Evolución de ‘la histérica’, desde los egipcios hasta hoy

Seguramente más de una vez has escuchado a alguien usar la palabra “histérica” para describir alguna conducta errática, específicamente la de una mujer. Para hablar de este tipo de comportamientos en hombres utilizamos otras palabras, pues la histeria tiene una carga histórica importante que señala a la mujer y que vamos a desglosar a continuación. 

A lo largo del tiempo se ha intentado especular sobre la naturaleza del cuerpo y la mente femenina, pues es menos evidente que la masculina. Sigmund Freud, padre del psicoanálisis, planteó que la sexualidad del hombre es visible, hacia afuera, y se manifiesta en la forma de una erección, mientras que la mujer debe descubrir la suya, pues es hacia dentro y, de alguna manera, secreta. Sin embargo, hubo mucho que Freud no logró entender sobre la mujer, por lo que alguna vez expresó: “He aquí la gran incógnita que no he podido resolver, a pesar de mis treinta años de investigación sobre el alma femenina: ¿qué es lo que quiere la mujer?

Para intentar dar explicación a este misterio, los médicos en algún momento de la historia empezaron a utilizar el término “histeria”, transformándolo a lo largo del tiempo para intentar dar respuesta a las grandes incógnitas que presentan la mente y el cuerpo femenino.

El útero ambulante 

Los antecedentes más remotos de la histeria pueden encontrarse en Egipto, donde hay papiros que describen síntomas de depresión y otros trastornos, entre ellos el “movimiento espontáneo del útero” y las convulsiones tónico-clónicas ―violentas contracciones musculares― que se relacionaban con la mujer. 

Papiro Kahun
Papiro Kahun
Francis Llewellyn Griffith

En Grecia se habló más bien del “útero ambulante”. Se creía que este órgano se movía dentro de la mujer en búsqueda de semen. Sí, leíste bien, en búsqueda de semen. Hipócrates, el padre de la medicina moderna, fue el primero en utilizar el término y luego el médico griego Areteo lo describió de la siguiente manera:

En medio de los flancos de las mujeres yace el útero, una víscera femenina, que se parece mucho a un animal […], se deleita en olores fragantes, y avanza hacia ellos; y tiene aversión a los olores fétidos, y huye de ellos; y, en general, el útero es como un animal dentro de un animal.

Traducción de Francis Adams

Se encontró también este papiro de la época, probablemente escrito por el médico y filósofo griego Galeno, sobre la “apnea histérica”, una condición que sufrían las mujeres al tener un ataque histérico acompañado de una “sofocación” que afectaba una parte del cuerpo en específico. 

Aapnea histérica
Papiro médico que describe la “apnea histérica”
© University of Basel

En Roma se mantuvo el legado de Hipócrates y Galeno, y los primeros profesionales de la salud hicieron investigaciones que pulieron el concepto de la histeria, convirtiéndolo en algo un poco más parecido a lo que descubrieron Freud y Jean-Martin Charcot luego. 

A pesar de que esto sucedió en momentos históricos distintos, la descripción de lo que sucedía durante el ataque histérico no varió mucho. La sofocación, la parálisis y la afectación de una parte del cuerpo seguían siendo síntomas constantes a los cuales se les intentó buscar una cura que estaba fuertemente relacionada con la cultura y los avances tecnológicos de la época.

Durante la Edad Media, la histeria adquirió un tinte político y religioso, por lo que las mujeres diagnosticadas con esta condición eran exorcizadas, pues se creía que seres malignos infestaban el cuerpo. Por esta razón, no hubo tantos avances científicos como en otras épocas. 

La masturbación como tratamiento de la histeria

Durante el Renacimiento se retomaron las teorías originales sobre la histeria, despojándola de la connotación demónica que había adquirido anteriormente. En esta época, además, el útero empezó a considerarse un símbolo de inferioridad de la mujer. 

Giovan Battista Codronchi, médico italiano, trató la histeria insertando sus dedos en los genitales de las mujeres y masturbándolas para estimular el orgasmo, lo cual induciría una relajación del área pélvica, curando así los ataques histéricos. Este tratamiento luego sentó las bases para la creación de una máquina capaz de hacer el mismo trabajo: el vibrador.

Las brujas histéricas

Durante los años 1500 se volvió a demonizar la histeria, sin embargo, esta vez se le llamó “brujas” a las mujeres que demostraban síntomas histéricos. Así fue, entonces, como toda mujer que demostrara una conducta histérica fue tildada de bruja y castigada como tal.

Más tarde en este periodo apareció Philippe Pinel, quien fue el primero en quitarles los grilletes a los pacientes psiquiátricos, incluyendo a las mujeres, en el Hospital de la Pitié-Salpêtrière en París. 

La hipnosis como tratamiento de la histeria

También en el Hospital la Pitié-Salpêtrière se encontraba Jean-Martin Charcot, quien creía que la histeria era una enfermedad hereditaria degenerativa del sistema nervioso. Charcot hizo investigaciones al respecto e introdujo la hipnosis como método de tratamiento. 

hipnosis histeria
Charcot haciendo la demostración de la hipnosis en el Hospital la Pitié-Salpêtrière
Wellcome Library, London

Charcot creía que en estado de hipnosis las pacientes podían recrear los síntomas y así atenuarlos en el estado consciente. Sin embargo, se demostró que muchas veces los síntomas migraban para afectar otra parte del cuerpo. Por ejemplo, Augustine, una de las pacientes más complicadas de Charcot, tenía síntomas que iban desde las alucinaciones y la parálisis hasta las alteraciones de la visión, y una vez que era curada de estos, otra parte del cuerpo se veía afectada. 

Sigmund Freud, quien trabajó durante mucho tiempo con Charcot, se separó de él para empezar a estudiar la histeria desde una óptica distinta. Él creía que esta condición se experimentaba debido a una cicatriz que remitía a una experiencia traumática y producía síntoma en el cuerpo. A esto le dio el nombre de “conversión histérica”, puesto que era imposible delimitar el área afectada y por ende, esta burlaba el saber médico, ya que no tenía una correlación neurológica. Con esta teoría, además, Freud aseveró que los hombres también pueden ser histéricos. 

Freud introdujo lo que su paciente Anna O. llamó “la cura del habla”. En este proceso terapéutico, quien padece de la condición puede llegar al momento traumático y así desmontar el síntoma a partir de asociaciones inconscientes entre las representaciones psíquicas que alberga el inconsciente.

La cura del descanso y el primer vibrador

Otros tratamientos para la histeria nacieron alrededor de esta época. S. Weir Mitchell inventó “la cura del descanso”, recomendando a la mujer estar en cama sin moverse, tomar cuatro onzas de leche cada dos horas y defecar u orinar en cama… Ah, y alejarse del material intelectual. A personas como Edith Wharton y Virginia Woolf les fue prescrita la cura del descanso, puesto que se creía que una de las causas de su enfermedad era la educación. 

El deseo de la mujer de estar al nivel competitivo del hombre y asumir sus deberes es, estoy seguro, hacer travesuras, porque creo que ninguna generación que haga cambios en su educación y modos de actividad realmente alterará sus características.

Poco después surgieron los masajes pélvicos como cura y se inventó el primer vibrador, utilizado para relajar los músculos pélvicos y drenar los fluidos sexuales que generaban la histeria. Verás, se creía que la producción y retención de fluidos genitales eran responsables de causar las sofocaciones y parálisis. 

masturbación mujer histérica
Aviso que promocionaba el vibrador

La película Histeria retrata la creación del vibrador. Al final hay una vuelta feminista que seguramente no sucedió, pero el resto es una representación más o menos buena de lo que era el tratamiento de la histeria para ese entonces.

Los derechos de la mujer y la histeria

En los años cincuenta, los derechos femeninos eran un tema que cada vez generaba más ruido. Así, las mujeres tuvieron la libertad de empezar a pensar que quizás su único lugar no era en la casa y a las que fueron lo suficientemente valientes como para expresarlo se les calificó de histéricas. 

Una representación de esto en la ficción es el personaje de Julianne Moore en The Hours, Laura Brown. En la película, ella lee Mrs. Dalloway, un libro escrito por Virginia Woolf, y empieza a cuestionar su vida de ama de casa, lo cual la hace pensar que está comenzando a volverse loca. 

En Revolutionary Road, Kate Winslet también interpreta a un personaje que se rebela en contra de lo que se espera de ella como una típica esposa suburbana: amar a su esposo, estar celosa por sus infidelidades y querer criar un hijo. En esta escena, podemos ver la reacción Leonardo Di Caprio, su marido en esta película, cuando le confiesa sus infidelidades y a ella parece no importarle. 

La visión contemporánea de la histérica

Charlotte Pickles en Rugrats a menudo era tratada como una histérica debido a su carácter independiente y sus opiniones asertivas. De alguna manera, esta representación hizo una contribución importante para el que concepto de la histeria migrara a su concepción contemporánea. 

Connotaciones negativas sobre las histéricas se mantienen hoy en día, aunque en una proporción mucho menor, entendiendo que el comportamiento no es el producto de una enfermedad o alteración neurológica. Sin embargo, existe un mensaje subliminal cuando se le llama así a alguien, que se traduce en que a esa persona “le falta sexo”, remitiendo un poco a lo que se creía hace muchos años, cuando la falta de liberación sexual debía ser remediada con tratamientos como el vibrador.

Es curioso cómo a lo largo del tiempo se les ha intentado dar sentido a la mente y el cuerpo de la mujer, lo triste es que haya sido a expensas de la visión que se tiene de ella. Esperemos que los avances científicos y sociales poco a poco vayan despojando los términos negativos con los que se suele calificar a la mujer y empiecen a utilizar esa energía en cualquier otra cosa que sí tenga sentido, como el cambio climático y el reciclaje.

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