Seguramente has tenido disforia poscoital y no lo sabes

Seguramente has tenido disforia poscoital y no lo sabes

Todos sabemos cuál es el modo en que usualmente se representa el momento en que una pareja culmina un acto sexual. Los personajes caen agitados y sudados uno al lado del otro lado en la cama, brillan y sonríen como si acabaran de tener el mejor momento de sus vidas. Lo hemos visto en películas, series y hasta en las telenovelas. Sin embargo, sería insensato decir que en la vida real el sexo siempre termina de ese modo.

El coito es complicado. Puede llegar a ser asqueroso, desordenado, humillante y muy diferente a esas representaciones resplandecientes que observamos en nuestras pantallas. Por ejemplo, existen personas que después de tener un orgasmo no experimentan esa sensación de plenitud que con frecuencia aparece en la ficción, sino que terminan sintiéndose vacías, tristes y ansiosas, incluso cuando las relaciones sexuales fueron satisfactorias. 

Este fenómeno opuesto al brillo postsexo lleva por nombre tristeza o disforia poscoital, la cual normalmente ocurre después de la masturbación o las relaciones sexuales. Esta denominación se utiliza cuando no existe una razón clara para que se generen esas afecciones negativas y, por ende, el individuo no sabe cómo explicarles a otros lo que siente.

Los estudios sobre la disforia poscoital empezaron con un enfoque exclusivo en la población femenina debido a que se asumía que la experiencia sexual masculina siempre era satisfactoria. No obstante, en la actualidad, los investigadores se han enfocado en las vivencias tanto de hombres como mujeres para descifrar qué tan común es este fenómeno. 

Mad Men disforia poscoital
January Jones y Jon Hamm como como Betty y Donald Draper en Mad Men
AMC

En el 2015, Robert D. Schweitzer, Jessica O’Brien y Andrea Burri encuestaron a un grupo de mujeres heterosexuales en Australia y descubrieron que un 46% de ellas había experimentado disforia poscoital por lo menos una vez en su vida. Por otro lado, un estudio de 2018, realizado también por Schweitzer, demostró que un 41% de los hombres también ha sufrido de la tristeza postsexo. La única diferencia notable entre una investigación y la otra fue que mientras solamente un 5% de las mujeres afirmó haberla padecido varias veces en las últimas cuatro semanas antes de la encuesta, un 20% de los hombres la había sentido en ese mismo rango de tiempo.

Aunque mucho se ha indagado sobre qué tan común es la disforia poscoital, no se tiene mucho conocimiento sobre la razón exacta por la que esta se genera. Según un artículo de Víctor Daniel Gil Vera, no se puede confirmar que exista una causa específica para esta tristeza porque aún es un término subreconocido y sigue bajo investigación. Sin embargo, Jessa Zimmerman, terapeuta sexual y autora de Sex Without Stress, afirmó en una entrevista con la revista Insider que existen varias teorías sobre por qué ocurre este fenómeno.

Zimmerman afirma que se debe a un cambio hormonal que ocurre después del sexo. Durante el coito, los niveles de dopamina aumentan, lo cual hace que la sensación de intimidad sea más intensa. Por esto, cuando termina el acto sexual, la disminución de esta hormona y el aumento de los niveles de prolactina origina la disforia poscoital. “Otras personas piensan que la alta proximidad emocional que se da durante la fornicación puede resultar en una desilusión justo cuando el encuentro ha terminado”, agregó la terapeuta sexual.

También, la disforia poscoital puede estar ligada a vivencias individuales que no permiten que algunos sujetos estén del todo cómodos con la intimidad. Creencias internalizadas de que el sexo por placer es un pecado o alguna experiencia traumática ligada al coito también son capaces de detonar esta sensación de vacío en algunos sujetos. 

Al ser la disforia poscoital una reacción que no tiene mayor explicación, esta puede ser muy frustrante tanto para el que la sufre como para la pareja sexual de esta persona, por lo cual es probable que ninguna de las partes sepa lidiar con esta situación. Pero esto no quiere decir que juzgarse a uno mismo o dejar que otros lo hagan sea un modo sano de enfrentar esta situación. Las emociones no son algo que se pueda controlar con facilidad y en muchos momentos no sabemos cuál es la razón lógica detrás de ciertos sentimientos, por lo que no es correcto criticar que alguien sienta tristeza postsexo.

Lo que se debe hacer para afrontar este problema y lo que los expertos recomiendan es conversar. Una buena comunicación sexual funciona para que el sujeto con disforia poscoital sea capaz de explicarle a su pareja que tal vez no quiere ser tocado después del orgasmo, aun cuando no entiende la causa de esta reacción. Una explicación, posiblemente, ayude a que el otro busque un modo de ayudar o acepte las emociones de su compañero, intentando no molestarlo hasta que las cosas estén en orden.

Es probable que en algunos momentos ni una buena comunicación sexual sea suficiente para combatir la constancia de la disforia poscoital en una persona, por lo que los expertos recomiendan visitar a un terapeuta sexual o ir a un psicoanalista para ver si este sentimiento se debe a un problema más profundo y no a un simple cambio hormonal. 

El hecho es que sentirse mal después del coito es más común de lo que creemos. Quizás, en algunos momentos, sí nos toque vivir esa sensación placentera y feliz que vemos en películas o series, pero no por eso debemos juzgarnos cuando nos sentimos vacías después del acto sexual. Lo importante es saber que esa tristeza que acompaña al orgasmo existe y que debemos ser conscientes de que a cualquiera de nosotras le podría pasar. Es completamente normal y ni tú ni nadie debe juzgarte por experimentar la disforia poscoital.

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