Realidades económicas, laborales y circunstanciales que nos tienen j*didos

Realidades económicas, laborales y circunstanciales que nos tienen j*didos

Cuando somos niños vemos la vida como un juego de Barbie: en el momento en el que nos salen tetas ya tenemos nuestro carro libre de impuestos, una casa con todos los muebles incluidos y un novio hermoso que se viste bien sin ponerse de mal humor.

Pero Barbie nos engañó. Rotundamente y cara de tabla. Porque si no tienes un sugar daddy, nada de esto pasa tan fácil.

Si en primer lugar te crecen tetas, ya tienes más recorrido que yo. Luego viene pagar un carro, cuando de broma puedes pagarte dos empanadas y un café en el cafetín de la universidad con ese sueldo de pasante que brilla por su ausencia. Y ya cuando estás en ese punto, la casa amueblada se ve demasiado lejos. Otra cosa por la que dejamos de preguntar hace años es el novio perfecto, pero ese es un tema del que ya nos cansamos de hablar.

Sin embargo, no termina ahí.

Tienes 21, pero de alguna parte te tienes que sacar los cinco años de experiencia que te piden para el más insignificante y mínimo cargo en una empresa

Pero eso sí, si piensas que puedes optar mejor por una pasantía, te das cuenta que te piden que hagas el trabajo de otras quince personas con la belleza de no cobrar ni las gracias. Esta experiencia debes calártela por al menos un año porque pasantía que no dure más de seis meses no brilla mucho en un currículum prácticamente vacío donde hay puros cursos de Community Management.

Pero igual tienes que empezar a trabajar si quieres vivir por tu cuenta

No puedes decir: fuck this, me quedo en mi casa sobreviviendo de la mesada de mis papás (cosa que ya no existe desde que te gradúas del colegio) porque eso te obliga a seguir fregando y calándote regaños de tu mamá. Al principio es normal, pero cuando pasas los 25 años, los regaños de tus padres pierden el encanto.

Entonces, ¿cómo haces el cálculo?

Te presentaré la palabra favorita de los millennials (a.k.a desesperados por dinero): freelance. Este es el mercado que pocas veces te exigirá una entrevista incómoda, trescientas mil cosas en tu currículum y 30 años de experiencia para terminar siendo asistente.

Eso o encontrar trabajos underground donde la pases bien, pero tu mamá no dejará de preguntarte cuándo trabajarás en algo serio.

¿Para qué hacer nuestra vida como una cajita de felicidad a lo Barbie cuando podemos pelar bolas y pasar trabajo?

A todos nos toca, solo que a diferencia de ese “todos” nuestros papás, tías, primos, entre otros, no sufrieron una inflación de locura, con el dólar a doscientos y pico mil bolívares, una contaminación que se compara a 50 cigarrillos diarios, y bueno, Trump.

En fin, es demasiado, pero igual son realidades que tenemos que enfrentar aunque nos cueste una dignidad que muchas veces dudamos que tenemos.

Pero por favor no nos hagan preguntas al respecto, nosotras aún estamos buscando las respuestas a estos problemas con que la actualidad nos ha j*dido.

Lucky Barbies…

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