The Girl Code: ‘No pararás de preguntar: ¿estás bien?’ - The Amaranta

The Girl Code: ‘No pararás de preguntar: ¿estás bien?’

Nos la pasamos preguntando cosas a las que ya les sabemos respuesta.

“Bonito día ¿verdad?”, Cuando la nación entera puede ver que somos protegidos por cielos turquesas y brisas caribeñas.

“¿Qué precio tiene esta falda?”, Cuando la etiqueta que marca la talla muestra una cifra supernatural, de acorde a la saga de terror que es la economía de nuestro país.

“¿El jugo tiene azúcar?”, Cuando sabemos que el día que Frica saque una serie light, será el mismo día que tu abuela piense que el jamón endiablado no da cáncer.

“¿Qué piso?”, Cuando evidentemente la otra persona del elevador va a extender su brazo con hedor a calle y estrés por encima de nuestra cara para marcar un piso, mientras al mismo tiempo nos responde “el nueve”.

“¿Cuánto falta?”, Cuando sabemos que la respuesta condescendiente siempre viene acompañada de un refrán común, repetitivo y desesperante; que da vueltas y vueltas entre generaciones de familias como las mismas ruedas de los carros que hacen esos viajes de carretera. “Falta poco”, “Menos que el principio”, “Ainoa, deja de hacer preguntas bobas y duérmete”.

Y aunque sepamos las respuestas, la necesidad intrínseca de hacer las preguntas no cesa. Porque somos así los seres humanos: intensos y repetitivos. Quién actúe bajo otra naturaleza, debe ser juzgado como un alienígena comegente o primo hermano de Edward Cullen, que ahora que lo pienso, son más o menos la misma cosa.

Entre amigas hay varias preguntas de esta índole que distinguen el nivel de amistad. Desde “¿Y estás segura que esos zapatos no te quedan pequeños? parecen de mi talla”, hasta la famosa pregunta que cualquier persona que haya tenido una mejor amiga que no cuenta nada, conoce muy bien:

Capítulo 16 de The Girl Code: “Nunca dejarás de preguntar “¿estás bien?” a una amiga.”

Toda mujer digna de llamarse ante el mundo como tal, debe estar total y completamente consciente que sus amigas pasarán, como ella, por momentos difíciles a lo largo de su frondosa amistad.

Es usual que el comportamiento de nuestras allegadas no siempre sea el de compartir lo que piensan o gritar como un hipogrifo cuando necesitan ayuda, por tanto nuestro deber recae en intentar extraer con cuchara de postre, los sentimientos oscuros que nublan el humor de nuestras amigas.

Sabemos que no están bien cuando no quieren hablar, cuando los ex novios consiguen nuevos amores, cuando deben sacar 30 en un exámen para pasar una materia, cuando el vestido para el matrimonio no entra, cuando la peluquera con presbicia cortó mal la pollina, cuando en la lonchera le mandaron un huevo duro, cuando el vuelo se canceló, cuando el carro se dañó, cuando la uña se rompió y cuando alguien enfermo cayó.

Ahí hay que preguntar “¿estás bien?”

Cuantas veces sea necesario, mientras más aturdes, más probabilidades de conseguir respuesta a cambio y la verdad es, que aunque no lo sepan, puede que necesiten hablar. Así sea de lo horrible que fue limpiar el edredón blanco cuando el perro de su hermana hizo sus gracias sobre él.

Yo, como mujer hecha y derecha juro solemnemente seguir el artículo 16 de The Girl Code.

¡HOOZA!

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