Por qué leer Charles Bukowski

Mi antes y después de Bukowski

Antes de exponer lo que fue mi temporal cambio de perspectiva de este disparatado mundo, haré una pequeña reseña de quién fue el tal Charles Bukowski.

Imagina que estás en un bar con tus panas, hay varios grupos de amigos en el bar, hay chamas lindas y están lo típicos viejos verdes que se bucean a tus amigas. Pero detrás de toda esta gente, está un hombre, algo viejo y con cara demacrada que va ahí todas las noches de la semana. De alguna manera, ya forma parte del bar en sí. Ese es el Charles Bukowski, un silente observador que siempre imaginamos cada vez que leemos alguno de sus relatos llenos de alcohol, sexo y una pizca de miseria.

Era un hombre que conocía a Picasso, a Arthur Miller y a los mejores editores de Estados Unidos, pero solo se conformaba con trabajos de fábrica, de conserje y de mala muerte, los cuales le costaba mucho encontrar. Se casó una vez pero nunca fue tipo de andar serio y atado, pues para él solo era capaz de atraer a la mujeres locas. Por lo tanto, tuvo muchas así en su vida.

Una vez explicado esto, les contaré qué me hizo caer en Bukowski, porque de alguna forma todos siempre caen en Bukowski como si fuera una droga.

Mi antes

Toda mi vida he querido trabajar en cine, sin embargo, la patria, un semestre machucado por las protestas y mis crecientes deudas debido a lo caro que es estudiar esta especialización, me hicieron desistir de este inocente sueño. Todo mientras le montaba cachos al Cine con la Literatura. Pues me dedicaba a leer y a escribir mientras que mi compañeros corrían de un lugar a otro para convencer a un actor que a nadie le caía bien para participar en un corto.

Así que la decisión fue definitiva: quiero ser escritora. Esto me llevó a visitar con frecuencia una librería que es en realidad un lugar común entre los lectores y las pantallas de lectores de Caracas. Ahí fue donde conocí a verdaderos amantes de libros que no me dejaban salir a menos que aceptara algún autor recomendado por ellos.

Uno de estos lectores empedernidos (que luego sería mi novio) puso en mis manos un escritor que no dejaba de escuchar en esa librería. Tuvo la amabilidad de darme una copia de su biblioteca personal.

La portada me impresionó un poco, y el título aún más. Se trataba de un recopilación de relatos llamado “Erecciones, eyaculaciones, exhibiciones. Y al contrario de lo que la morbosa en mi cabeza decía, no hablaba mucho de erecciones, ni de eyaculaciones, ni exhibiciones.

Bueno, no tanto.

Así que me dispuse a leer y a conocer al tan famoso autor del que nadie de mis conocidos dejaban de hablar.

Mi después

Menos mal que decidí enfocarme en la escritura. Este país está lleno de sabandijas que lo que hacen es arrebatarte tu dinero a cualquier necesidad de material, como una ratas desesperadas del hambre por j*der, en especial si eres estudiante de Cine.

En cambio, los escritores se convierten en unos espectadores de su misma pobreza esperando convertirla en algo más, tal vez en un buen guión, incluso. Porque escribir no te cuesta nada más que talento y mucha disciplina. Mucha, más bien una tonelada, lo mismo que pesarían todas las maestras desgraciadas de primaria que me castigaban porque una niñita p*ndeja me acusaba de todas sus estupideces.

Pero una vez que decides lo que quieres hacer con tu vida, ¿qué pasa?

La mayoría de los escritores, esperan un mítico ataque de inspiración, llenos de polvo de hadas para que comiencen a escribir una novela mínimamente decente. Yo no soy tan p*ndeja.

Una buena idea sería escribir todo lo que pueda, acostumbrarme a ser lo primero que haga una vez que una j*didamente buena idea visite mi mente. Escribir sobre los fuckboys idiotas con los que cualquier escoba con falda tiene que lidiar en el 2017. Escribir sobre lo que haga una vez que este maldito gobierno deje de j*dernos a todos con sus medidas económicas de retrasados.

O incluso podría escribir con una voz de una escritora borracha, con una cerveza y un cigarrillo en la mano tratando de entender la perspectiva honesta y algo grotesca de mi nuevo autor recomendado.

Podría hacer cualquier cosa que me viniera en gana, porque según mi amigo Charles: 

“Writers are desperate people and when they stop being desperate, they stop being writers”.

Capaz siempre hubo una parte de mí que estuvo desesperada por hacer algo que me gustara y para lo que fuera buena. Pero, ¿quién no?

Este fue un descubrimiento personal hecho a la mano de uno de los escritores a los que realmente no le importaba media m*erda de nada.

Gracias, Charles, por tu lección de autenticidad y estilo.

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