Freud sabía por qué siempre sales con el mismo tipo de persona

He oído hablar en repetidas ocasiones a personas que alegan tener un “tipo”, refiriéndose a que siempre salen con individuos cuyas características físicas y de personalidad son similares. Este tipo que la persona busca puede corresponder a gente introvertida y tímida, quizás a alguien que disfruta de salir a festejar regularmente o, en otras ocasiones, a personas abusivas. 

Este estereotipo personal se construye de las experiencias individuales de cada quien. La razón de buscar lo que llamamos “tipo” hoy en día remite ―según la teoría Freudiana― a alguna vivencia en la niñez que deja una especie de marca tanto psíquica como física a la que el individuo intentará dar respuesta durante el resto de su vida, a menos que esa experiencia pasada se lleve a la conciencia a través de terapia. 

Todo esto lo desglosaremos para responder la pregunta: ¿por qué siempre salgo con el mismo tipo de persona? Comencemos por lo básico: Freud planteó que existen etapas del desarrollo psicosexual que comienzan desde que nacemos hasta que llegamos a la adultez. En cada una de estas fases, una parte del cuerpo se relaciona con lo que está sucediendo a nivel de desarrollo y evolución anatómica, y tiene un correlato importante con lo que sucede y sienten los niños. Estas etapas son oral, anal, fálica ―en la cual ocurre el famoso complejo de Edipo y se concreta la elección del objeto de amor, la cual, en efecto, toma muchos elementos de los padres para construirse―, la latencia, y la genital o pubertad.

Quizás están pensando: ¿qué tienen que ver todas estas fases y partes del cuerpo con que siempre busque al mismo tipo de hombre? Freud plantea que a lo largo de estas etapas podemos vivir experiencias que dejan marcas en el desarrollo psicosexual de la persona y que se manifiestan también en el cuerpo.

Jacques Lacan, un psicoanalista francés que construyó su teoría a partir de los supuestos de Freud, propone el concepto del “goce”, que describe como aquella manera de satisfacernos, de disfrutar, según los hitos del desarrollo que lo determinen. Es decir, la persona aprende a “gozar” buscando volver a sentir lo que experimentó en el momento en que ocurrieron esas “marcas”. Por eso, Freud plantea que aquello que queda con nosotros de cada una de estas etapas conforma nuestra sexualidad. Piénsalo, ¿cuáles son las cosas que más disfrutas de tu vida sexual?

Además, puesto que los padres son las primeras personas con las que los niños se vinculan, es a partir de esa relación que aprenderán a socializar con los demás. Usemos el ejemplo de una persona que nació en una familia con padres violentos. El niño, como víctima de maltrato, aprenderá que esa es la manera de relacionarse con otros. Luego crecerá para buscar a parejas que satisfagan ese goce, según Lacan.

Es así como Mari, tu amiga, inconscientemente satisface lo aprendido durante su desarrollo saliendo con hombres que le faltan el respeto a las mujeres y la llaman para gritarle porque le dio like a la foto de otro tipo en Instagram. Esto evidencia que el goce, aunque es necesario para la persona adulta, es algo bastante abstracto e inconsciente que no se asocia con la felicidad en sí, sino con la satisfacción de necesidades que pueden ser tóxicas. Por esta razón, Freud decía que el síntoma es un sustituto de una satisfacción pulsional. 

Ahora bien, si nos hace daño el tipo de pareja que buscamos, ¿por qué seguimos cayendo en la misma “trampa”? A Freud esto también le frustró bastante, pues su bandera era que el inconsciente seguía el “principio del placer”, así que al psicoanalista no le quedó de otra que titular su siguiente obra Más allá del principio del placer. En ella plantea la existencia de lo que llama “compulsión a la repetición”, en la que el contenido traumático inconsciente ―porque los traumas se reprimen y por ende se hacen inconscientes―, al no ser tratado en terapia y llevado a la consciencia, hace que la persona caiga en conductas repetitivas y estereotipadas, ya que su funcionamiento saludable está siendo intervenido por el trauma. Sí. Todo eso pasa inconscientemente y no solo aplica para relaciones amorosas, sino también para amistades y compañías a corto plazo. 

Recapitulando, las marcas que quedan del desarrollo psicosexual sumadas a lo que la relación con nuestros padres nos enseña sobre vínculos con otros tendrá como resultado nuestra sexualidad. Con base en esto, se determinarán las conductas y preferencias románticas y sexuales de la persona adulta, y mediante ellas esta podrá satisfacer su manera de gozar. 

Una salvedad que debo hacer es que no solo son aquellas personas que buscan parejas abusivas las que tienen traumas reprimidos y deben ir a terapia, puesto que el desarrollo deja marcas en todos nosotros y no es algo exclusivo de aquellos con vidas románticas tóxicas. También existen otras marcas más pequeñas que se manifiestan en nuestra dinámica de pareja y que no son exactamente saludables, como lo son querer revisar celulares y ser celoso, controlador o manipulador, entre otras cosas. Estas conductas también deberían ser exploradas con ayuda de un profesional. 

Moraleja: todos tenemos que ir a terapia si queremos tener vidas románticas saludables.

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Instagram Feed Instagram Feed Instagram Feed Instagram Feed Instagram Feed
TheA logo
Más artículos
Los nuevos retos de Autismo Dejando Huella: una alternativa para el autismo en la adultez