Por qué los hombres se casan con Melanias

A muchos nos gusta la idea de salir con personas más inteligentes y talentosas que nosotros. Dicho eso, cuando llega la hora de la chiquita muchos hombres prefieren que su masculinidad no se vea afectada por los talentos de su pareja.

Patético y triste, lo sabemos. Pero es la cruda realidad y te vamos a explicar por qué.

Un ejemplo perfecto y actual es el presidente de Estados Unidos Donald J. Trump y su esposa Melania Trump. Por ser republicanos, nos esperamos el mismo discurso sobre cómo los hombres prefieren proveer los recursos económicos para la crianza de sus hijos, mientras las esposas se encargan de permanecer en casa enseñándoles los valores correctos a sus hijos y ocupándose de sus vidas.

Sin embargo, este discurso bastante parecido al de Copei cuando lo lideraba Rafael Caldera, ha tenido modificaciones en los últimos años gracias a la movida feminista y las modificaciones en cuanto a las leyes de igualdad de género. No obstante, estos cambios aplican a casi ninguna de las esposas, pero sí a las hijas. Es decir, la mayoría de los hombres no están listos para que sus parejas se emancipen económicamente del hogar y sean iguales laboralmente, pero sí buscan que sus hijas sean emprendedoras, independientes y fuertes.

De hecho, padres con hijas son más propensos a aceptar y apoyar leyes reproductivas a favor de la mujer que padres con hijos.

Sin embargo, al involucrar a los padres vienen muchos más factores al juego: crianza, época en la que nacieron, costumbres, etcétera. Por esa razón, nos enfocaremos esta vez en cuando hombres contemporáneos quieren o no salir con nosotras.

En resumen, el caso radica a la típica hipocresía sexista con la que la humanidad de ha tropezado una y otra vez.

Según un estudio realizado por la Universidad Luterana de California y la Universidad de Texas, el 86% de los hombres alegaron que les gustaría la idea de salir con alguien más inteligente que ellos; en la práctica, los resultados no fueron iguales.

Para este estudio, se revisitó seis veces los experimentos, variando ciertos componentes que generaban dudas en los investigadores. Para la quinta versión, los hombres tomaron un examen y les dijeron que una mujer en la habitación siguiente había tenido un mayor puntaje a ellos. Varios de estos, aunque expresaron que su masculinidad se vio afectada de alguna forma en un examen posterior, dijeron que todavía se sentían atraídos a la mujer y estarían interesados en una relación.

En la sexta y última versión, los hombres vieron a la mujer a la que se enfrentaron (sin interactuar con ella) antes del examen. Después de hacer el examen, los estudiados escucharon los resultados, en los que la mujer había tenido mayor puntaje que ellos y se les pidió que colocaran su silla en frente de la mujer. Se midió su atracción por la distancia de la silla a la mujer y los resultados de la prueba de masculinidad, los cuales demostraron que los hombres perdían interés en la mujer al tenerla enfrente.

Aquí es donde volvemos con la hipocresía sexista: la idea de una mujer inteligente parece interesante y atractiva, pero al tenerla en frente sienten cierto rechazo hacia ella, ya que esta pone a prueba su masculinidad.

El pensamiento crítico, el análisis y la competencia pueden ser factores ligados con la población masculina, pero creemos que ya estamos como grandecitos como para seguir pensando de esta manera.

Sí, este es otro ejemplo de que muchísimas veces no sabemos lo que queremos, pero no podemos evitar estar tristes por esta revelación. Sin embargo, decidimos mantenernos optimistas y pensar que, aunque la reserva de hombres con la que contamos como parejas potenciales es más pequeña, estos por lo menos tendrán una masculinidad lo adecuadamente madura y rígida como para aguantar la increíble amenaza de una mujer con suficiente materia gris.

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