Lo que nos decimos vs. lo que de verdad pasará cuando volvamos a la rutina

Septiembre, al igual que diciembre, es un mes lleno de cierto despertar donde nos damos cuenta de todas las veces en que la hemos c*gado por no seguir una estricta rutina de ejercicios, de alimentación, por haber hecho falsas promesas, por no haber sido buenas con el universo, el karma, los chackras y esas cosas.

Es por eso que nos proponemos un nuevo plan, una «nueva yo» que juramos que va a conquistar el mundo y nos liberará de todas las tentaciones del mundo terrenal.

Pero lamentablemente es momento de dejar de ilusionarnos. Nada de eso va a pasar. Seguirás siendo la misma tú procrastinadora que prefiere dormir y ver toda una temporada en Netflix en lugar de hacer ejercicio o tus asignaciones a tiempo. 

Tú lo sabes y yo también.

Así que dejemos de engañarnos y seamos realistas con lo que va a pasar.

Lo que nos decimos: «Me levantaré temprano y llegaré a tiempo».

Lo  que pasará: Le enviaremos un mensaje a nuestra mejor amiga para decirle que nos guarde un puesto en la clase…una hora después de haber comenzado.

Llegar tarde no es un mal que se cura de un día para otro, créeme, yo llevo seis semestres intentándolo. Así que por mucho que quieras levantarte temprano, no lo lograrás el primer día de clases o de trabajo como si fuese un costumbre religiosa que lleva generaciones en tu familia.

Si no agarras la costumbre ya, ve haciendo un trato con tu compañera.

Lo que nos decimos: «Anotaré todo lo que diga el profesor y haré las asignaciones semanas antes de la entrega».

Lo que pasará: Después de una hora y media de clases, confiaremos en que nuestra compañera nos pasará una foto de los apuntes y dirigiremos nuestro pensamiento en lo que comeremos cuando se acabe la clase o de la serie que veremos en Netflix. Posponiendo así cualquier responsabilidad hasta la semana anterior cuando nos estaremos arrancando los pelos de estrés.

Arrepintiéndonos de nuestra flojera pero sabiendo en el fondo que no lo habríamos hecho de otra forma  .

Lo que nos decimos: «Dejaré de prestarle atención a los fuckboys».

Lo que pasará: Le responderás instantáneamente al primer baboso que te pregunte a las 3 de la madrugada qué estás haciendo. Luego intentarás convencer tu mejor amiga de lo buen tipo que es mientras que ella no dejará de darte cachetadas en su imaginación.

Lo que nos decimos: «Voy a hacer un plan alimenticio, así no engordaré ni gastaré en comida por ahí».

Lo que pasará: Estaremos tan cansadas de cumplir con el mínimo de nuestras responsabilidades que dejaremos para última hora la preparación de nuestro desayuno/almuerzo del día siguiente.

Y cuando llegue esa última hora aceptaremos nuestro destino y gastaremos 1/4 de nuestro sueldo en unas buenas empanadas o en comida del cafetín porque why not. 

Lo que nos decimos: «Comenzaré a trotar para no ser tan morsa en ponerme en forma».

Lo que pasará: Te darás cuenta que dormir es una inversión mucho más valiosa de tu tiempo que sobrecargarte más cansancio y compromiso, porque la almohada es la mejor amiga de un veinteañero en crisis. Y a menos que no te tomes en serio eso de entrar a la onda fitness, estarás meando fuera del perol.

Lo que nos decimos: «Estaré súper pendiente de los acontecimientos del mundo y más nunca pareceré una desubicada entre mis amigos».

Lo que pasará: Leerás The Amaranta para cumplir tu único propósito realista.

¡Feliz vuelta a la rutina!

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