Ser feminista no significa que tus axilas están cubiertas de vello

Ser feminista no significa que tus axilas están cubiertas de vello

Por alguna razón se ha convertido en un problema recurrente que diga en público, en especial frente a ciertos grupos de hombres (y en algunos terribles casos, mujeres) que soy feminista.

Sé que no me sucede a mí solamente, sino que es un término que le suena como mal a mucha gente y por eso me pareció buena idea abordarlo.

En una conversación regular, en un ambiente social normal, decir de repente que eres feminista, transforma tu imagen ante los ojos de quienes te escucharon decir the “F” word.

Casi inmediatamente imaginarán que debajo de tu blusa hay axilas cubiertas de vello, que has deseado toda la vida que te salga un bigote parecido al de Frida Khalo, que posiblemente le cortaste el miembro viril al último hombre que te contradijo, que te has intentado orientar sexualmente a las mujeres, que la religión es sarna y que todo hombre sobre la faz de la tierra merece comer de rodillas del plato de un perro chihuahua.

La mujer que antes consideraban bonita y agradable, ahora es una especie de ogro de pantano que colecciona penes en una gaveta en su cuarto.

Justo después de esta transformación óptica, las personas que se atrevan a sacarte el tema buscarán cuanto argumento incoherente se les ocurra para hacerte ver lo que ellos quieren y la conversación rondará por los siguientes temas:

  1. Aunque lo digas, realmente no eres feminista, según ellos.
  2. Si realmente eres feminista, los hombres no tienen la culpa de que seas una resentida.
  3. Van a confundir caballerosidad con machismo, muchas veces.
  4. Insistirán que la sociedad latinoamericana es incurablemente machista.
  5. Sugerirán que simplemente hay cosas que las mujeres no pueden hacer.
  6. Te dirán que no hay necesidad de ser feminista en el siglo XXI.
  7. Por alguna razón el argumento fuerte siempre será quién debe pagar la cena.
  8. Te preguntarán si te has vuelto caníbal y si los tacos de ese día se hicieron de carne molida de hombre anti feminista.
  9. Finalmente acudirán al argumento de que aunque las mujeres deben trabajar en lo que quieran, no deberían ganar más que su pareja masculina.
  10. Habrá gritos, interrupciones, malas caras, chistes pesados y una que otra pregunta sutil sobre si te depilas o no.

Claro, cuando se tienen energías, cada uno de los 10 puntos anteriores es abordado con argumentos irrefutables, ensayados desde hace años y actitudes sobradas, porque a fin de cuentas, tú sabes que tienes razón.

Sin embargo, luego de un tiempo, te parece increíble que todavía en el 2017 tengas que pelear el hecho de que ser feminista no significa que estás infectada por un virus zombie que te obliga a odiar la cera de depilación más que a los hombres.

No tienes que renunciar a la feminidad, a las expectativas de desear una familia, al hecho de que te gusten los hombres ni a las afeitadoras por adoptar el hecho de que eres feminista.

Eres feminista y no “feminazi”. Las películas y la televisión le han dado de comer a una sociedad hambrienta por argumentos para acabar con el feminismo, un gran plato de malos entendidos sobre lo que es ser feminista.

Una feminazi es una feminista radical, y como cualquier radical lleva las cosas hasta un extremo ridículo e imaginario, haciendo quedar a los no radicales mal.

De la misma manera que los católicos, los vegetarianos, los gays y los musulmanes han dicho que el sector radical que los distorsionó ante el mundo no los representa, digo lo mismo en nombre de las feministas.

Quiero oportunidades de educación y de trabajo iguales a las de los hombres para todas las mujeres en el mundo.

Quiero que me paguen lo mismo que al hombre por el mismo trabajo.

Quiero que me dejen de ver únicamente como objeto sexual.

Quiero que mi opinión importe tanto como la de cualquier hombre.

No quiero que nadie se sienta amenazado porque mi pago sea mayor que el de ellos, si me lo gané, es mi derecho.

Quiero poder ser capaz de sentirme bien en un ambiente sexual sin ser reducida a categorías como “prostituta” o “insinuadora”.

Quiero poder elegir cuándo y dónde tengo un bebé.

Quiero ver a la primera mujer cabeza de la Iglesia Católica.

Quiero presenciar más mujeres fuertes en la política, en la ciencia, en la música y en el cine.

Quiero vivir en un ambiente donde no sienta que soy atacada por querer estas cosas.

Quiero que la gente que no se ha tomado el tiempo de pensar en el feminismo, entienda que no pedimos nada extraordinario. Pedimos lo que en teoría debe ser normal.

Soy feminista y sigo usando tacones, usando pintura de boca, me sigue gustando que me abran la puerta del carro y que me inviten a salir.

No porque quiera igualdad de derechos, deseo que todos los hombres sean mis esclavos.

“Feminismo” no es una palabra sucia. “Desigualdad” sí lo es.

“Sobaco” tampoco es una palabra bonita, pero eso es otro tema.

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