La crisis existencial de subir de peso en diciembre

Somos inconformes con nuestro aspecto.

En una nota menos drástica y lejana a lo que sería una imagen de uno mismo que nos provoque visitar sitios en internet pro ana y pro mia; solemos no estar satisfechas con la forma en la que nos vemos.

Incluso aquellas personas que son en extremo seguras de sí mismas, en algún momento notaron un rollo más por encima del botón del pantalón, una pepa incómoda en la frente o un hueco nuevo en el derrier que las hizo sentir que tenían un rabo de queso cottage.

En mi opinión, no es malo querer mejorar nuestro aspecto. Soy gran partícipe del maquillaje bien aplicado, de un buen peinado y de una aspiración a tener el cuerpo que uno desea.

Evidentemente, no creo que sea el propósito de nadie terminar como Amanda Bynes en esta búsqueda de la comodidad corporal.

Todo el año aplaudimos a las plus size models por su pionero trabajo, compartimos las imágenes más saludables de los nuevos moldes de las Barbies y empezamos a reconciliarnos con Disney por hacer de Moana, una princesa de aspecto natural.

Como mujeres grandes y pensantes del siglo XXI y formando parte de la generación millennial, sentimos nuestro deber, hacer ver al mundo que nadie que fomente el #thighgap debe ser perdonado. Incluso mejor si es quemado en la hoguera.

Siempre intentamos sentirnos así, defensoras del botón más en el cinturón. Menos en enero y diciembre.

Es típico que en esta época del año, tiremos a la basura toda creencia idealista de amarnos como somos y que empecemos a sentirnos como un fracaso en el autocontrol y el deporte.

Si te sientes identificada con lo que te estoy contando, déjame informarte que tu remordimiento de conciencia no aparece así de la nada, incluso sucede en etapas.

Como observadores de un safari de National Geografic, nos hemos tomado la molestia de observar(nos) en las festividades para explicar cómo ocurre exactamente el fenómeno de “La crisis existencial de la gordura navideña.”

1. La amenaza

En cuanto empiezan a pasar por televisión Home Alone y se respira la época navideña, se nos crispan los pelos con el miedo de que a la vuelta de la esquina acecha el pan de jamón.

Sabemos que como si fuese un destino del que no podemos escapar, pronto, al montarnos en la balanza nos van a sudar las manos y vamos a tener que salir a comprar la mensualidad en el gimnasio. Obvio, en enero es la cuota más cara porque otras locas paranoicas (ni cercanamente parecidas a nosotras) están empeñadas en hacer que su propósito de año nuevo sea estar “buenotas”.

2. El señuelo

Nos esforzamos en hacer ver a todos a nuestro alrededor lo mortificadas que estamos porque en enero nos toca dieta.

Sí, dieta. La palabra más temida de pronunciar luego de Lord Voldemort.

Con un vaso de ponche crema en la mano y el segundo plato de pernil enfrente, discutimos en la típica cena navideña con nuestras amigas, lo interesante que suena esta cosa de hot yoga que vamos a intentar el año siguiente para quemar todo lo que hemos comido (y que falta por comer).

3. El engaño

Desempolvamos los zapatos de goma porque, así estemos de viaje o no, vamos a trotar todas las mañanas para que por lo menos nos quepan los pantalones de la universidad.

También debemos ejercitarnos porque viene la temporada de fotos y qué fastidio tener que estirar el cuello para esconder la papada.

Por supuesto, un solo uso a los zapatos que parecen recién comprados basta para meterlos de nuevo en el closet.

Pero bueno, ayudamos un poco a que el ejercicio en enero no sea como los de The Biggest Looser.

4. El cubrimiento

Sin darnos cuenta comimos cochino 5 veces al día, tomamos una cantidad casi letal de ponche de crema, dejamos a nuestro amigo secreto sin su regalo (porque era un chocolate demasiado bueno) y no nos sube el vestido del 31.

La parte buena es que aumentamos la talla del sostén. Todo un milagro de Navidad.

5. El descanso

Después de gritar a toda nuestra familia que en la casa no se hacen más empanadas porque tenemos que rebajar. Luego de comprar un costoso y altamente desagradable plan de detox, y habernos unido al gimnasio de CrossFit, es cuando la crisis llega a su pico.

No nos sentimos bien, nos da remordimiento lo que comimos. Nunca entendemos porqué nos portamos igual siempre.

“Es que cómo no comer turrón” dice una vocecita interna.

Entonces llega ese momento temido en que nos acercamos al peso que está en el baño y nos damos cuenta que no estamos tan mórbidamente obesas como pensábamos.

Uno o dos kilitos que se quitan yendo un par de veces a la caminadora y evitando comer empanadas entre clases.

Es que seamos realistas, lo tomamos como una tradición: Las uvas, los regalos, el beso a las doce y preocuparnos por lo que pesamos.

Asumiendo que el peor escenario sea que estás del tamaño del gordito de la torta de Matilda, pues no llores ni patalees y deja que la crisis pase. Proponte una buena rutina de ejercicio y búscate una amiga que esté tan vaca como tú para que se apoyen en el proceso.

“ Obesa, así me siento. Pero hoy empecé Kayla. Sin embargo no dejaría de comer lo que comí, para nada. Capaz me hubiera cuidado un pelo más, pero nah.” – Bárbara, 21.

“ Esto es asqueroso men. Entro en un nutricionista en lo que llegue, de fe. Pero no me arrepiento ni un pelín de nada de lo que comí. “ – Ana, 20.

“ No me gustan las hallacas, igual me las como y en enero siempre me arrepiento. Esa vaina que la gente siempre engorda un montón en diciembre es mentira. Simple excusa para aceptar que estás gorda y ya.” – María Fernanda, 20.

“TODOS engordamos en diciembre. El alcohol, la comida, los viajes y el universo conspira para engordarnos. Tienes muchísimas cosas en contra. En las reuniones familiares con excesos de postres, las tías compiten por ver quién hace el mejor pasapalo. Luego tienes las innumerables fiestas que hacen con la excusa de ‘Maricooo el año ya se va acabar, tenemos que tomarnos algo juntos ante que acabe’. El mismo pajúo que me dijo eso, me invitó a tomar el 3 de enero… Viajar es sencillo: dólares, igual a mucha comida… Y para rematar, diciembre es temporada de béisbol a millón. CERVEZAS + HAMBURGUESA” – Juan Andrés, 23.

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