Grosero vintage vs. grosero moderno

Grosero vintage vs. grosero moderno

Una constante pelea en mi casa es porque mi abuela me considera la persona más grosera del mundo y yo la considero a ella la persona más grosera del universo. No es que yo me la pase gritando groserías a los 4 vientos o que ella ande por la vida escupiéndole en la cara a todo el que se le atraviesa. Es una cuestión de diferencias generacionales

Hay una diferencia de mil años entre las dos que hacen que lo que a ella le parece el mayor indicador de respeto, a mi me parece irrelevante. Y lo que yo considero simpático, a ella le parece señal de que están por llegar los 4 jinetes del Apocalipsis.

En síntesis, está el grosero vintage, el que no se quitaba el sombrero para saludar y el grosero moderno que cree que es súper genial insultar a Dua Lipa o hacer comentarios misóginos en público, entre otras cosas:

La obligación del beso vs. el respeto de los límites personales

La frase más dicha por mi abuela en sus 80+ años de vida es “¿ya saludaste?”. Te puede haber oído claramente diciendo “hola, persona extraña de quien no me acuerdo pero que me hablará de cómo me cargó hace más de 20 años”. Igual te va a preguntar si ya saludaste porque hasta que te acerques y le des un beso y un abrazo a la persona no has saludado.

Pero en realidad, sí es cortés pero no es necesario para demostrar respeto. Nadie debería ser obligado a interactuar físicamente con otra persona solo para ser “agradable”.

Si como yo detestas el contacto físico, en realidad no debería haber ninguna razón para obligarte a tocar a otra persona. El consentimiento no es solo para relaciones sexuales, también necesitamos tener una actitud más sana cuando se trata de contacto físico no deseado e interacciones diarias. Irrespetuoso es obligar a un niño o a una persona adulta a besar a otro, no saludar amistosamente a una distancia en la que te sientes cómodo.

Normas tradicionales de cortesía vs. la libertad de sentirte seguro

A principios de año, estaba en una conversación con un tipo cuando de la nada dijo “¿has notado como todas las mujeres…?” y antes de que terminara la frase me paré. Mi cuerpo reaccionó antes que mi mente, solo le dije “no quiero saber el final de esa oración” y me fui.

Si es irrespetuoso irte mientras alguien te está hablando, también lo es que alguien se sienta libre de hacer un comentario misógino, homofóbico, o en general terrible, en la mitad de una conversación, aún y cuando lo disfrace de chiste.

Estar en una situación en la que están ofendiéndote como persona por tu orientación, identidad, o simplemente tus valores, es desagradable. Tener que soportarla no es señal de que eres cortés y respetuoso sino de que la sociedad tiene unas expectativas que necesitan ser actualizadas.

El cumplido objetificador vs. el silencio incómodo

No sé si ocurre igual de frecuentemente en otros sitios, pero en la sociedad venezolana es común que se sexualicen todos los cumplidos. O que por lo menos sean más sobre el físico que sobre algo que hayas logrado. Nadie dice “oh, Beatriz, qué bien te sabes la primera declinación. Tu latín es excelente”, pero si me pongo un escote alguien va a decir algo y yo no voy a responder nada.

Cuando eres mujer, toda la vida alguien ha hecho un comentario no solicitado sobre cómo te ves. En el mejor de los casos has tenido suerte y han sido mayoritariamente positivos pero aún así crean cierta presión por verte de una manera. Tal vez no te interesa que te hagan comentarios sobre tu cuerpo porque es incómodo que alguien te esté objetificando de frente.

Lo incómodo y grosero no debería ser que respondas con un bitchface y un intento de sonrisa, sino que nuestros cuerpos se consideren propiedad pública. Al contrario de lo que dicen ciertas imágenes inspiracionales de Instagram, no quiero considerarme una obra de arte que tengas que admirar ni criticar. Hands off, bitch.

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