Por qué la segunda vez que escuchamos una canción sí nos gusta

Por qué la segunda vez que escuchamos una canción sí nos gusta

La primera vez que escuchas una canción pueden ocurrir tres escenarios:

1. Te encanta y decides que la vas a escuchar tantas veces como sea necesario hasta odiarla.

2. Te gusta pero no será el soundtrack de tu vida.

3. Ugh.

Definitivamente el “amor a primera escuchada” no es algo fácil de encontrar, pero una vez que pasaste por tres minutos y medio de evaluación exhaustiva, las probabilidades de que la canción emigre de la lista de los “más nunca” a “voy a escucharla por el resto de mi vida” son más altas de lo que crees.

Sí, hay una ciencia detrás que justifica por qué la primera vez que escuchaste Súbeme la Radio no te pareció tan atractiva pero el viernes por la noche cantaste el coro como si fuese la pieza musical más ingeniosa del siglo XXI.

Desde el punto de vista psicológico, la razón por la que cuanto más escuchamos una canción más nos gusta se entiende como el “mere-exposure effect”. Este fenómeno establece que mientras más veces estés expuesto a algo, incluso si no te gusta, más te acostumbraras a él y lo apreciarás porque ahora es parte de un entorno predecible; por lo que tu gusto pasa a segundo plano y comienzas a adaptarte porque la canción se volvió estática y predecible. Así es cómo pasamos de odiar una canción a amarla en un periodo de dos horas.

Ya que nosotros tenemos una sensibilidad por las melodías pegadizas, este efecto también es una característica que usan en la industria de la música para hacer una canción más comercial y amistosa para la audiencia. La repetición es la que conecta las partes de la música, por lo que con un par de notas ya podamos identificar lo que vendrá después, e incluso inconscientemente seguir la melodía y formar expectativas.

Por lo cual, cuando la música nos da la oportunidad de “participar” reconociendo la canción y formando parte de ella como identificadores de lo que viene después en la melodía, podemos disfrutar más de la canción; que solo siendo oyentes pasivos (que es lo que ocurre cuando la escuchamos por primera vez).

En esta decisión también entra lo que conocemos como expectativas; la música genera expectativas y luego cumple con ellas o no, dependiendo del efecto que el compositor esté tratando de lograr. Aunque puede que en un principio tus expectativas no se cumplieran, las próximas veces sí sabrás lo que viene y aprenderás a disfrutar de los cambios sin que te sientas abrumado por ellos.

Esto ha derivado a que los científicos califiquen el gusto por la música como algo relativo, que si bien era considerado como una preferencia personal y subjetiva, cada vez se acerca más a una actitud que se adquiere y es guiada por la naturaleza del ser humano.

Por supuesto, siempre existen las excepciones que aunque estén en repeat por una semana completa no tienen ni la más mínima posibilidad de entrar en nuestra lista de favoritos (aun cuando no podemos evitar cantarlas de arriba para abajo)

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