No, no eres un fraude, tienes talento y mereces tu éxito
sindrome de impostor

No, no eres un fraude, tienes talento y mereces tu éxito

Eres la primera persona con la que hablas en la mañana. ¿Cómo te estás hablando? ¿Hablas mal de ti mismo contigo mismo o te celebras?

Cleo Wade. Heart Talk, 2018

¿Cuántas veces has sentido que no estás a la altura de tus logros profesionales? ¿Que fuiste la persona que se coló entre un montón de gente talentosa y que solo es cuestión de tiempo antes de que descubran que eres un fraude? Todos somos falibles, pero también somos capaces. Comparar la apariencia exitosa de otros con nuestra sensación interna de fracaso, además de generarnos ansiedad, hace que tengamos una visión miope e injusta de nosotros mismos, que nos sintamos incapaces de llenar nuestras propias expectativas y que nuestro diálogo interno sea de lo más desalentador, saboteándonos en las tareas más simples. A esa sensación de insuficiencia, de no estar a la altura de nuestros logros, se le conoce como el síndrome del impostor y es más común de lo que crees. 

Aunque suena como el título de una película de Hitchcock, el síndrome del impostor es un fenómeno muy común actualmente y no debe confundirse con ser modestos o humildes en cuanto a nuestros logros. Tampoco se trata de una enfermedad mental, pero es un padecimiento lo suficientemente frecuente como para haber llamado la atención de las doctoras Pauline R. Clance y Suzanne A. Imes, quienes en 1978 publicaron su estudio titulado The Impostor Phenomenon in High Achieving Women: Dynamics and Therapeutic Intervention, en el que luego de analizar a 150 mujeres exitosas en sus distintas áreas de trabajo, determinaron que la mayoría no era capaz de reconocer que sus logros eran consecuencia de sus propias habilidades. Muchas le atribuyeron su éxito a la suerte o a que eran sobreestimadas por sus colegas de algún modo; se sentían, pues, como unas impostoras. 

Según Clance e Imes, esta mentalidad de fraude viene acompañada de síntomas como ansiedad, depresión y baja autoestima. Determinaron entonces que el síndrome implica una sensación de fracaso y un miedo constante a ser expuesto como un fraude ante los demás. Es más común en mujeres que en hombres y sus causas varían desde estereotipos de género, violencia o maltrato durante la infancia hasta dinámicas familiares en las que el/la hermano/a del paciente era considerado “el/la inteligente”, por lo que el sujeto pasa toda su vida comparándose y tratando de probar a su familia que también puede ser exitoso. 

Eres la única persona que realmente decide quién es. Pasamos gran parte de nuestras vidas esperando a que otros nos califiquen, nos den permiso de ser. Autorízate. Empodérate ya mismo; date tus propias credenciales, y sé tú el que determine quién quiere ser.

Cleo Wade. Heart Talk, 2018.

Este fenómeno es tan común que hasta personalidades famosas y reconocidas como Michelle Obama, Meryl Streep, Natalie Portman, Maya Angelou y Tom Hanks han admitido sentirse como un fraude a pesar de todos sus logros profesionales. De hecho, Angelou, luego de publicar su última obra, admitió: “He escrito once libros, pero cada vez pienso: ‘Oh, oh, ahora sí me van a descubrir’”; y es que de acuerdo con Lou Salomon, autora de Freeing Your Radical Hero: Fighting The Impostor Mindset, el síndrome del impostor es más común entre individuos dedicados a alguna actividad creativa, puesto que todo el tiempo están sujetos al juicio de los demás sobre su trabajo, lo cual afecta en gran medida su sensación de valía profesional. Este padecimiento no es una forma elegante de decir que se tiene la autoestima baja, puesto que esta última implica una sensación generalizada de poca confianza en todas las áreas de la vida, mientras que en el síndrome del impostor este miedo constante a ser descubierto como un fraude es exclusivo del desempeño profesional. 

Cuando reconocemos nuestro valor y lo expresamos a otros, podemos enseñarles a honrar aquello que traemos a la mesa.

Cleo Wade. Heart Talk, 2018

Según Lou Solomon, este diálogo interno que nos repite constantemente que no somos capaces y que en cualquier momento nos van a descubrir es como tener un amigo muy malo dentro de tu cabeza que te dice cosas terribles acerca de tu valor profesional, evidentemente quebrando tu autoconfianza. Una vez que aprendamos a diferenciar esa voz interna podremos hacer algo al respecto y mejorar el diálogo que tenemos con nosotros mismos, pues la forma en cómo nos hablamos, cómo manejamos el lenguaje interno, puede mejorar o perjudicar nuestra realidad. 

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Una manera de transformar este diálogo interno en uno que no nos haga sentir como impostores es, en primer lugar, reconociendo que no debemos creer todo lo que pensamos, que esa historia que nos contamos a nosotros mismos a veces está separada de los hechos y más cercana a traumas propios y a la poca confianza que nos tenemos. Otro paso importante es justamente reconocer que no somos perfectos, que tenemos derecho a sentirnos vulnerables, pues existe más coraje en ello que en reprimir las dudas acerca de nosotros mismos, por eso es importante hablarlo, para darnos cuenta de que no somos los únicos y que todos, absolutamente todos, desde el actor ganador del Óscar hasta el CEO más exitoso, en algún momento han dudado de sí mismos. Quizá el acto de amor más grande hacia nosotros sea hablarnos de una forma constructiva que nos haga sentir capaces y valiosos. 

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