In-betweener 101

Hay personas que fácilmente se pueden levantar a las cuatro de la mañana para leer el último capítulo del libro de historia antes de su examen, y hay otras personas que prefieren estudiar los acontecimientos históricos de los 50’s alrededor de las dos de la mañana, porque su gran pico de concentración no tiene la mejor disposición cuando el sol aún está puesto. Después estoy yo: una persona que puede tener las mejores ideas a golpe de las diez de la noche o alcanzar el mejor estado de lucidez a las seis de la mañana. 

Cuando se trata de mí, nunca se sabe. Y aunque a simple vista parece que tengo lo mejor de los dos mundos, no es tan divertido como parece.

Como probablemente sepas, hay dos tipos de actitudes hacia la vida: o prefieres las mañanas o prefieres las noches. En la ciencia, los especialistas decidieron clasificarlos como “alondras” y “búhos”, respectivamente. Mientras que a mí, mucho después de que se dieran cuenta de que el mundo no es blanco o negro, me llamaron “colibrí”. Aunque aun no entiendo por qué eligieron los nombres más raros, la idea era separar los comportamientos psicológicos dictados por nuestro reloj biológico en dos grupos (pero luego aparecí yo‍‍‍ ).

Las ventajas de pertenecer a alguno de los dos grupos, además de ser reconocido por Urban Dictionary, es que conoces cómo funcionas. Si tienes trabajo por hacer o necesitas estudiar para un examen final, sabes a qué hora tu reloj biológico va a favorecer a tu concentración, y mientras esperas que el momento llegue puedes enfocarte en otras cosas que no requieran de toda tu atención.

Mientras que las personas como yo no saben de qué humor estará su reloj biológico el día que lo necesiten, porque si el lunes pude madrugar sin ningún problema, quizás el jueves esté caminando como un zombie a las siete de la noche; todo depende del día.

Por más de que he intentado modificar mi cronotipo un par de veces, después una semana adoptando a mis ojeras como maquillaje permanente y al café como filosofía de vida, llegué a la conclusión de que no puedo hacer mucho cuando mi cuerpo está predispuesto. Es genética.

La elección sobre ser all dayer o all nighter no está realmente en nosotros, a menos de que tu fuerza de voluntad sea de otro mundo. Nuestro cuerpo define nuestro biorritmo basándose en las cosas más sencillas, como nuestra capacidad para adaptarnos a la luz y la temperatura, hasta los procesos y ciclos biológicos ambientales que intervienen en el rendimiento de nuestra concentración.

Y ya que la última vez que intenté cambiar mi patrón biológico obviamente no funcionó, estas son las lecciones que aprendí siendo un in-betweener:

1. No lo fuerces

A veces puedes tener todo tu trabajo listo antes del mediodía, o puedes pasar horas y horas tratando de concluir un párrafo. La verdad es que pasar más de treinta minutos viendo una hoja en blanco no te va a ayudar en nada. Si no te sientes productiva a las seis de la mañana, ocupa tu tiempo en otras cosas mientras tu vena creativa despierta.

2. La clave es no distraerte

La premisa más fuerte de los all dayers es que a primera hora del día cualquier actividad cognitiva es más eficaz por la ausencia de distracciones: todos están dormidos y las redes sociales no están tan activas. Así que si en algún momento necesitas concentrarte y tu reloj biológico no está ayudando, intenta recrear un espacio sin distracciones: música instrumental, celular en modo avión y la puerta cerrada.

3. Siempre ten lápiz y papel cerca

Basta que estés poniendo la cabeza sobre la almohada para que la mejor idea del mundo se te ocurra; o que te estés aplicando el shampoo en el cabello para que la frase más fácil de olvidar venga a tu mente; o que estés en una cola sin batería ni bolígrafo cerca para que consigas la cura contra una epidemia. Las mejores ideas llegan cuando no estás preparado, así que prepárate.

4. El café aplica para tus dos horarios

El café es lo máximo, no lo desaproveches. Puede que tu biorritmo no quiera colaborar, pero quizás una taza de café (o varias, nunca sabrás si no lo intentas) sean el “empujoncito” que necesitas para no dormirte sobre tu libro de historia.

De todos modos, si nada funciona, siempre podrás contar con otra mañana u otra noche. 

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