Esto es lo que significa ser hija de un pastor evangélico

Acerca de las personas que practican su religión con constancia y pasión se han dicho muchas cosas. Más de una vez he escuchado a alguien generalizar esta imagen con comentarios negativos que aluden a la forma de introducir a Dios en varios aspectos de su vida y consecuentemente en temas de conversación con otras personas, o la manera en la que activamente buscan que otros se unan a su fe. A mi parecer, estas conductas no son ni buenas ni malas a menos que se les sume algún otro evento que las catalogue como tal, aunque para estas discusiones de construcciones sociales sobre la moral no está este artículo precisamente. 

El hecho es que creo que si observamos estas imágenes estereotipadas de las personas religiosas bajo un lupa más personal, es posible que consigamos un universo de opiniones que vale la pena escuchar para nosotros entonces formular nuestros propios argumentos. 

Para lograr esto recluté a mi amiga Gaby, que es hija de pastores evangélicos que tienen una iglesia propia en Caracas, Venezuela, y una fundación que ayuda a las personas necesitadas del área con comida y vestido, entre otras cosas. Lleva una agrupación de jóvenes de la Iglesia junto a otras personas y forma parte del coro. Gaby es ―palabras más, palabras menos― una Pastor Kid. Pero como dije anteriormente, creo que es importante dejar los sesgos de lado para realmente poder conocer a una persona y construir una opinión más objetiva sobre este estilo de vida. Para hacer esto, mi amiga y yo discutimos sobre varios temas que dilucidan sus puntos de vista acerca de los mismos. A continuación leerán, de su boca, sus creencias con respecto a lo que conversamos.

Ser un joven normal cuando tu padre es pastor evangélico 

Considero que mis padres son totalmente normales a pesar de que sean cristianos evangélicos desde que nací. Ellos nunca me impusieron nada, solo me enseñaron lo que ellos predicaban y me dejaron decidir, querían que eligiese creer por amor y no por imposición. A medida que fui creciendo me di cuenta de que Dios era la verdad. 

En el colegio podía definir por mí misma lo que era bueno y malo juzgándolo a través de lo que creo y la voluntad de Jesús. Me hicieron un poco de acoso porque me encantaba decir que mis padres eran pastores y cuando los niños decían groserías o hacían cosas malas decía: “¡No hagas eso, no le gusta a Dios!”, entonces me empezaron a decir LaBi por La Biblia. Por ejemplo, cuando salió Cincuenta sombras de Grey expresé que no estaba de acuerdo y todas me cayeron encima por religiosa cuando en realidad solo me parecían un mal libro y película. 

Nunca me gustó rumbear. Cuando escuchaba que mis amigas salían, se emborrachaban y se besaban con varios, no me parecía correcto. Todavía no me gusta salir de noche. 

Hoy en día en la universidad casi todo el mundo es muy respetuoso y muchos expresan curiosidad ante mis creencias, aunque hay gente que sí me confronta diciéndome que “eso no es así” y que estoy equivocada, pero nunca me he sentido mal por eso.

En cuanto a la cultura pop y ese tipo de cosas, creo que hay que saber distinguir entre lo bueno y lo malo, así como uno decide qué canciones son buenas y cuáles no. Por ejemplo, el reggaetón que habla del sexo de forma muy cruda me parece que hasta una persona no creyente puede percibirlo como feo. 

Vivir dentro de una comunidad evangélica

Es cierto que los pastores tienen contacto con mucha gente, entonces a una como hija la conocen bastante por ahí. Además canto en la Iglesia, así que soy incluso más identificable. 

Creo que vivir rodeado de evangélicos es muy bonito porque convives con personas que tienen las mismas creencias que tú y saben que hay un Dios que todo lo puede, así que siempre tienes a gente cristiana que te ayude en momentos problemáticos o cuando pierdes la esperanza y eso es importante. 

Sé que hay personas extremistas, pero nosotros tratamos de explicarles que esa no es la modalidad que tienen que vivir necesariamente, ya que estamos en una época distinta a cuando se escribió la liturgia. 

La sexualidad en la religión evangélica

Nosotros creemos que el acto sexual es la demostración de amor entre un hombre y una mujer, y hacerlo fuera del matrimonio está mal. La Biblia dice que no debemos tener relaciones sexuales fuera de él, pero cuando cosas como esa se imponen sobre las personas y no se hacen por amor de nada valen. 

Creo que el acto sexual se ha tergiversado a lo largo del tiempo porque teóricamente es una demostración de amor entre un hombre y una mujer que se conocen plenamente. Una mujer que va a una discoteca y esa misma noche se acuesta con un desconocido no experimenta amor, sino placer producto de las terminaciones nerviosas de su cuerpo. No considero que esa gente sienta satisfacción real sin el componente del amor. 

Pienso que guardarse hasta el matrimonio es bonito, como un regalo para la otra persona. Cuando se hace bajo los mandatos de Dios, entonces es correcto. Además, el acto sexual es un compromiso. Imagínate que las pastillas fallen o el condón se rompa. Se debe tener una relación consolidada para lidiar con eso. En el caso de esas relaciones que llevan años y tienen sexo, la pareja debe asumir el acto como un compromiso igual al del matrimonio. Si ya estás accediendo a esta responsabilidad, ¿por qué no asumes la de casarte?

La religión y el uso de drogas

Las drogas son algo que daña tu organismo. ¿Para qué vas a destruir tu organismo? Es como fumar: el que lo hace sabe que está poniendo en riesgo su salud. Son sustancias que afectan la consciencia y creo que uno debe estar en control de su cuerpo.

Los homosexuales creyentes de la religión evangélica

Los homosexuales son una aberración. No me refiero a las personas sino al acto que hacen ya que no es natural. No por eso voy a discriminarlos, pero no estoy de acuerdo con los homosexuales ni mucho menos con los que son creyentes porque están tergiversando la Biblia y la naturaleza. Si Dios creó a un hombre y a una mujer, ¿por qué vas a querer romper ese equilibrio natural?

¿Por qué tanta gente joven se está alejando de la fe?

Quizás hacen las cosas por imposición o por miedo a que hay un cielo y un infierno. Además están convencidos, pero no tienen convicción. Ven el evangelio como una religión y no como una relación con Dios. Como he dicho antes, las cosas se tienen que hacer por amor, no por obligación. Probablemente no quieren comprometerse con cumplir la voluntad de Dios y los mandamientos. Se puede hablar con las personas, pero si se ponen tan renuentes y no dejan que Dios se les revele, entonces no hay mucho más que hacer En la Iglesia tenemos reuniones con jóvenes, salimos a las calles a predicar el evangelio, hacer clases para estudiar la Biblia y nos ayudamos entre todos.

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Luego de haber conocido las opiniones de Gaby acerca de todos estos temas me queda bastante claro por qué hoy en día tanta gente se está alejando de la religión, algo que resumiría en dos razones: la primera tiene que ver con aceptar el compromiso que implica “cumplir con la voluntad de Dios”, como dice ella. Pienso que hoy en día, con tantas opiniones divergentes sobre temas como el aborto, la eutanasia y otros tabúes, y el fácil acceso a muchas comodidades y experiencias, veo por qué sería difícil lograr el compromiso de las personas ―no solamente los jóvenes― con vivir un estilo de vida así. Creo que conlleva una fuerza de voluntad que no muchos están dispuestos a ofrecer en servicio de algo que es prácticamente imposible de comprobar que existe.

La segunda razón es que luego de que el mundo se ha abierto a tantas realidades como la igualdad de género, la fluidez de la preferencia sexual y el intercambio de los roles de pareja entre hombres y mujeres, veo muy difícil la vuelta a una visión en la que los homosexuales sean considerados una “aberración” después de haber logrado tantos avances legales y sociales en esta área. Tampoco creo que la opinión de que solo se pueden tener relaciones sexuales en el matrimonio sea adecuada para estos tiempos, cuando es posible establecer vínculos consolidados y consensuados bajo los cuales consideraría responsable tener sexo. 

Por otro lado, creo que hay mucho valor detrás de lo que cree Gaby. Imagino que si más gente percibiera el sexo, por ejemplo, como un acto de amor entre dos personas y una responsabilidad, probablemente habría menos embarazos precoces y el índice de violación sería más bajo. También podría decaer el uso de las drogas si todos estuviesen tan conscientes como Gaby de lo que se pone en riesgo al consumirlas. El problema con todo esto es que, como dice ella, estas cosas se tienen que llevar a cabo por convicción y no por imposición. 

Es muy polarizante ponerse a pensar en estos temas porque los constructos morales son fluidos para la mayoría, no como los de Gaby, quien puede identificar el bien del mal con una mirada entrenada y la Biblia en mano. Probablemente es por eso que el mundo se enreda tanto cada vez que hay un drama; la vara moral que rige los actos de otros para nosotros es individual y variante, y en muchos casos es inestable, como hemos visto en la cultura de cancelación y la manera en la que las personas en Internet responden a cualquier escándalo. 

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