No soy como las latinas que muestran en la televisión

No soy como las latinas que muestran en la televisión

A los ojos de los europeos, los asiáticos, los estadounidenses y básicamente para toda otra persona que no haya nacido dentro del territorio comprendido desde Tijuana hasta la Patagonia, las latinas somos descritas de una manera muy específica.

Sugerir ante un extranjero que eres “latinoamericana” es una frase que viene cargada de tanto expectativas físicas, como familiares, de oficio, de carácter e incluso sexuales.

Antes de que siquiera escuchen tu nombre o lo que tienes que decir, es común que alguien no familiarizado con la cultura latina haga asumpciones de quién eres y cómo te manejas.

Estas presunciones comprendidas bajo una expectativa común y además legitimida por los medios, la televisión y el cine, se llama estereotipos.

La Real Academia de la Lengua Española lo define de la siguiente forma:

Del gr. στερεός stereós ‘sólido’ y τύπος týpos ‘molde’.

1. m. Imagen o idea aceptada comúnmente por un grupo o sociedad con carácter inmutable.

Según el A to Z de The Amaranta, estereotipo se define de la siguiente forma:

Código absurdo en el que se asume que una gran población es de la misma forma que nos la muestran en la tele porque no nos importa culturizarnos, abandonar la ignorancia o leer un libro, cualquier libro.

En nuestra era hay un bonito sector del mundo que se preocupa por despreciar los estereotipos, por respetar las minorías y por garantizarle derechos dignos a todos.

Otra parte de nuestro mundo desea hacer programas de televisión con tremendo rating.

Devious Maids, Modern Family y películas como Spanglish fueron identificadas y recordadas por Refinery29 y por Cosmopolitan por promover estereotipos de las latinas ante una gran audiencia. Todas las anteriores tuvieron gran éxito de taquilla y contribuyeron a que todas aquellas cosas que se asumen de la mujer latina, se materialicen en pantalla y así de cierta forma llevaron estas creencias de la ilusión a la realidad.

Hacer amigos de otros países conlleva explicar en repetidas ocasiones que a diferencia de Jennifer Lopez en Maid in Manhattan, las latinas no siempre somos como el estereotipo que te venden en las películas.

Todas somos católicas rajadas:

Son pocas las amigas que tengo que son fervientes visitantes de la iglesia los domingos. No todas nos persignamos ante cualquier problema en actitud alarmante, ni tenemos un sacerdote de confianza. No que esté bien o mal, sino que simplemente no todas somos así.

Todas queremos vivir en Estados Unidos:

Realmente muchas preferiríamos comer arepa de desayuno, almuerzo y cena, antes que terminar en un pueblo perdido en el centro de EEUU con un solo semáforo.

Todas somos criminales:

Por alguna razón todos creen que todas las latinas venimos de un barrio peligroso y que hemos salido recientemente de la cárcel por apuñalar a una mujer que vio mal a “nuestro hombre”.

Todas hablamos inglés con acento:

No, no todas tenemos acento. Y de ser así, eso solo significa que yo sé otro idioma, ¿what about you gringo from Illinois?

Todas bailamos salsa sensualmente:

Porque para el resto del mundo, la única música latina es la salsa. Para sorpresa de ustedes, mundo, no todas meneamos las caderas como Shakira y pocas conocen el nombre “Héctor Lavoe”.

Todas somos señoras de servicio:

Aparentemente, todas nos graduamos del colegio, la universidad y un postgrado para ir a tender camas en un hotel. No que sea un trabajo indigno, pero es absurdo pensar que eso es todo lo que aspira una mujer latina o que su vida se reduce únicamente a un oficio.

Todas nos enamoramos de hombres peligrosos y abusadores porque son buenos amantes:

No tengo ni siquiera idea de cómo nació este estereotipo. Pero lo que sí se es que los abusadores, lo son porque tienen otros complejos, específicamente relacionados con la parte de ser amantes (if you know what I mean).

Todas somos sexy y ardientes:

Mira, no pues. La torpeza y la tosquedad no fue eximida del continente latinoamericano cuando Dios la repartió por el mundo.

Todas venimos de grandes familias:

Es el siglo XXI y los métodos anticonceptivos y la televisión también llegaron debajo de la frontera. Ya la gente no tiene tantos hijos.

Todas somos ruidosas:

Tampoco nos eximieron de la timidez en Latinoamérica.

Todas tenemos curvas, pelo largo, marrón y ondulado, y piel morena:

Evidentemente no han visto a nadie de Venezuela quemarse rojo como una langosta.

Todas somos madres prematuras:

Insisto, anticonceptivos y televisión gente.

Todas nos llamamos María:

No, en verdad todas nos llamamos Rosa.

Puede que tengamos una que otra característica de estas que alimentan el estereotipo de la mujer latina. Sin embargo, el problema de este estereotipo, al igual que todos los otros, es que reducen nuestra actitud a una lista de cosas que la gente asume que somos, antes de juzgarnos por nuestro carácter.

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