La vida de un nativo digital que no es nativo en lo digital

You is kind, you is smart, you is important.

Qué bonito es verse en el espejo y poder repetirse a uno mismo que no hay que ser perfecto. Cada quien tiene aptitudes y cualidades que además de distinguirnos nos convierten en quienes somos y que no está mal aceptar que hay cosas que no sabemos hacer o que no nos salen tan bien.

Qué bonito pensar que aquellas cosas que nos cuestan más son solo motivos para mejorar nuestro desempeño en la vida y para aprender. Es importante tener proyectos a corto plazo para mejorar como personas y así atribuirle algo a la raza humana en este maravilloso y un tanto olvidado mundo en el que vivimos.

El mundo es bello, tiene colores, luz y de seguro un unicornio que bebe agua de un pozo de agua rosado en alguno de sus rincones.

Sin embargo… Mi visión del mundo no es tan así.

No porque sea una niña amargada que se siente incomprendida y le encanta Evanascence, sino porque vivo en una era donde absolutamente todo es digital, y a estas alturas yo no sé si es la tecnología la que me repele o yo la repelo a ella.

Mi misión de la vida es entender ¿por qué c*ño nací en un tiempo donde no sé usar nada que todo el mundo aparentemente maneja con naturalidad?. Bueno esa, y también aprender a sobrevivir en una realidad donde el término “nube” no significa vapor de agua en el cielo.

De pequeña nunca entendí los GameBoy. De pre-adolescente casi me inscribo en un curso para aprender a mandar “zumbidos” por Messenger, luego en la adolescencia mi grupo de amigas me tuvo que explicar que no migrar de un Nokia a Blackberry era básicamente suicidio social por el tema del BB pin, y hoy en día, semi adulta y semi profesional lucho a diario para comprender que trabajo como escritora en una página web. 

Literalmente trabajo por y en el medio digital, mientras que al mismo tiempo considero un enigma extraordinario el hecho de que hay gente que puede conectar el celular a las cornetas por Bluetooth al primer intento.

Cualquiera pensaría que estoy exagerando, sobretodo por mi fama de tener un gusto increíble por condimentar con todas las especias de la despensa cada cuento que hecho. Pero jurando con el corazón y la mano sobre el primer libro de Harry Potter, digo que mi lucha diaria con la tecnología es tan verdadera como que todos los venezolanos nos sabemos por lo menos una canción de Chino y Nacho de memoria.

Mis amistades se burlan, mis jefes se desesperan y yo me frustro. Vivo amargada por el hecho de no entender cómo es posible editar 7 personas al mismo tiempo un documento en GoogleDocs.

Cualquiera pensaría que es hereditario, porque familiarmente nunca estuve expuesta a la tecnología, pero tengo una tía sumacumlaude en Ingeniería de Sistemas, un hermano erudito en la World Wide Web y una abuela de 89 años que lee Hola! todos los días en un iPad y sabe hablar conmigo por Skype desde la India. De hecho si mal no recuerdo, ella aprendió a usar la plataforma antes que yo, y repito, no exagero.

Aunque salvando un poco la hipótesis de la genética, mi mamá no sabe ni siquiera poner un DVD. (sorry mom). Sin embargo el pequeño consuelo de que mi madre me traspasó su poca habilidad tecnológica, se esfuma frente al hecho de que se supone por mi fecha de nacimiento que soy una nativa digital y ella una inmigrante digital, es natural que estas cosas no se le den. Yo no tengo justificación.

Por más que intente no se me da. Pedirme que naturalmente sepa usar al pelo un Samsung es como pedirle a un finlandés que baile al son Rubén Blades bien a la primera. Prácticamente imposible.

Como dije antes, en este espíritu de optimizar aptitudes y superar dificultades para lograr la paz mundial (LOL), he hecho mi mejor esfuerzo para mejorar, sobretodo porque mi trabajo me lo exige.

Me atrevo a decir que lo he logrado en una muy pequeña medida. Pero algo es algo, el mundo no se creó en un día. (Qué mala excusa)

Entonces, para tí lector que puede ser que simpatices con mi lucha en este planeta, porque conoces a alguien como yo, porque simplemente no entiendes cómo se puede vivir siendo yo, o porque buscas reírte un rato; te invito a leer esta pequeña lista que he construido a partir de experiencias fracasadas en el ámbito tecnológico.

Yo vs. el siglo XXI:

  • Cuando Limewire dejó de existir, pase 3 años sin bajar música por el pánico de fundir la computadora en el intento.
  • Me costó 3 meses aceptar la idea que no es necesario guardar un documento en GoogleDocs.
  • Sigo sin entender dónde está la nube (y sospecho enormemente de la gente que dice que sí la entiende)
  • Hago uso del 20% de las funciones de mi MacBook Air y teléfono inteligente.
  • Tuve una especie de clase magistral para comprender cómo aprender a usar la laptop en cuestión.
  • He borrado accidentalmente un aproximado de 68% de los trabajos que he hecho en computadora.
  • No sé hacer un playlist en YouTube.
  • No sé subir Stories en Instagram.
  • No estoy segura de que entienda muy bien cómo funciona Twitter, en mi defensa tiene demasiados peroles en pantalla.
  • Cuando edito una foto para subirla a una red social, realmente alguien lo hizo por mi antes y yo solo jugué con los filtros de Instagram para decir que aporté algo.
  • Lloré de frustración haciendo un video en iMovie.
  • Amo Facebook (como para demostrar que soy una vieja).
  • Paso pena cuando me ofrezco para poner música en Spotify.
  • Acabo de descubrir el botón de «scan» en el tablero de la radio de mi carro.
  • Sudo sangre si me dicen que debo hacer una presentación en Prezi.
  • Tengo pesadillas con la expectativa de que en algún momento de la carrera me obliguen a usar Photoshop.

Es inicio de año y perfecta ocasión para comenzar con un pie distinto esta relación que tanto tiempo y sí, dinero me ha costado.

Así que «Hola internet, me llamo Ainoa y quiero ser tu amiga. Si me tratas mal prometo vivir a partir de los 30 en un palafito sin electricidad, porque así no se puede.»

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