Estamos pasando por la teoría de los siete años

Estamos pasando por la teoría de los siete años

En este mundo, donde catástrofes naturales, guerras, dictaduras y accidentes nos pueden cambiar la vida de un día para otro, el ser humano se aferra a cualquier tipo de creencia (o locura) para asimilar de manera más positiva toda la situación. En pocas palabras, darle vuelta a la cachapa. 

Ver relacionados:

#BitchYouDumb: no creas en horóscopos

Por qué ser un escéptico de la astrología no es tan inteligente como parece

¿Por ejemplo? 

Bueno, en un país como Venezuela, donde tenemos 19 años en dictadura y Maracaibo tiene más de cuatro días sin luz, hay muchas personas que se aferran a las predicciones de una vieja, haciéndose llamar bruja, quien tiene cinco años diciendo que “esto no llega a diciembre”.

Tanta es la desesperación y la falta de opciones para salir de toda esta situación, que estas predicciones, por más absurdas que parezcan, son la única esperanza para la gente que quiere ver con desesperación la luz al final del túnel.

¿Como creer en el horóscopo? 

Exactamente. Hay muchas personas en el mundo que dependen religiosamente de lo que su astróloga de confianza tiene que decirles este mes: cómo se ve nuestro verdadero amor, qué número jugarse en la lotería, o cuándo cortarse el pelo según las lunas, y al final todos terminamos igual; pobres, con horquetillas y creyendo que el amor de nuestras vidas estaba en el mercado porque tocamos el mismo tomate.

*Menos la Asstrología de The Amaranta. Esa editorial está completamente respaldada por los ASStros.

Como seres mundanos nos encanta adivinar qué nos prepara el futuro o por qué nos encontramos en este presente, por lo tanto, vamos a explicar otra teoría astrológica en la que se basan muchas personas para sobrellevar su vida. 

La teoría de los siete años.

¿Como los gatos?

No precisamente. Esta teoría habla de que cada siete años, los humanos tenemos cambios radicales en nuestras vidas. Esta suposición cósmica parte de la idea de que el número siete, además de ser la cantidad de días de la semana, los colores del arcoiris, los siete planetas más uno y los pecados capitales (entre otras coincidencias bastante tontas), representa el cierre de un ciclo a través de los años en cada uno de nosotros. 

Todo este mezclote tiene una explicación más astrológica relacionada con las vueltas al sol de los planetas, ya que todos, al culminar el recorrido, el tiempo de viaje es múltiplo de siete. Por lo tanto, ciclos de vida. 

No entendí lo de los planetas.

Yo tampoco, así que mejor continuemos. 

Siendo “cambios radicales” la base principal de dichas etapas, cuando culminamos el periodo de tiempo, es porque vienen o estamos pasando por alteraciones en nuestra rutina. 

¿Cambios como qué?

Como tener un trabajo nuevo, que tu novio te monte cachos y termines, empezar a estudiar y así. La teoría plantea, por ejemplo, que en el primer tramo, los niños desde que nacen hasta los siete años se preparan para empezar el colegio, y así iniciar una de las etapas más importantes de la educación.  

Ahora, el ciclo en el que nos encontramos la mayoría de escritoras y lectoras de esta revista, el de los 21 a los 28, consta principalmente en el desarrollo de las relaciones tanto personales como laborales. Es en este periodo de tiempo donde conocemos a las personas más importantes de nuestras vidas y empezamos con los proyectos de trabajo que podrían formar parte fundamental de nuestra carrera. 

Ya somos adultos, por lo tanto nos toca hacernos responsables de nuestras acciones y dejar de depender emocionalmente de una figura superior.

Ojo, aclaro emocionalmente y no económicamente ya que vivimos en Venezuela y así tengas tres trabajos, solo vas a poder tomarte unas birras a fin de mes.

También están los casos de personas que luego de una carrera, dos posgrados, y de trabajar años en la parte de Recursos Humanos de una empresa, renuncian a todo y se dedican a ser comediante porque ahí es realmente dónde se ven.

Excepciones como esas hay millones, pero por casualidad siempre suelen ocurrir empezando o terminando estos tramos de siete años.

Yo creo que es mera coincidencia

Puede ser. Pero también tiene lógica que después de estar siete años sentada en el mismo cubículo quieras innovar un poco la rutina.

Así que jóvenes incomprendidos de este nuevo milenio, asustados como yo porque tienen 21 años y no saben qué cambio drástico les espera en la vida, si nos sentimos estancados, démosle la vuelta a la tortilla; y si no, esperemos a que el destino nos sorprenda. A lo mejor viene la caída de Maduro y no existe mejor cambio drástico que ese.