajo del que no dependa la vida humana. Por esta razón, debemos —de manera criolla— picarle un pasticho a todos aquellos que por vocación decidieron dedicarse al cuidado y formación del ser humano, como es el caso de los médicos y psicológos.

Es por esto que desde muy pequeños le dedicamos cierto tiempo a este tipo de atenciones: al nacer recibimos rutinariamente una dosis de vacunas, nos formamos y educamos en el colegio, las mujeres desarrolladas vamos cada cierto tiempo al ginecólogo y todos de vez en cuando visitamos a nuestro psicólogo de confianza.

“Pero si yo tengo 24 años y nunca he ido al psicólogo” es lo que seguro está pasando por tu cabeza. Pues déjame decirte que, sin importar la edad que tengas, ir al psicólogo es tan necesario como ejercitarte.

Pero si no he pasado por ningún trauma ni tengo problemas graves.

Es que no necesariamente tienes que sufrir el divorcio de tus papás para desahogarte en una cita con un especialista. Así tengas una vida perfecta y normal, todos debemos pasar por algún tipo de terapia para entender cómo pensamos, nos comportamos y actuamos en nuestro día a día.

Según Patricia Tagliavia —directora de la organización Psicólogo sin Fronteras— aun si te encuentras en un estado de bienestar, recibir terapia es necesario para el crecimiento personal y te puede ayudar a evaluar cambios y adaptaciones en tu vida. Ahora, si no te encuentras en tu zona de confort, también pasa a ser en una necesidad porque en la mayoría de los casos la persona no tiene las herramientas para resolver esos problemas. La idea es desarrollar fortalezas, manejar las crisis, tomar decisiones y sobre todo lograr el respeto a la dignidad del ser humano.

Cuando estás bien, se trabajan aspectos estructurales o profundos de tu ser. En el caso contrario trabajamos los elementos de la crisis o la identificación de factores externos.

Patricia Tagliavia

Si no vas por algún inconveniente específico, es sentarse a hablar de tu día a día, de lo que te gusta o no y por qué, de lo que quisieras hacer y de cómo puedes llegar a hacerlo. Te sientes escuchada, razonas un poco más sobre tus pensamientos y te sientes en total libertad de hablar por horas ya que estás frente a una personas especializada y, bueno, le estás pagando por eso. Tanto así que una vez que se vuelve rutina, cuentas los días para llegar y admitirle a tu psicólogo la mala decisión que tomaste el fin de semana en una fiesta porque, más allá del consejo que pueda darte tu mejor amiga, estás recibiendo el razonamiento de un profesional.

Podemos concluir que, sin importar quién seas o el problema que tengas, todos necesitamos acudir a terapia. Es un respiro sumamente valioso de este mundo caótico, sobre todo si te consideras una mujer activa que está en mil cosas a la vez. Vas, conversas, te escuchan, te aconsejan, te hacen pensar y sales de allí con la tarea de ponerlo en práctica y, por ende, tomar mejores decisiones en tu vida.

Además, ¿a quién no le encantaría ser el centro de atención por lo menos una hora a la semana?

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