Poniendo a prueba la autoayuda

Poniendo a prueba la autoayuda

Toda mi vida he estado en contra de la autoayuda.

Es que, ¿qué es autoayuda? ¿ayudar-te? ¿auto ayudarte? ¿brindarte apoyo? ¿en serio?

No tiene sentido pensar que uno va a pasar por la vida sin las herramientas para superar X o Y situaciones. Al fin y al cabo en mi opinión, uno como ser humano más o menos pensante busca dónde apoyarse y qué hacer para salir del hueco, y en el caso que el trauma trascienda a magnitudes astronómicas, pues por supuesto hay que buscar ayuda de un profesional.

Nunca ha sido en mis ojos una respuesta para un problema grave de la vida leerte un libro. Al menos que ese problema grave de la vida sea la ignorancia, entonces cómete una enciclopedia y cállate.

Pero volviendo al caso, la autoayuda siempre me ha sonado ridícula. No solo a mí, sino a los ojos de una gran parte del público lector, la autoayuda apesta a mala fama. Es típico pensar que este tipo de libros es cursi, en extremo tedioso y (en un tono irónico) inútil. También es normal imaginarse a las personas que leen libros de autoayuda escuchando Arjona, teniendo hijos con nombres como “Lluvia” y discutiendo que Paulo Coelho es el mejor profeta de nuestros tiempos.

Por tanto comprenderán que para mí es más ralla que te vean ojeando libros en la sección de autoayuda con interés, que andar rondando la zona de libros eróticos con tu abuela.

Si quieres leer, pues busca una buena recomendación; si te sientes mal, habla con un psicólogo y bajo ninguna circunstancia pretendas que porque te leíste The Secret, ahora tienes derecho de aconsejar a todo el mundo sobre la manera correcta de vivir una vida exitosa. Esa debería ser parte de la receta para pasar por la vida sin merecer un insulto o una mala mirada.

La autoayuda no me gusta, no la leo, no la comparto y es el mejor objetivo de “chalequeo” para una amiga con este tipo de gustos lectores. Para mi deleite, risas varias y desgracia tengo varias que leen Walter Riso.

Entonces bueno, naturalmente, porque detesto esto era perfecto tema para escribir y sucumbir al escrutinio público. One more time.

Es decir, leerme el libro de autoayuda más mainstream del mundo y ponerlo a prueba, para ver qué pasa.

No hace falta que aclare que de entrada estaba en negación. Me picaba el cerebro de la vergüenza pensar que me iban a ver en público leyendo un libro de autoayuda, me daba agotamiento severo imaginar que tenía que leer algo que no me interesara (prefiero leerme entera las antiguas páginas amarillas) y por supuesto estaba radicalmente en contra de gastar dinero en comprar “eso”.

Entonces como primer paso a mi calvario imaginario, llamé a mi mejor amiga (por ser intensos la llamaremos “La experta en amar su existencia”) y preguntarle sin mucho interés a qué libro de autoayuda acudir.

Ainoa: “Fa, tengo que hacer un artículo para el que me tengo que leer un libro de autoayuda, qué ladilla.”

La experta en amar su existencia: “¡Aino por fin!, Walter, tienes que leer Walter. Ahora me estoy leyendo Ya Te Dije Adiós, ¿Cómo Te Olvido? y lo amo.”

Ainoa: “¿Qué es eso chica tú estás loca? ¿De quién c*ño me despedí yo?.”

La experta en amar su existencia: “Ay Ainoa, entonces lee Pensar Bien Sentirse Bien.”

Ainoa: “Ok, chao.”

La experta en amar su existencia: “¡Me cuentas qué tal!”

Acto seguido, por supuesto busqué en internet la existencia del libro en en cuestión porque no pretendía gastar un centavo en (de nuevo) “eso”. Lo conseguí en PDF y como cuando rezaba el rosario entero en el colegio, me resigné a perder tiempo de mi vida haciendo cosas que no me interesaban.

Me voy al infierno, seguro.

Debo admitir que para mi sorpresa, no fue tan horrible. Walter Riso escribe con bastante ligereza y la lectura no es pesada. Los pilares en los que se erguía el argumento del libro eran básicamente que si piensas positivamente y con una guía mental orientada a no estancarte en lo malo te irá bien.

No parece ciencia cuántica y tiene bastante lógica que olvidando lo malo, solo ves lo bueno. Sin embargo, Riso con su experiencia laboral como psicólogo te explica los procesos mentales que comprenden todas estas conductas en las que te encadenas con malos momentos y te obsesionas con ellos, evitando que los superes, incluso fomentándolos y encerrándote en un ciclo de “adicción al sufrimiento”.

Más adelante te recomienda conductas saludables y pensamientos positivos para superar estos ciclos viciosos y controlar tu mente, porque si te haces el maestro de tus pensamientos podrás prevenir estar mal.

Ergo, “Pensar Bien, Sentirse Bien”. Duh.

Después de mi impresionante “no enfrentamiento” con la autoayuda, cerré el libro (o sea, la computadora) y no sabía qué hacer ahora para poner a prueba lo que había recién leído.

“Yo si me meto en rollos donde no me han llamado”, me dije. Pensé un rato y realmente lo que puedo decir es que no me esperé así el libro.

No fue cursi, no fue marihuanero, no fue intenso y definitivamente no fue inútil. Todo perfectamente argumentado y con la meta de que cada quién re evalúe su vida para que sea más fácil, efectiva y bonita (eso sí sonó súper pegado).

Me cuesta años de vida admitir que todo este tiempo me equivoqué sobre la autoayuda, por lo menos de este libro que leí. Supongo que aunque no es algo que naturalmente leería por entretenerme, pero lo que aprendí lo utilizaré en momentos donde note conductas como las que Riso pone de ejemplo.

La filosofía de que está bajo tu control el hecho de que seas feliz a pesar de lo que te sucede, me convenció y hasta atractiva me parece. Con un poco de vergüenza admito que pondré encarecidamente en práctica los consejos de Walter Riso para mejorar mi calidad de vida.

Dios, quién me lea.

No estoy diciendo que me cambió la vida y que de pronto voy a ser un alma libre sin ataduras a la banal vida terrenal y sus inmundos vicios, pero “La experta en amar su existencia” no es tan ridiculizable como pensaba.

A ustedes mis compañeros haters de la autoayuda, extiendo una invitación a que lean este libro y por supuesto puedan hacer una crítica con fundamento. Y a ustedes víctimas de mis insultos por leer estos libros, mis más ligeras disculpas, porque de una buena risa nunca me arrepiento.

Me muerdo la lengua y retracto mi odio.

Así que léete el libro y ¡sonríele a la vida! (LOL)