Un nuevo estudio demostró que todos los estudios anteriores están equivocados

En diferentes ocasiones el café ha sido señalado por drenar el calcio de nuestro cuerpo, debilitar la densidad de nuestros huesos y contribuir a la osteoporosis. Hoy en día, una revisión sistemática publicada en Food and Chemical Toxicology aseguró que incluso tomar hasta ocho tazas diariamente no se asocian con el incremento de fracturas o debilidad.

En el 2016, La Organización Mundial de la Salud concluyó que no hay evidencia para asegurar que el café causa cáncer, más bien, hasta puede ayudar a reducir el riesgo en algunos casos. Años después de que la misma organización calificara la bebida como “posiblemente cancerígena para los humanos”.

Al igual que durante mucho tiempo el consumo de café fue relacionado con riesgo a una muerte temprana en personas menores de 55 años. Mientras que en el 2017 un estudio demostró que tres tazas de café al día reducen la mortalidad en un porcentaje significativo. Y según algunos titulares, hasta extendían la vida de sus consumidores.

Dependiendo de a quién le preguntes, el café puede ser la salvación de la humanidad o su peor castigo terrenal. No hay intermedio.

(Menos mal que la tierra no ha dejado de darle vueltas al sol por el asunto)

Y aunque el café puede ser uno de los ejemplos más controversiales, lo que ocurre con él, es lo que ocurre prácticamente con todo lo que arroja un mínimo de data en las investigaciones: está bañado de amarillismo, exageración y necesidad por obtener más clicks o rating.

No estamos señalando a la ciencia como un culpable (bueno, no por ahora), más bien es una de las industrias más respetadas por la complejidad de su trabajo: la ciencia no es el problema mayor.

Lo que ocurre, es que los científicos están constantemente produciendo nuevos estudios y arrojándolos como confeti, no importa que se contradigan los unos con los otros, y en el mundo en el que vivimos esa es la oportunidad perfecta para exagerar y traducirlo a más visitas, más interacción y más clickbaits.

Dejándonos con titulares como: “un nuevo estudio demostró que mirar tetas es bueno para el corazón de los hombres”, “comer yemas de huevo es tan malo como fumar” o “comer chocolate puede ayudarte a ganar el Premio Nobel”.

Cuando en realidad el estudio trataba sobre: la reacción fisiológica de los hombres hacia estímulos visuales cualquieras, la constancia con la que los adultos comen huevo y los hábitos favoritos de los escritores.

Lo que nos lleva a concluir que el problema no es la ciencia, sino que hay mucha información ridícula a nuestros alrededores disfrazándose de “ciencia”.

En la mayoría de los casos gracias a los medios de comunicación, otras veces por la presión de los científicos por conseguir resultados positivos llamativos constantemente y en ciertos casos porque la data ni siquiera cuenta como estadísticamente específica.

Incluso, muchas veces ni siquiera se llevan a cabo los estudios; al menos, no como antes. Ahora la tecnología nos ha facilitado entrar a una máquina llena de datos, gustos, preferencias y estadísticas, presionar “enter” y encontrar correlaciones en cosas que no tienen ningún sentido.

Ejemplo: el chocolate y ganar el Premio Nobel.

Así que, con la libertad de crear titulares atractivos que en realidad no tienen nada que ver con la fuente científica, como si de verdad estuvieran sustentados por la ciencia, solo para obtener más visibilidad puede hacer que en cierto punto, perdamos la fe en la ciencia.

No hoy, o mañana; pero sí cuando se “compruebe” que la cerveza es mala para la salud o que comer chocolate no es “tan bueno” como se había demostrado.

Eso sí es lo suficientemente importante como para que la tierra deje de girar alrededor del sol.

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