Tu tatuaje está más relacionado a tu trauma emocional de lo que crees

La psicología del tatuaje

Este artículo fue realizado con asesoría de Ramón J. Ochoa Brando, psicoanalista, miembro de la NEL y AMP, docente de las escuelas de psicología de la Universidad Central de Venezuela y la Universidad Metropolitana.

En La pulsión y sus vicisitudes (1915), Freud fija un límite entre lo corporal y lo anímico por medio de la pulsión: “La pulsión (Trieb), que se formula como un concepto en la frontera entre lo anímico y lo corporal, un representante psíquico primero o primario de los estímulos procedentes de lo corporal y que presionan al aparato psíquico, al sujeto, si se quiere, a realizar un trabajo que lleve a satisfacer las exigencias del cuerpo gozante. La pulsión dado ese carácter fronterizo es desde un punto de vista psíquico el concepto fundamental y más oscuro de todo proceso psicológico, y por otra parte, todo conflicto podría reducirse en último término a un conflicto pulsional”.

Esto quiere decir que la pulsión se manifiesta como algo que se satisface en el cuerpo, pero que pone la exigencia en lo psíquico y eso, como él precisa, es el concepto más oscuro del proceso psicológico. Por esta razón, en su trabajo Estudio comparativo de las parálisis motrices orgánicas e histéricas hace la acotación de que las parálisis histéricas ocurren en partes muy específicas del cuerpo y burlan el saber médico al no encontrar un correlato neuropsicológico que las sustente. La explicación de Freud para ello es que existe una “gran carga afectiva” asociada a un evento y a la concepción de alguna parte del cuerpo y así, el síntoma toma algo de esa carga, convirtiéndola en una parálisis de la parte corporal. De esta manera podemos precisar la relación que hay entre el conflicto o trauma y el síntoma, que se puede manifestar en el cuerpo.

Jacques Lacan, psicoanalista francés que planteó su teoría a partir de los supuestos de Freud, introduce los conceptos del “significado” y el “significante”, los cuales tienen que ver con cómo la persona significa el mundo. Puesto que su teoría se basaba en que el inconsciente está estructurado como un lenguaje, los pensamientos se organizan en cadenas de significantes que se denominan S1, S2, S3, etc. Así, al acaecer conflictos o algún trauma, Lacan propone que, para efectos del inconsciente, un significante sustituye a aquel que contiene el trauma y le da un nuevo significado, proceso sustitutivo que tiene el propósito de reprimir el significante ligado al trauma. Ahí, emerge el síntoma.

Los tatuajes entran en todo este relato psicoanalítico en el lugar que tomaría el significante que sustituye a aquel que contiene el trauma, puesto que, de alguna forma ―así no sea la más efectiva, ya que esa es elaborarlo en terapia psicológica― el individuo hace la función del significante sustitutivo mediante su tatuaje, que con algún diseño o frase intenta dar forma a la experiencia vivida. Margarita María Valencia, psicóloga, escribe en su artículo Funciones psíquicas de las marcas corporales: “La función general de las marcas corporales es entonces la de tratar de suplir la insuficiencia de la encarnación del sujeto. El recurso al cuerpo se ha transformado en un mecanismo sustitutivo que intenta reemplazar en sus funciones a otros medios simbólicoculturales, a otros medios psíquicos, o sea, a los elementos y mecanismos que en la infancia aseguraron la subversión libidinal del cuerpo biológico”

Una investigación que recogió los motivos de varios individuos arrojó razones como expresar amor, sentirse únicos, conmemorar a alguien que perdieron, creencias espirituales, entre otras, por las que Valencia menciona, también, que para la persona, según sus investigaciones, los tatuajes están para “marcar una individualización y una posesión de sí”, “constituir un archivo o un registro conmemorativo ―el cumpleaños, la ruptura amorosa, el logro de un proyecto, la pérdida de un ser querido―” e “ intentar dominar fuerzas pulsionales desorganizadas y desorganizadoras.” Como pueden ver, las anteriores son situaciones que a muchos individuos se les hace difícil poner en palabras, por lo que algunas personas buscan darles sentido ―quizás inconscientemente― mediante el tatuaje. 

Antonio Benetti, psicoanalista de la Nueva Escuela Lacaniana, propone en su artículo El tatuaje y la fuga del cuerpo que el tatuaje en adolescentes es más frecuente puesto que representa una época traumática para todo individuo: “La adolescencia parece ser el período en que hay un mayor ‘trabajo de tatuaje’, funcionando como coadyuvante para una amplia gama de conflictos propios de la edad. Al colocarlos en la superficie del cuerpo, sirviéndose de lo imaginario, tales conflictos se hacen perceptibles”. Adicionalmente, precisa que “la piel funciona como espejo y superficie reflectora”. Así, resulta interesante buscar la autocura en mostrar el conflicto, puesto que al manchar la piel este queda expuesto a la mirada del otro para ser interpretado a su manera. 

En el Seminario 11, Lacan habla sobre la función de la mancha y la mirada, debido a que esta marca dérmica está pensada para “darse a ver”. El psicoanalista propone: “Si la función de la mancha es reconocida en su autonomía e identificada a la de la mirada, podemos buscar su rastro, el hilo, la huella, en todas las capas de la constitución del mundo en el campo escópico. Entonces nos daremos cuenta de que la función de la mancha y de la mirada es en ella a la vez lo que la gobierna más secretamente y lo que siempre escapa a la captación de esta forma de la visión que se satisface consigo misma, imaginándose como conciencia”. Lacan comunica con lo anterior que esta “autocura” que la persona persona plasma en su cuerpo para lidiar con el trauma se exhibe porque, bajo la mirada del otro, el individuo está completo: el tatuaje nubla la ilusión de la falta e inconscientemente la persona se satisface de este intercambio. 

Existen múltiples estudios sobre las motivaciones para obtener tatuajes y varias corrientes que ofrecen su mirada para analizarlas. Particularmente, la perspectiva psicoanalítica del fenómeno del tatuaje expuesta anteriormente permite ver la complejidad del proceso inconsciente que sucede debajo de las capas de piel. 

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