Por qué dar consejos te convierte en la madrastra de Blanca Nieves

Algo que siempre me ha molestado es cómo Disney trató a la reina Grimhilde, aka. La malvada reina, aka. La madrastra de Blancanieves.

Digamos que todos somos superficiales y solo nos interesa el físico de los demás. Un mundo de Kylie Jenners en el que las inyecciones de labios son más importantes que el hecho de que no seas un ser humano terrible. En ese contexto, nadie estaría de acuerdo con el espejo. ¿Cómo es Blancanieves más hermosa que la reina? Blancanieves parece una bola de algodón mojado, la reina tiene pómulos que podrían cortar acero.

Mientras más creces, más difícil es ver a alguien chiquito como atractivo. Ves a una niña de 17 que puede ser muy hermosa, pero “niña” es la palabra principal. Es como ver a Kaia Gerber, claro que es hermosa, pero tiene 16 y prefiero verla dentro de unos 10 años como mínimo. Obviamente aprecias la belleza de alguien más joven, pero eso de enamorarse de lo que es básicamente un bebé grande, es una fantasía totalmente masculina de hipersexualización de la inocencia y volver a las personas objetos inmaculados y virginales para poder considerarlos hermosos y “conquistarlos” con sus penes. Ese espejo tenía como 100 años así que totalmente estaba cayendo en el estándard del viejo verde con problemas de autoestima que le impiden encontrar belleza en alguien de su edad porque no se siente satisfecho a menos que sienta que se “apodera” de otra persona. En el mejor de los casos, el espejo es como esas personas que se niegan a crecer y se aferran con todas sus fuerzas a una visión del mundo fantasiosa y reductiva.

La bruja malvada es una mujer hermosa con un estilo envidiable y mad contouring skills aunque sus cejas fuesen demasiado noventeras. Blancanieves es una niña de 14 años, su cara ni siquiera ha terminado de desarrollarse. Y si agregas personalidad es peor, porque sí, la bruja malvada es una porquería de persona, pero por lo menos tiene alguna semblanza de personalidad. Blancanieves podría ser reemplazada por Robotina y nadie se daría cuenta.

Todo el asunto es un desastre primero porque juega con la idea de que todas las mujeres se relacionan a punta de envidia, luego porque la representación del adulto maduro es reducido a ser un envidioso ridículo, y finalmente, porque los besos no consensuados apestan. Lo peor de todo, es que pareciera que todas nos convertimos en la madrastra de Blancanieves en algún punto de nuestras vidas.

Todas hemos tenido problemas de Blancanieves modernas. Para ciertas cosas, concretamente relaciones, somos unas niñitas permanentemente atrapadas en la mentalidad de una preadolescente que no sabe cuándo un tipo va pendiente o solo te tiene ahí por si acaso. Hay períodos de la vida en los que todo se resume en “oh, no sé si McPatán quiere algo conmigo”, porque siempre nos gusta alguien con un sobrenombre ridículo y nunca leemos las señales claras de que no les interesamos.

Terminamos siendo una canción en loop que francamente, solo personas como el espejo y otras Blancanieves quieren escuchar. Las brujas malvadas, por otro lado, están por ahí viviendo sus vidas, limpiando coronas, casándose con entrepreneurs viudos dueños de imperios millonarios, y experimentando con distintas sombras moradas. Son felices, se ocupan de ellas mismas. No tienen tienen tiempo para escuchar tus non-issues con McPatán y probablemente te digan cosas que no quieres escuchar, como “mira, si pasas tanto tiempo preguntándote si te quiere o no, tienes dos opciones: o aceptas la respuestas en negativa, o le preguntas directamente y acabas con todo esto”, porque son adultos y te dan respuestas de adultos. El problema es que como no quieres escucharlo, te convences de que está siendo dura porque te tiene envidia o no te entiende y luego buscas un espejo que te haga creer lo mismo.

I’ve been there, tipo, en ambos lugares. Lo entiendo. La cuestión es que la última vez que tuve un problema con algún McPatán estaba tan sobrenaturalmente fastidiosa que tuve un desdoblamiento espiritual y me tuve que dar una cachetada a mi misma por ridícula. Ahora cada vez que intento dar un consejo, aparecen sobre mi una capa y una corona.

No quieres escuchar que el tipo que te gusta en realidad no está demostrando interés alguno, pero tampoco nadie tiene tiempo de escuchar por quinta vez en la semana el análisis semántico de la última respuesta que te escribió y por qué crees que la coma significa que quiere invitarte a salir pero no se atreve. Sobre todo cuando la respuesta empieza a ser obvia y tú eres la única que no lo ve. No es porque te odien o te tengan envidia, es porque nadie tiene tiempo para hacerte la protagonista de su vida. Mucho menos si vas a ser una protagonista quejona que siempre se victimiza y se niega a ver la señal clara de que esa coma es solo una coma y que mientras piensas que McPatán no te invita a salir porque está intimidado, en realidad es porque está ocupado saliendo con alguien más. 

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