Para ser feminista hay que entender y poner en práctica la palabra ‘sororidad’

Una de las cosas que más admiro de mi mamá es la relación que siempre ha mantenido con las mujeres de su vida. Aún no he presenciado la primera pelea entre mi mamá, mi tía y mi abuela, solo he visto la nobleza entre ellas. 

No dejan de ser contundentes y transparentes en sus opiniones, pero jamás han actuado con intención de hacerse daño o sabotearse. Pasa algo muy parecido en su grupo de amigas, el mismo grupo de mujeres desde que estaban en primer año de bachillerato y se mantienen unidas hasta hoy, a sus 50 y tantos años.

Me siento dichosa porque he tenido el gran placer de ver a mujeres de distintas generaciones cuidándose las unas a las otras, queriéndose y apoyándose a pesar de las circunstancias y defectos que puedan tener.

Durante mis 22 años he sido testigo de cómo funciona la sororidad.

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Tengo varios meses con este término bailándome joropo en la mente:

Cada vez lo entiendo más y me obligo a ponerlo en práctica. Creo que muchas lo tenemos en el ADN, como yo, que he debido heredarlo o al menos copiarlo de mi mamá, pero el sentimiento de rivalidad, muchas veces, es más fuerte que nuestra consciencia sorora. 

Si tú, mujer feminista, todavía te encuentras:

  • Compitiendo sin razón con las demás mujeres de tu área laboral
  • Criticando el comportamiento de otra mujer, sin argumento alguno
  • Señalando de manera destructiva a cualquier mujer que piensa distinto a ti
  • Negando oportunidades en tu campo por miedo a ser sustituida
  • Humillando/Hablando mal de una mujer, porque alguna de tus amigas le tiene rabia

Tú, mi querida mujer feminista… No estás entendiendo nada.

Nuestra revolución debe empezar desde adentro: tenemos que concentrarnos en eliminar la rivalidad femenina por “instinto”. 

Me angustia la actitud «This is Sparta» porque sí. Me dan flojera las consignas para “luchar y pelear” en contra del hombre que tenemos enfrente solo porque es un hombre. Yo también creo que llegó el momento de que entendamos que el patriarcado debe acabarse, sin embargo, esto tiene más capas.

Lo que tenemos que lograr, como mujeres unidas que somos, es una re-programación cerebral. Va más allá de; un grupo de militantes a favor del aborto legal, del apoyo a las víctimas de la violencia de género y de la necesidad de mandar a la hoguera a todos los depredadores sexuales. Todo lo anterior tiene que pasar, pero niñitas, aún nos encontramos echándonos tierra entre nosotras porque es lo que nos enseñaron a hacer en el día a día. 

Todavía en el 2018 estamos perdiendo… aún nos encontramos invirtiendo energía en conductas destructivas que solo nos alejan de la verdadera esencia del feminismo: la solidaridad.

Yo seguiré viendo a mi mamá de cerquita. Nunca ha leído a Simone de Beauvoir, ni sigo a Charo López en Instagram, pero lo entiende mejor que muchas. 

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