El “mindfulness” es más fácil de lo que parece

El “mindfulness” es más fácil de lo que parece

Al contrario de lo que los programas matutinos de astrología nos dicen, el mindfulness es más que pantalones de yoga y una vela aromática. Por supuesto, el primer pensamiento que nos trae a la mente es un grupo de yogis discutiendo las diferencias entre el té de cúrcuma y té de cardamomo, cuando en realidad, la práctica de “atención plena” existe mucho antes de que nosotros siquiera pensáramos en nacer: not-so-millennial.

Claro que esto no impidió que nuestra generación la haya incluido dentro de las filosofías laborales del trabajo moderno; porque todo lo que promete más productividad tiene a un millennial detrás.  

El mindfulness es una adaptación occidental de la filosofía de meditación oriental, una mezcla entre el budismo tradicional y una versión milenaria de la meditación, que hoy en día puede realizarse sin la necesidad de hacer la “posición de guerrero” o el “saludo al sol”.

En un lenguaje coloquial, es literalmente la capacidad de desconectarte, dejar de preguntarte si el niño lindo te va a escribir mañana o arrepentirte de no haber salido el viernes pasado; no importa nada más que el tiempo presente. A pesar de que en un mundo tan ajetreado las distracciones externas e internas hacen prácticamente imposible que nos concentremos en una sola tarea.

Por supuesto, nuestro ámbito de trabajo no está exento del caos del mundo. En el 2014, la Escuela de Negocios Kenan–Flagler en Chapel Hill, Carolina del Norte, realizó un estudio sobre el impacto del mindfulness en la oficina y los resultados sugieren que no solo debe practicarse constantemente, sino que las compañías deberían exigirlo. Y en una era en la que la felicidad de los empleados está directamente relacionada con el mantenimiento de la fuerza laboral, la técnica de atención plena ya es casi un requerimiento en Silicon Valley.

Pero, por más lindo que suene en papel, ¿realmente cómo podemos aplicar el mindfulness en nuestro día a día? Ya que cuando comencé este artículo no tenía ni idea de cómo hacerlo más allá de unos cuantos “omm” diarios, decidí ponerme creativa y explicarles cómo yo, una mujer de veinte años con dos trabajos, vida social y una carrera universitaria en proceso encontraba tiempo para “atender plenamente” al mundo.

La primera vez que probé la cultura mindfulness, me quedé dormida y terminé despertándome cerca de las nueve, del día siguiente. Gracias al maravilloso mundo del Internet, ahora existen aplicaciones, podcasts, videos en YouTube y uno que otro playlist en Spotify que pueden hacer mucho más fácil la tarea. Al principio, solo los usaba antes de dormir o cuando quería tomar una siesta corta de cinco modestas horas. Sin embargo, gracias a un mini colapso nervioso que tuve tratando de priorizar mis responsabilidades en el trabajo y la universidad, un día decidí experimentar con la gama de meditaciones, en vez de irme por la básica de “sleep”. Aun cuando siempre asociamos la meditación a un método de relajación, también puede funcionar como un impulso para recuperar energías, siempre y cuando te vayas por las categorías de concentración, apertura y conexión con tu cuerpo. Si presionas algo remotamente planeado para descansar, lo más probable es que te quedes dormida sin ni siquiera anticiparlo.

Además de escucharlo por las noches, comencé a hacer sesiones de cinco minutos o menos antes de llegar a la oficina, salir a la universidad o comenzar a trabajar desde mi casa. El truco está en saber cuál tipo de meditación va contigo, si las guiadas, las instrumentales o una mezcla de ambas.

Después pasé a incorporar breaks de atención plena cada vez que terminaba de escribir o de hacer un trabajo, ahí comenzó mi eterno amor hacia websites como Calm,
The Thoughts Room y Do Nothing for 2 Minutes.

Después de probar todo, desde apps hasta playlists de meditación, aprendí a reconocer cuando necesito tomarme un tiempo para respirar. La buena noticia es que no tienes que reproducir sonidos de la naturaleza o a personas diciéndote que respires hondo para oficialmente pertenecer a los yogis que practican mindfulness. Solo necesitas dejar de vivir en las nebulosas y concentrarte en lo que está frente a ti.

Ah, y una vela aromática con olor a bosque encantado de canela, frutos rojos y menta nunca está de más. 

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