Nombre común: ¿Bendición o tortura infinita?

Vamos a ubicarnos en la época en la que estabas en el colegio, específicamente cuando pasaban la lista. Es entonces cuando dicen tu nombre como cuatro veces y si te distraías, terminabas diciendo “presente” a todos sin saber cuál se refería a ti.

En tu vida conocerás cuatrocientos Andrés, trescientos dieciocho Marías, setecientas Orianas y solo Dios sabes cuántas Danielas y Gabrielas pasarán por los pasillos de tu existencia. Lo único que tenemos para salvarnos son nuestros apellidos, en incluso eso nos vuelve aún más comunes de lo que nos gustaría. Algunos ejemplos más comunes pueden ser.

Andrés Rodríguez

María Laura González

Daniel Medina

Estefanía Méndez

Oriana Bermúdez

Gabriela Castro

Andrea Hernández

Y por supuesto, Carla García. (Si no conoces al menos dos personas con este nombre eres un mentiroso o no hablas mucho con la gente).

Sin embargo, no todo es un foso sin fondo. Tener un nombre común sí trae muchos beneficios, pero su vez muchas desventajas. Queda de ti decidir si es una bendición o una tortura sin fin.

Si tienes nombre común, la gente no te pregunta tu nombre cien veces

Es súper incómodo ese momento en el que te presentas con alguien y de su boca solo entendiste “Yurijnsdiusnjmali”. Entonces afirmas hecho el loco, pero súper educado y ruegas por la situación en la que alguien llame a esa persona para entender de una vez su nombre.

Tampoco tienes que responder a preguntas incómodas sobre la redacción de tu nombre

“¿Es con H?”, “¿es con S al final?”. “No mira, mi nombre llevaba una K intercalada, luego terminaba con Y no con I, y con dos acentos”.

Eso no nos pasa.

Pero lo que sí nos pasa es que no podemos aspirar a ser celebridades

Nuestro nombre no resuena como algo legendario o con un futuro brillante y especial. Sino que es el mismo nombre que tiene 2 personas de cada 15. Así que si quieres ser escritor, actor, modelo o director de cine, casi siempre te van a recomendar cambiarte el nombre a uno más “artístico”.

A las Andreas las confunden con Andreínas y a las Carlas con las Claras, porque para ellos todos son iguales

Una vez me pasó que tuve una entrevista de trabajo, y la que me entrevistó no dejaba de llamarme Clara, la corregí dos veces pero al parecer no importaba. Noté luego que en realidad pasaba mucho con otros nombres, porque al parecer a la gente le da fastidio aprenderse algún nombre además del suyo.

Aunque la gente de los nombre no tan comunes, debe pasarla peor.

Nos llegan solicitudes de amistad de gente que nos confundió con alguien más

“Hola, sí buenas, no, amiga, no soy la que vende los brownies con marihuana…pero si encuentras el contacto, avísame”.

Honestamente no sé cuál fue el hueco creativo que sufrieron nuestros papás cuando nacimos, pero definitivamente me parece que además de una de respiración deberían tomar una clase de “cómo no c*garle la vida a tu hijo con un nombre horrible y común”, antes del parto.

Confío en que la humanidad vaya evolucionando poco a poco, lo bueno es que nadie nos repite la frase “¿cómo es la vaina?” y acerque su oreja a nosotros cada vez que nos preguntan nuestro nombre.

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