¿Por qué a veces nos cuesta tanto ahorrar?

¿Por qué a veces nos cuesta tanto ahorrar?

Ahorrar es un arte. Requiere constancia, fuerza de voluntad, y una orden de restricción de cualquier centro comercial que acepte tarjetas de crédito o cualquier sistema de apartado que te permita pagar con las facilidades del siglo XXI.

Para la mayoría de nosotros, ahorrar parece una leyenda inventada por nuestros papás para hacernos creer que la estabilidad económica y el poder adquisitivo son conceptos reales capaces de desarrollarse en economías prósperas; sin embargo, en nuestro recorrido exploratorio del ahorro, en una economía contraria a lo próspero, solo nos encontramos con la verdad inminente: nuestro cerebro no está diseñado para ahorrar por un futuro.

Aunque no estamos hablando de un futuro lejano, nada que incluya una casa o un carro, porque obviamente, el sistema económico del 2017 es un factor imposible de obviar, guardar dinero por un par de meses para comprarte algo no es el ideal de satisfacción que acostumbramos buscar como individuos de naturaleza consumista.

Si tienes gastos actuales que cubrir, los gastos futuros pasan a segundo plano. No por falta de autocontrol, que es lo que nos han tratado de vender a las personas con pocas capacidades de ahorro, sino por falta de atención.

Nuestra falta de atención nos aleja de ver lo que es realmente importante; es decir, lo que necesita de nuestra inversión, simplemente porque parece menos urgente que los gastos que estamos realizando ahora.

Y es prácticamente la filosofía por la que se rige más de la mitad del mundo: “vive por hoy, planea para mañana”. Está comprobado, nuestros cerebros funcionan por las satisfacciones inmediatas y toma mucha fuerza de voluntad tratar de combatir la naturaleza humana; la mayoría de nosotros no la tenemos.

Aunque sabemos que necesitamos pensar en el mañana, y estamos convencidos de que tendrá mejores beneficios, nuestro cerebro está diseñado para vivir el ahora. Y el ahora significa la búsqueda de recompensas inmediatas: salir a comer, viajar y gastar tu quincena en un par de zapatos.

Es por eso que muchas de las estrategias actuales de ahorro recomiendan que “olvides” que estás ahorrando; que te distraigas de la idea de que ese dinero está destinado para cosas que no ofrecen satisfacciones inmediatas y que separes esa parte de tu presupuesto mensual desde un principio, para no sentirte tentado.

Ahora ya sabes que la próxima vez que tu quincena no sobreviva ni una semana, puedes culpar a la evolución humana y no a tu desmedida necesidad de gastar. Todo es culpa del hombre, cómprate los zapatos. 

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