Relaciones 1980 vs. 2017: Parte II

Si leíste la primera parte de esta historia, sabrás dónde quedaron las historias de Nicolás, Mariana, Sofía y Juan Ignacio. Si no la has leído, te aconsejamos que no lo dudes más. (Aquí lo tienes: Relaciones 1987 vs. 2017)

Otra parte importante de las relaciones es el momento decisivo de ser novios, o dónde quedan las cosas si se decide no serlo. En la época de nuestras mamás la cosa era un poco más simple; ahora entre Instagram y Snapchat se complicó la cuestión. Pero para ilustrarlo una vez más, he aquí la segunda parte del producto de una miscelánea de historias.

27 de enero, 1980

Mariana se levantó al día siguiente, un poco más tarde de lo normal a causa del trasnocho y esperó todo el día al lado del teléfono para ver si Nicolás llamaba. Entre la hora del almuerzo y de la merienda llamaron tres personas: Margarita, la mejor amiga de su hermana Elisa, para contarle todo sobre el niño que la había sacado a bailar en los quince años; Consuelo, su tía abuela para preguntar por la receta de torta de chocolate de su mamá (la cual fue denegada); y Anastasia, la niña de la que peor se hablaba en el círculo social de Mariana.

“Dios mío, es que ella no entiende que no se está llamando a los hombres como una desesperada”, le dijo su mamá a Diego cuando bajó a buscar el teléfono para hablar con Anastasia. Diego se encogió de hombros y le dio una mirada pesarosa a su madre.

Ya se estaban haciendo las 6 de la tarde; 3 horas antes de la novela de las 9, la que veían los padres de Mariana, Diego y ella (porque Elisa y Ricardo eran muy jóvenes para estar viendo la novela). A las 6:15 p.m. sonó el teléfono y lo contestó su mamá. 

“Aló, sí esta es la familia Hernández. 

¿Con Mariana?”

Su mamá la vio con ojos de sorpresa y emoción. Mariana le hizo la señal de que la tendría que volver a llamar porque estaba ocupada. Todo el mundo sabía que uno nunca contestaba la primera vez. Media hora más tarde Diego volvió a llamar y el protocolo se repitió, pero esta vez contestó el teléfono.

– “¿Aló?”, dijo Mariana. 

– “Hola Mariana, es Nicolás, de anoche. ¿Cómo estás?”, le respondió. 

– “Bien, ¿y tú?”. 

– “Chévere. Mira disculpa que me tardé en llamarte, tenía que estar seguro de que tenía todos los argumentos para defender que Robert Redford no es tan buen actor como dicen”, le dijo Nicolás. 

– “Dios mío, vas a seguir con eso. ¿Has visto The Great Gatsby, The Way We Were, Ordinary People? Es un excelente actor, Nicolás. De eso no hay dudas”.

Diego prosiguió a hacer una defensa completa de por qué no era tan buen actor, y que aunque no había visto todas esas películas, él alegaba que no hacía falta. Mariana contestó con comparaciones a James Dean y comentarios sobre los actores de reparto en las películas. “Sí te gusta bastante esto del cine, ¿no?”, le preguntó Nicolás asombrado. “Claro, casi que es un requisito para Comunicación Social”, le respondió Mariana. Unos segundos después escuchó de manera alta y clara los alaridos de Elisa: “¡Tranca, Mariana! Diego y yo tenemos personas que llamar”. Mariana se despidió de Diego y él prometió llamarla al día siguiente.

La familia prosiguió a cenar y luego sentarse alrededor de la televisión a ver la novela de las 9 que la Señora Teresa no se perdía por nada del mundo.

Al día siguiente, después de ir a misa, Nicolás volvió a llamar, y al día siguiente también. El martes, cuando Mariana regresó a su carro, se encontró con un chocolate y una nota encima del capó.

“Espero te haya ido bien en tu examen. Un beso, Nicolás”, leía la nota. 

Mariana no pudo evitar sonreír de punta a punta y luego preguntarse cómo había averiguado cuál era su carro. Casi ni se acordaba que le había dicho que tenía un examen. En el camino a su casa escuchó la radio, se comió su chocolate y pensó en Nicolás. Ya quería que fuese viernes para ver si la invitaba a salir.

Al día siguiente se encontró a Nicolás en el cafetín de la universidad y este le invitó un café a ella y a las dos amigas con las que venía, María Antonia y Adela. Se quedaron hablando durante el hueco entre clases que tenían junto a tres amigos de Nicolás. No pudieron evitar sentir una conexión entre María Antonia y Sebastián, y Nicolás vio la oportunidad para una cita doble.

Una vez que llegó el viernes, Nicolás llamó a las 5 de la tarde para formalizar el plan que tenía cocinando en su cabeza. 

– “Aló, ¿quién es?”, contestó Mariana. 

– “Tengo el plan perfecto”, dijo Nicolás, emocionado por el plan que tenía. “Mañana se estrena Fama, un musical sobre unos adolescentes que vana un colegio de artes. Podemos ir nosotros dos con María Antonia y mi amigo Sebastián, ¿te parece?”. 

Su emoción era palpable. Mariana pretendió pensar y dijo que tendría que preguntarle a María Antonia, aunque estaba segura que diría que sí.

“Bueno, llámala pronto. Te quiero ir a visitar ahora, ¿puedo?”, le preguntó Nicolás a Mariana y a ella casi se le sale el corazón por la garganta. 

– “Estem, sí. Seguro”, le respondió tímidamente. 

– “Chévere, estoy ahí como en media hora”. 

¡¿Media hora?! Pensó Mariana. Tendría que correr a arreglarse. Trancó el teléfono y corrió al baño. Se maquilló con lo más básico y se hizo el copete más rápido que se había hecho en su vida entera. Escogió unos blue jeans altos y un suéter de rayas colorido y unos zapatos de goma. Algo que dijera que estaba bonita, pero que no se había gastado demasiado en el atuendo.

Como ya casi se acababa la media hora, Mariana se acercó al teléfono y llamó a María Antonia para preguntarle sobre el plan que había propuesto Nicolás. 

– “Ay, Sebastián está buenísimo. ¡Sí rotundo! Pero dile que me lo pensé, y después dije que sí”, le dijo su amiga. 

Unos minutos después sonó el timbre y su mamá fue a recibir a Nicolás.

Luego de saludar y presentarse como el hijo mayor de los Chapellín, después de que la Señora Teresa ubicara quiénes eran sus papás, su mamá llamó a Mariana y ella bajó a saludar a Nicolás, quien le había traído un ramo de tulipanes. Mariana se sonrió y se los dio a su mamá para que los pusiera en un recipiente.

Los dos se dirigieron a la terraza y hablaron por varias horas hasta que el papá de Mariana se acercó a decirle que ya Nicolás se tenía que ir. Había anochecido y no se habían dado cuenta. Nicolás se despidió y prometió buscarla por su casa a las tres y media de la tarde para ir al cine.

Aquella salida fue la primera de muchas. Visitaron El Ático con el grupo entero, un diner donde comieron dedos de mozzarella y tequeños hasta llenarse, fueron al café del Museo de Bellas Artes, a visitar la última exposición del Museo de Arte Moderno Sofía Ímber, y al Teresa Carreño a ver miles de obras. Llegaron a ver a Montserrat Caballé -la mejor cantante de ópera del mundo-, y miles de obras increíbles. Aunque a Mariana le gustaba mucho más el arte que a Nicolás, a él le gustaba acompañarla y aprender de lo que a ella le gustaba.

Un día, Nicolás llegó con un ramo gigante de flores y una barra de chocolate para Mariana. Iban al Teatro Ateneo de Caracas a ver una nueva obra junto a su grupo de amigos. Al salir de la función, Nicolás se notaba un poco nervioso. La apartó a un lado mientras los otros iban a tomarse algo, y le pidió el empate a Mariana.

A pesar de que se moría por gritar que sí, se dio unos segundos de silencio y le dijo: “Déjame pensarlo”. Nicolás aceptó y la dejó en su casa.

Epílogo

Como toda buena historia de amor, Mariana aceptó a Nicolás como su novio. Desde ese momento, no hubo función de teatro a la que no fueran, o Festival del Teatro que se perdieran. María Antonia se empató con Sebastián y Elisa también se consiguió un novio. Anastasia dejó de llamar a Diego (el hermano de Mariana) porque su mamá la había descubierto llamándolo. Luis Herrera Campins terminó su período y Mariana y Nicolás siguieron juntos.

27 de enero, 2017.

Las sienes de Sofía le palpitaban fuertemente. El ron de anoche le estaba pasando factura. Dudó un momento el lugar en el que se encontraba y después se recordó que se había quedado a dormir en casa de Paola, quien dormía profundamente a su lado. Como no se podía volver a dormir, decidió usar su teléfono un rato. Revisó las fotos que se habían tomado la noche anterior, editó algunas y escogió una para la foto que montaría el domingo en Instagram. Revisó su Snapchat Story y borró algunos que no le parecieron tan favorables.

Intentó no pensar en eso, pero no pudo evitar que Juanchi no le había mandado nada. En el medio de su tren de pensamiento, Paola se levantó con un gemido que parecía que saliera de un dinosaurio bebé. 

– “No creas que me olvidé de ayer”, fueron las primeras palabras que salieron de su boca. Sofía le volteó los ojos. 

– “No pasó nada”. 

– “Así le dicen ahora”, le respondió Paola. “Tranquila, es bello. Además baila buenísimo. ¿Te pidió el número?”, completó después de un largo bostezo. 

– “El Snapchat”, le respondió Sofía. 

– “Bueno, algo es algo”, le dijo Paola. Vio la hora y casi se le salen los ojos de la cara. “¡Ya son las dos de la tarde! Me muero de hambre. Aquí no hay mucho, mi mamá no ha vuelto de viaje. ¿Será que vamos a comer a algún lado?”. Sofía asintió y se arreglaron para salir. Paola le prestó un blue jean y los zapatos de goma más cómodos que encontró, ya que Sofía no paraba de quejarse del dolor de pies.

Fueron en el carro de Paola a uno de sus lugares preferidos en la Hacienda de la Trinidad. “Sonríe”, le dijo Sofía a su amiga y las dos se tomaron una foto para el story de Snapchat de Sofía. Media hora después le llegó un Snap de Juanchi (era él con cara suspicaz) el mensaje decía: “¿Y no invitan?”. Sofía se lo mostró con cara de desesperación a Paola. 

– “¿Qué se supone que le digo?”, le preguntó. 

– “Déjalo como media hora abierto y después le mandas una foto de las dos con el postre que diga algo tipo “Sorry!”. Sofía le hizo caso al pelo a las instrucciones de su amiga.

Aquel pequeño gesto se desencadenó en una larga discusión pictográfica por Snapchat. Así pasaron varios días de fotos aburridos en clase, estudiando, en el cafetín de la universidad, haciendo ejercicio, etc., hasta que el jueves Juanchi decidió por fin pedirle el número a Sofía para “cuadrar un plan”.

“Hey, es Juan Ignacio”, le mandó a Sofía por Whatsapp. Sofía se tardó 5 minutos en responder. De ahí Nicolás le empezó a describir el plan que tenía de ir un grupo al Estadio. Después de planificar la movida para ir al día siguiente al Estadio, los dos se quedaron hablando sobre cualquier cosa. Juan Ignacio parecía ser muchísimo más interesante de lo que Sofía creía.

Ese viernes Sofía se arregló casual, pero un poco más de lo normal, en parte porque después iban a ir a tomarse algo al Pueblo de El Hatillo. Juanchi buscó a Sofía, Paola y Carla por su casa y se encontraron después con sus amigos. Aunque Sofía no sabía absolutamente nada sobre béisbol, Juanchi se tomó el tiempo de explicarle lo que estaba pasando. El grupo se quedó hasta el último inning y después partieron llenos de sudor y cerveza hacia un bar restaurante en el Pueblo donde le pidieron unas birras más y unas papas bravas para compartir entre todos.

Sofía y Juanchi hablaron por muchísimo tiempo hasta que llegó la hora de irse. Él la dejó a ella junto a sus amigas en su casa y después se fue, prometiendo escribirle al día siguiente.

A pesar de que ella pensaba que en Caracas no había mucho que hacer aparte de ir a comer o al cine, Juanchi la sorprendió con muchos planes. Subieron el cerro, fueron al teatro a ver una obra, a un Jueves de Comedia en la Quinta Bar y hasta a una librería en Altamira.

Entre la subida a Sabas Nieves y el Trasnocho visitaron Galipán, donde se dieron su primer beso con sabor a fresas con crema. Después de eso Juanchi conoció a los papás de Sofía y ella a los de él. “Chama, este sí se está tardando en pedirte que seas tu novia”, Sofía asintió desesperadamente. “O sea, no entiendo”.

Unas semanas después Juanchi llevó a Sofía a su sexto Jueves de Comedia en la Quinta, se estaba volviendo tradición de ellos ir a ver a los comediantes y burlarse de aquellos desafortunados que se habían anotado en el lineup y no les había ido bien.

Una vez adentro, Juanchi compró un par de cuba libres y esperaron enfrente de la tarima a que el show empezara. Una vez que salió el host de la noche, Bobby Comedia, empezaron las risas.

Sofía vio a un grupo de personas acercárseles de reojo; no conocía a ninguno. “¡Juanchi, hermano! ¿Cómo estás?”, Juanchi saludó y explicó que eran un grupo de su universidad. 

– “Ella es Sofía, mi novia”. Sofía no pudo evitar ponerle cara de sorpresa, pero lo escondió mientras conocía a este nuevo grupo de amigos. Después de que se fueron, Sofía le preguntó a Juanchi si estaba loco. 

– “¿Qué pasa? Yo te considero mi novia pues”, le dijo calmada pero defensivamente Juanchi. 

– “Juan Andrés, no me puedes sorprender así”, le dijo seriamente. “Además que yo no he accedido a nada”, le dijo más pícaramente. Juanchi le volteó los ojos pero se disculpó y prometió recompensárselo.

Al día siguiente, Sofía se levantó tarde porque no tenía clase los viernes y vio un mensaje de Juanchi: “¿Quieres ir a Galipán a almorzar?”, decía. Sofía se alegró, pero respondió que no estaba segura si podía. Seguía un poco picada por lo que había pasado anoche. Después de un rato, Juanchi la llamó y logró convencerla de ir, aunque ella ya estaba convencida hacia sus adentros.

Una vez que llegaron a Galipán, almorzaron en un pequeño restaurante con vista a la montaña y luego fueron al pequeño mirador que tenía el lugar. 

– “Dímelo, pues”, le dijo Sofía. 

– “¿Qué?”, respondió Juanchi confundido. 

– “Lo que me tienes que decir, se te nota en la cara”. 

Juanchi se relajó y empezó a decirle lo mucho que le gustaba. Como Sofía ya lo veía venir, le pidió oficialmente que fuese su novia. 

– “Bueno, ya tú lo habías dado por sentado, pero sí”, le respondió Sofía riéndose.

Epílogo

Juanchi y Sofía formalizaron su tradición del Jueves de Comedia, y ya eran conocidos por el guardia de la Quinta Bar. Paola y Luis terminaron después de que él se fue del país para continuar sus estudios en Bélgica. Snapchat estuvo entre las redes sociales más utilizadas ese año. Juanchi y Sofía fueron guías en un campamento en verano y se ganaron el premio de “Los Más Empepados”. (Así de cursi)

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