Descifrando el Manual de Carreño

Es habitual escuchar que nuestras abuelas y madres se quejen constantemente de que vivimos en una sociedad sin moral ni modales.

Horrorizadas por los huecos de nuestros pantalones, nuestra falta de etiqueta a la hora de comer o las indecencias que escribimos en las redes sociales, las cabezas de nuestra familia han sugerido en más de una ocasión que lo que nos hace falta es una buena dosis del Manual de Carreño.

Dicho manual, para los que no lo conocen (o no los han amenazado con lanzárselo por usar el teléfono en la mesa) es un libro que expone con muchísimo detalle las normas de etiqueta que todo buen ciudadano responsable debe seguir. En pocas palabras, es una guía para que nunca en tu vida adoptes comportamientos decadentes que te hagan terminar en reality shows como Jersey Shore.

Manuel Antonio Carreño Muñoz, nacido en Caracas en 1812, es el galardonado autor del manual en cuestión. Según cuenta la contraportada del libro era un “elegante exponente de la sociedad criolla venezolana del siglo antepasado” y se cuenta que dedicó gran parte de su vida para concentrar en un solo tomo todas las cosas que la gente de sociedad debía saber sobre el buen comportamiento.

El Manual de Urbanidad y Buenas Costumbres se publicó en 1853 y desde entonces ha servido como guía de etiqueta en todo el mundo. Sí, hasta en China leen el libro.

El muy atrevido Carreño resalta en varias ocasiones que estas normas que él escribe son bastante avanzadas y digno ejemplo del progreso de una sociedad más moderna. Imagínense mi sorpresa cuando me tropiezo con la norma de que no debo ofrecer mi sombrero usado a nadie, aunque este lo necesite. No tengo sombreros pues, y en la playa siempre se lo he prestado a una amiga que por torpe olvidó ponerse protector en la cara.

Ahí está el divertido contraste. Es obvio que leyendo normas de etiqueta escritas hace 164 años me iba a topar con gestos no solo pasados de moda, sino ridículos.

En su amplio espectro de 285 páginas, Carreño describe con detalle las normas correctas para:

  • Los deberes con Dios.
  • Los deberes con la sociedad.
  • Los deberes con la Patria.
  • Los deberes con los padres.
  • Los deberes para con nuestros semejantes. (Ajá, ¿qué será un no semejante?)
  • Los deberes para con nosotros mismos.
  • El aseo. Tanto personal, como general, de vestido, de habitación y para con los demás.
  • El modo de conducirnos dentro de la casa. (Olvídate de andar paseando por la casa en medias y un suéter demasiado grande de una universidad gringa)
  • El modo de conducirnos en diferentes lugares fuera de nuestra casa.
  • El modo de conducirnos en sociedad. (No les puedo explicar el infarto que le hubiese dado a Carreño de haber escuchado un verso de Justin Quiles en una reunión.)

Es obvio que cabe demasiada burla entre las más de 500 normas escritas.

Imagínense la risa al ver que te OBLIGAN a no dejar que se muestre la caspa de tu cabeza cuando por x motivo no hayas podido lavarla para que los demás no se sientan incómodos por tu suciedad. O la sorpresa cuando nos dicen que “no es lícito hacer mención de una persona por su sobrenombre”, piensen cuantos nombres nos deberíamos aprender en sustitución a los Pichis, Nachos, Chichis y Negros y Gordas.

Es fácil someter al prestigioso Manual bajo la lupa de una era como la nuestra, donde además de irreverentes y hacedores de nuestras propias reglas, somos unos jóvenes caracterizados por ser irrespetuosos y altaneros.

Pero en mi opinión, si hay algo que no debe pasar de moda son los buenos modales. No me refiero a aquellos que temen que les de cáncer al ver un mondadientes usado, sino aquellos que muestran respeto a los demás y que reflejan que vienes de un entorno donde te metieron tu pellizco por no saludar a tu tía y por chuparte los dedos después de comer.

Por esta razón, en una moda poco típica en mí, en vez de criticar lo desfasado que es leer el Manual de Carreño en el siglo XXI, intentaré rescatar aquellas cosas que hoy en día deberíamos considerar como ejemplo de buena educación y refrescar en nuestras cabezas infestadas por la lujuria, la falta de decoro y el satanismo del reggaetón. Amén. (LOL, me voy a ir al infierno )

Como no los voy a hacer pasar por el martirio de revisar conmigo las 100 normas que consideré adecuadas, me limitaré a analizar aquellas que entre cada sección del manual aparecen como recuadros grises, los cuales pretenden reforzar algunas conductas relevantes al tema que se trata.

Los regalos

Según Carreño: La persona invitada a una cena o un cóctel debería presentarse con un regalo. Chocolates, una botella de licor, flores o un detalle.

Según Ainoa: Antes de una reunión, deberías preguntarle a tu amigo si necesita que le lleves el yogur para acompañar el anís. Mentira, con que ofrezcas una botella de Coca-cola, vas bateando de primero.

Cuando debe ponerse de pie:

Según Carreño: Cuando una dama acaba de llegar o regresar a la mesa. De la misma forma debe ofrecerle el puesto.

Según Ainoa: Todos los hombres deben ofrecer su puesto a una niña que está de pie. Pasen más de 2 horas en tacones de 12 centímetros y comparamos quién lo necesita más.

El uso de la escalera:

Según Carreño: Si un hombre y una mujer van de subida, él debe ir primero para evitar evidenciar que le está viendo las piernas a ella.

Según Ainoa: Ajá, cachados . Caminen delante de nosotras y cedan el paso de ser necesario.

Reglas para los fumadores:

Según Carreño: Debe ofrecer a los otros frente a uno un cigarrillo antes de encenderlo, prenderse el de uno luego de brindar fuego a los demás y evitar esparcir el humo por el grupo para no molestar.

Según Ainoa: Ya saben los tacaños que niegan cigarros en las fiestas. Va con ustedes.

Sobre la conversación:

Según Carreño: Se debe prestar atención a quién habla y no se debe tomar puntos de vista muy extremos sobre política, sexo o religión.

Según Ainoa: De acuerdo con lo de la atención.

El comportamiento en la mesa:

Según Carreño: Como la costumbre francesa, se debe dar un empujonsito a la comida con el pan para asistirnos, no se debe rechazar un plato de comida y se debe hablar de temas de interés para todos en la mesa.

Según Ainoa: Carreño tiene razón con todo. Ya saben, nada de Juventus ni Galiano en la mesa.

Sugerencias para el hogar y la familia:

Según Carreño: (…) 8. Cada miembro de la familia debe dejar el baño tan pulcro y ordenado como lo encontró.

Según Ainoa: Exacto.

Comportamiento en el trabajo:

Bueno, todo esto es lógica. No hables mal de tu jefe, no divulgues rumores, haz sentir bien a los recién llegados y no te emborraches demasiado en la fiesta de Navidad. Aquí Carreño y yo vemos eye to eye.

Comportamiento en el restaurante:

Según Carreño: Si se es de un carácter muy jovial y disfruta de hacer chistes a sus compañeros en la mesa, procure hacerlo en un tono donde las personas de las mesas contiguas no oigan.

Según Ainoa: Ya saben mis queridas amigas guacharacas.

Los cumplidos:

Según Carreño: Debe aprender a recibir cumplidos modestamente y sin rechazarlos nunca.

Según Ainoa: La respuesta a “Qué bonita estás” no es “Y eso que no me viste anoche mi amor”.

La forma correcta de comer frutas:

Según Carreño: Picada en cuartos y con un tenedor adecuado.

Según Ainoa: Entonces que nadie te invite por favor a comer tamarindo. Ni mamón.

Comentarios sobre la comida:

Según Carreño: Es muy bien visto que se le complemente a la anfitriona o al cocinero por la comida. El día después se debe hacer una llamada telefónica para dar las gracias por la invitación y por lo bonita que lucía la anfitriona y el hogar.

Según Ainoa: No hay nada más sabroso (posiblemente la comida) que te digan que les gustó tu plato. La llamada telefónica para dar las gracias se traduce hoy en día como un Whatsapp o un Snapchat enrratonado en el que digas qué buena estuvo la rumba. Es igual de apreciado.

Invitaciones:

Según Carreño: Para bailes o coctéles lo apropiado es una invitación escrita. Para eventos más informales basta una llamada.

Según Ainoa: Un Snapchat es inadmisible.

Hábitos que son de mal gusto:

Según Carreño: Masticar chicle, tener un cigarro en los labios mientras se habla, usar rolos de cabello en público, tener las uñas sin esmalte o descaradas, una línea demasiado dramática entre el maquillaje y el color de piel y comer ruidosamente.

Según Ainoa: Todas las anteriores y tocar la puerta del baño más de una vez cuando se está adentro, usar crop tops con piercings en la barriga, los sostenes que se ven debajo de las camisas y robar novios. Todo es de muy mal gusto.

Aunque muchos han leído el Manual de Urbanidad y Buenas Maneras obligado, si apartamos el machismo, lo anticuado, el lenguaje demasiado maquillado y el discurso innecesario; nos quedamos con comportamientos lógicos que a muchas personas se les olvida con frecuencia que no nos vendría mal refrescar.

Como es de suponer, no podemos caer en anacronismos al burlarnos del Manual de Carreño, pero qué divertido es reírnos de la sección “El buen comportamiento de la secretaria”.

El propósito de desempolvarlo esta vez era comparar épocas y sobretodo recordar que soplarse la nariz en público no es lo más delicado del mundo. Así tratando de evitar más Snookies y cosechar más Dianas.

Hasta la próxima mis bellas damas y elegantes caballeros.

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