Si quieres ser feliz, aléjate de Instagram

Desde pequeñas, nuestras mamás nos advirtieron sobre el peligro que viene con el Internet, las redes sociales y la tecnología.

Aunque nos lo pintaron como un peligro externo, plegado de leyendas urbanas y mitos extraídos de cadenas de Power Point estancadas en el junk mail, nuestras progenitoras se saltaron la parte del sermón que especificaba que el peligro del Internet venía en forma de modelos, imitadoras de Kylie Jenner e instructoras de gimnasio con habilidades blogueras.

Nuestra obsesión por feeds llenos de fotografías Instagram-worth-it, capturas de viajes exóticos y estereotipos que ni siquiera lucen así de bien en la vida real, normalmente no coinciden con las vidas humildes y mal iluminadas que vivimos nosotros.

Sin los beneficios de un filtro o efecto especial en nuestra cotidianidad, el descontento que causa la desconexión entre lo que Instagram nos dice y lo que vemos en nuestro día a día ha motivado a un grupo de investigación a elegirnos como conejillo de indias para determinar qué tanto nos afectan las redes sociales. Sin tomar en cuenta las percepciones alienadas de nuestras mamás.

La Royal Society for Public Health de Reino Unido entrevistó a casi 1.500 personas entre los 14 y 23 años para relacionar cómo Instagram, Snapchat, Twitter, Facebook y YouTube impactaban su salud mental. Bajo el título de “#StatusOfMind”, los investigadores encontraron que, de todas las redes sociales, Instagram era la peor para el bienestar de las mujeres jóvenes.

Según los resultados, Instagram puede desencadenar en angustia psicológica para las niñas que se comparan con las imágenes artificiales y manipuladas de Internet.

Gracias a la facilidad que ofrece de borrar cualquier imperfección, iluminar y mostrar a todos viviendo una vida feliz y de colores, la mayoría de sus usuarios se sienten ansiosos, deprimidos, solitarios, con problemas de sueño y autoestima e insatisfechos después de sumergirse un par de horas en el mundo ficticio que te regala la aplicación.

En el otro lado de la moneda, no toda la culpa la tiene Instagram. Aunque fue el ganador como red social más perjudicial, tiene sus beneficios: te permite mantenerte en contacto con tu entorno y conocer lo que están haciendo. Pero esto, como ya lo hemos mencionado, es un arma de doble filo.

Entre las demás redes, la que salió mejor parada fue YouTube; con el título de “única plataforma con calificación positiva”. Aunque la Royal Society for Public Health reconoció lo que nuestras mamás y abuelas nos vienen diciendo desde que tenemos uso de conciencia: todo en exceso es malo.

Porque le dediques 10 minutos a revisar tu feed no terminarás con depresión crónica y privación de sueño. La salud mental y las redes tienen una relación compleja. La moraleja es, que todo uso frecuente de las redes sociales deja a las personas sintiéndose bastante mal; particularmente, cuando le dedican más de dos horas diarias, que es lo regular en personas de nuestra edad.

“Estoy seguro de que las redes sociales juegan un papel importante en la felicidad, pero tienen tantos beneficios como perjuicios. Tenemos que enseñarles a los niños cómo hacer frente a todos los aspectos de las redes —buenos y malos— para que estén preparados ante un mundo cada vez más digitalizado. Hay un peligro real en culpar al medio por el mensaje» – Simon Wessely, presidente del Colegio Real de Psiquiatras del Reino Unido.

Lo importante es que te repitas como mantra que todas las modelos de Victoria’s Secret mienten y que tu amiga fitness/vegetariana/caffeine-free en realidad cena una hamburguesa y papitas fritas, no ensaladas perfectamente fotografiables. 

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