Sifrizuela: un meme nostálgico de Venezuela

El que se ríe bien se ríe dos veces

Cualquiera que se haya topado con la cuenta de @sifrizuela en Instagram puede concluir tres cosas sobre sus publicaciones: son magia, son diversión y un meme hecho inteligentemente es tan sabroso como reírse de uno mismo.

La República Caurimarera de Sifrizuela, como su nombre de cédula señala, ha logrado unir a una comunidad de 23 mil seguidores desde su primera publicación en noviembre del año pasado. Tal hazaña —envidiable para cualquier aspirante a influencer amante de los regalos gratis y entradas de cortesía— fue lograda a partir de memes que, como una máquina de rayos X, decodifican y descomponen en elementos primarios los rasgos innegables de una comunidad sifrina.

Según una página de dudosa legitimidad basada en Chile que habla sobre etimología, un sifrino es el calificativo utilizado en Venezuela para referirse despectivamente a una persona de buena posición social que menosprecia a aquellos que no forman parte de su estrato y que se regodea en la discusión con sus pares sobre temas superfluos. Esta palabra indica también el deseo insaciable por exhibir sus posesiones caras y hacer alarde de ellas con un distintivo “mandibuleo”. Un término popularizado en los ochenta por el grupo Medio Evo con su canción Laura Pérez, La sifrina de Caurimare y, como dijimos antes, traído a la mesa virtual de las redes sociales este año por Sifrizuela.

Para más referencias, consultar Chica Plástica de Rubén Blades.

A primera vista, la cuenta se muestra como una buena risa lograda a través de una aplicación impecable de la ciencia memeológica, pero en segunda consideración, como todo buen chiste, Sifrizuela invita a una reflexión sobre la sociedad venezolana. Punto de inicio para preguntas existencialistas como: ¿realmente existe eso de ser diferente?, ¿ni queriendo puedo escapar del molde en el que nací?, ¿soy todo aquello que critico?, ¿cómo diantres yo, que pienso que soy distinta, terminé encapsulada en un starter pack con 4 imágenes?, y la pregunta del barril de petróleo a 120: ¿quién, por el amor a la keratina, es la gente que maneja esta cuenta?

Como autoreconocida sifrina, la existencia de Sifrizuela me inquietaba por varias razones, la principal de ellas siendo la inteligencia y consciencia social con la que humildemente se subían las publicaciones a Instagram. Con un uso ingenioso de la sátira, el buen humor y la evidencia de que detrás de este usuario hay alguien que ha hecho su tarea sobre historia de Venezuela, Sifrizuela ha logrado lo que en mi opinión distingue a un buen comediante: primero te ríes de otros, luego te ríes de ti mismo y por último no sabes si seguir las carcajadas o ponerte en posición fetal y llorar. Sublime.

Sus memes, starter packs, videos e ilustraciones pican de una manera deliciosa como cualquier placer culposo. Sirven como fotografías de momentos y personas que forman parte de la juventud de un país, de distintas tribus millennials atrapadas en o exiliadas de un mismo hostil reino animal.

Allí recae el segundo elemento clave de esta cuenta: es un punto de encuentro para una comunidad de jóvenes que nacimos en el mismo lugar y que nos hemos visto pateados por la misma bota. Unos en otras tierras y otros padeciendo en la misma, Sifrizuela es casi nostalgia en forma de DM para amigos que solo pueden mantener contacto por redes sociales.

El anonimato sin duda es lo que mantiene la magia de la cuenta. Hombre, mujer, uno o varios, no sabemos si están en Venezuela o si como muchos otros patean calles internacionales. De lo que podemos estar seguros es que esta versión tropical/venezolana de Gossip Girl nos tiene deseando inquietamente descifrar quién se esconde detrás de ese XOXO.

Por estos motivos, decidí disfrazarme de la persona que sería The Amaranta si fuese de carne y hueso, y escribirle unas preguntas a Sifrizuela para meter un poco el dedo en el cerebro de quien —o quienes— manejan su contenido. De un medio digital a otro.

Antes de que comencemos a preguntarte dónde naciste y quiénes te crearon, nos está partiendo la cabeza una pregunta: ¿eres sifrino o no?

A menos que alguien tenga el empeño de un antropólogo al estudiar etnias aisladas, creo que sería difícil que unos no-sifrinos conociesen con tal ojo de insider aquel mundo esotérico de la sifrinidad venezolana.

Ahora sí, ¿dónde y de quiénes naciste?

La República Caurimarera de Sifrizuela nació en la Clínica Leopoldo Aguerrevere en algún punto de los setenta —o quizás antes, con la Constitución de 1961—, es hija de la Venezuela Saudita y de la tarjeta de crédito negra. Nací del petróleo, de la modernidad occidental siendo desmoralizada por la periferia, del colonialismo, de la sociedad de consumo y de ciertos ideales de la ilustración francesa que se desvirtuaron en el delirio tropical.

¿Piensas que nosotras somos sifrinas?

No las conocemos a todas, así que no podemos responder con totalidad. Algunas no lo son, pero Mafe Figuera Mendoza claramente sí lo es.

¿Ser identificado como sifrino debería ser un insulto?

Si te insulta que te digan lo que eres, sí. Si eres sifrinofóbico —y seguramente chavista de clóset— también.

¿Fresa y sifrino son sinónimos? ¿Existen otros nombres para referirse a ellos?

Fresa es el sifrino mexicano y sifrino es el fresa venezolano. Como especies del mismo género, tienen muchos parecidos y diferencias particulares. En Colombia los llaman gomelos, en Panamá son yeyés, en Argentina y Uruguay son chetos, en Chile son cuicos y pelolais, en Perú son pitucos, en Ecuador son pelucones, en Puerto Rico son guaynabitos y en España son pijos, aunque allá ya es diferente porque no tienen las enormes brechas socioeconómicas que hay en la América Latina. En Venezuela también los llaman niños bien, y en Carora y ciertas zonas de Lara aún les dicen godos, como se le llamaba despectivamente a un bando conservador de la clase alta en el siglo diecinueve.

¿Qué opinas sobre el gran letrero que dice “Caurimare” al estilo del icónico cartel de Hollywood en Los Ángeles?

Memoria urbana. Ícono de una sociedad petrolera y americanizada. Ojalá no cometan una guarrada con ella como hicieron hace poco con la valla de Savoy de Bello Monte.

¿Por qué crees que ha crecido tan rápidamente tu comunidad de seguidores?

Por un lado, se trata de un sector social que no tenía representación o espacio propio. Por otro, se debe a gente a la que le gusta el humor inteligente y perspicaz.

¿Qué tienen de especial las 62 personas que sigues en Instagram?

Bueno, ya casi son 70. Son los ciudadanos más representativos de la República según los diferentes ámbitos de Sifrizuela: los políticos y activistas sifrinos, las diseñadoras de moda y las fashion bloggers, las cuentas fitness, los actores y actrices de Westonzuela, los sifrizolanos en el exilio con sus comediantes y, finalmente, las cuentas de las instituciones sifrinas: los colegios privados de renombre y los clubes.

¿Por qué decidiste crear contenido más serio, de crítica política y de odas a grandes personajes venezolanos?

Al final del día, Sifrizuela es una caricatura de sus creadores, un hijo de hipérboles de nuestras personalidades. Es tanto una revisión crítica de la sifrinidad como una apología de la misma, de ahí viene nuestro característico comentario social. No es que nosotros estemos tratando de dar clases, sino que, en cambio, es más bien un “Esto me parece cool o que invita al pensamiento, los sifrizuelos se lo podrían tripear”.

Si yo digo Code Pink, tú dices…

Colonialismo y apología al genocidio disfrazados de activismo pacifista.

¿Qué quieres que piense la gente cuando revisa tu feed?

Hay un pensamiento triste que nos ha pasado por la cabeza en estos meses que se ha formado la comunidad de sifrizuela. Sifrizuela es un server, una sociedad digital donde existe una Venezuela extinta, una realidad virtual de consolación donde nos encontramos a recordar y a hacer un país, una juventud que sabemos que no va a volver a existir.

Creo que la epístola de Bolívar a su tío Palacios encierra este mood: “Ud. se encontrará en Caracas como un duende que viene de la otra vida y observará que nada es de lo que fue. Ud. dejó una dilatada y hermosa familia: ella ha sido segada por una hoz sanguinaria: Ud. dejó una patria naciente que desenvolvía los primeros gérmenes de la creación y los primeros elementos de la sociedad; y Ud. lo encuentra todo en escombros… todo en memorias. Los vivientes han desaparecido: las obras de los hombres, las casas de Dios y hasta los campos han sentido el estrago formidable del estremecimiento de la naturaleza. Ud. se preguntará a sí mismo ¿dónde están mis padres, dónde mis hermanos, dónde mis sobrinos?”

¿Dónde aplico a la nacionalidad sifrizolana?  

Próximamente la República Cuarimarera inaugurará su sede de gobierno aespacial. Tal vez habrá un sifri-SAIME.

¿Una vez sifrina, siempre sifrina?

Es un tema mega amplio: la clásica discusión de nature v. nurture (innato o adquirido). Sifrizuela cree que uno es su carácter, su situación y su personalidad. Así como de Beauvoir decía “on ne naît pas femme: on le devient” (no se nace mujer: llega una a serlo), nadie nace sifrino, uno se convierte en sifrino mediante los rituales de afirmación de identidad y delimitación del grupo. En la cultura sifrina, el factor situacional, e.g. “ser de buena familia” —algo que uno no escoje—, tiene un peso más importante que en otras subculturas urbanas con menos barreras de entrada. Pero uno puede nacer sifrino y elegir no serlo, y viceversa. En pocas palabras: no necesariamente.

Desde tu punto de vista, ¿cuál es la magia de los memes?

Unión entre lenguaje y visualidad, como la publicidad, más humor y sátira generacional.  

¿Qué determina el éxito de un meme?

El balance de dos polos: qué tan fácil es identificarse con él y cuán innovador e imprevisto es.

¿Los sifrinos que te siguen se ríen de ellos mismos o se ríen de otros sifrinos?

Ambas, aunque principalmente de sí mismos.  

¿Cómo llamamos al resto del pueblo no-sifrino?

No sabemos. Los hippies norteamericanos y los punks británicos no tenían términos para aquellos fuera de su tribu.

¿Cómo sería el starter pack de The Amaranta?

Todo muy corporate SJW (Social Justice Warrior; en español, guerrero de la justicia social), colores pasteles y Netflix.

Siete palabras no admisibles en el diccionario de un sifrino

Chica, cabello, labial, ami, amiguis, orinar y mano.

Cinco canciones que no pueden faltar en el playlist de Sifrizuela

Precious Possession de Anna Wise, Canopée de Polo & Pan, Ojos así de Shakira, Me rehúso de Danny Ocean y, si me siento mantuano, Mañanita caraqueña de Evencio Castellanos.

Tres películas que ama Sifrizuela

Mayami nuestro, American Psycho y CAP 2 intentos.

Dos libros imprescindibles para Sifrizuela

La distinción de Pierre Bourdieu y Los amos del valle de Francisco Herrera Luque.

Una razón para seguirte

Yo soy la luz del mundo; el que me siga, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida. –Juan 8:12

No queda más que exhortarlos a que sigan la cuenta y se rían tanto como nosotras.

Besitos, XOXO.

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