Fray Luis Antonio Salazar: “Soy sacerdote, no un extraterrestre”

Estaba en una boda cuando alguien me dijo: “El sacerdote que va a dar la misa es famoso, búscalo en Instagram”. Hice caso y al entrar en la plataforma me di cuenta de que tenía cien mil seguidores, publicaba regularmente y hacía buen contenido. La misa fue muy bonita. El sacerdote era extrovertido, alegre y tenía una visión más moderna de la religión. Luego, en la fiesta, terminé hablando en un grupo sobre lo mucho que detesto a los coaches y entre risas alguien dijo: “Yo soy coach y él también”. Caí en cuenta de que esta persona se refería al cura famoso de Instagram, a quien después de una conversación animada, decidí que debía hacerle una entrevista. Luego me daría cuenta de que ese es uno de los atributos del Fray Luis Antonio Salazar: es un imán de personas. 

Llegué a su despacho, donde me tocó esperar por mi turno. Finalmente logré pasar después de siete personas y antes de todos los que llegaron luego a hacer la cola detrás de mí. Cuando entré el Fray Luis estaba coordinando una entrevista que le harían en una transmisión en vivo por Instagram en unos minutos. Cuadramos vernos en la tarde con la compañía de un café. “Mi abuela estaría tan celosa en este momento”, pensé. 

Durante la entrevista conocí mucho mejor al Fray Luis, pero también tuve la oportunidad de hacerle varias preguntas sobre aspectos que todavía no entendía de la religión o con los que no estaba de acuerdo. Debo decir que mis dudas fueron resueltas mejor que nunca y eso que asistí a un colegio católico por 15 años. 

A continuación los frutos de una tarde de conversación y café con una de las mejores compañías que he tenido. 

Antes de ser el Fray Luis Antonio Salazar

Era un chamo como cualquier otro, con una familia católica más o menos practicante. Primero, a los 15 años, entré en un grupo de la parroquia por curiosidad y me gustó. Luego, en la Juventud Franciscana. Tenía una novia e iba de misiones, pero seguía sintiendo un vacío, una necesidad, una carencia. Me llamaba la atención el tema del sacerdocio y empecé a averiguar sobre eso por mi cuenta con los jesuitas. Sin embargo, algo me decía “es por aquí pero no es aquí”. 

Le huí mucho a los capuchinos porque me parecían demasiado rudos, hasta que fui a unas misiones con los indígenas Yukpa en la Sierra de Perijá y uno de mis amigos le dijo al Fray que yo quería hablar con él. Bendito sea Dios por ese encuentro. En la noche vino una indígena buscando el bautismo para su hijo moribundo y tuve que ser el padrino. Ese momento me marcó, entonces decidí ir a la convivencia para aspirantes a sacerdote. Cuando llegué a mi casa hablé con mi mamá y le conté que iría a la tercera convivencia si me llamaban. Para mi familia fue como si les hubiese dicho que me suicidaría. Sin embargo, mi hermana, aunque no estuvo de acuerdo, lo respetó. Fui a la convivencia e hice mi carta de admisión en agosto del 2003. En septiembre cumplo 16 años estando en la orden capuchina. 

Recuerdo mi primera misa. Fue el 2 de marzo del año 2014, durante las protestas. Me sentía súper emocionado. Fueron mis profesores, mi familia y mis amigos. Estaba eufórico hasta que caí en cuenta de que por primera vez en mi vida consagraría el cuerpo de Cristo y me quedé en blanco. Me puse a llorar como un niño. El sacerdote me jaló, me dio un vaso de agua y me dijo: “Sigue”. Terminé la misa con los ojos hinchados. Todo fue muy emocionante.

Encuentro con la televisión antes de ser sacerdote

No estuve en el Mister Venezuela, eso es un rumor. Estuve en Chico Zulia. Un amigo mío me dijo para ir al casting y aunque me resistí bastante, terminé yendo y quedé con la bufanda de Chico Mara (Maracaibo). Ese año aparentemente participó muy poca gente. Para colmo la pregunta que me hicieron los jueces fue: “¿Tú crees en Dios?”. Respondí con todo. Luego de eso venía el concurso y como tuve muy mala experiencia, me rehusé a las condiciones que me propusieron para concursar y me salí. 

También estuve en Hasta el límite, un reality show de supervivencia en Venevisión. Quedé como líder del Grupo Titanes. Fue una muy buena experiencia. Luego volví como animador del show y poco después de eso estaría haciendo las convivencias con los frailes capuchinos. 

Ser coach empresarial y sacerdote

Quien me regaló el curso de coach empresarial me dijo que ya yo tenía la mayoría de las herramientas que te enseñan en el instituto, pero fue bueno hacerlo y aprender. Me encargo de darle un enfoque más ontológico a ese conocimiento para utilizarlo como sacerdote.

Las redes sociales son las nuevas redes que hay que lanzar al mar para pescar hombres

Lo he ido asumiendo. A mi despacho llega de todo: tú, que quieres hacer una entrevista; otra persona con una propuesta; alguien que perdió la fe y quiere recuperarla; una persona deprimida; alguien con hambre. Fíjate que el del matrimonio, el que dio la misa el domingo, el que estaba en su despacho y el que está en las redes sociales son la misma persona. Yo soy así. Este es mi trabajo y voy a hacerlo lo mejor que pueda. 

En cuanto a las redes sociales, pues son las nuevas redes que hay que lanzar al mar para pescar hombres para Dios. Son el nuevo mundo que tenemos que colonizar, la nueva evangelización que nos toca a los sacerdotes. Es una gran responsabilidad y la he asumido como tal, pero muy naturalmente, de nuevo: así soy yo. Tengo cien mil seguidores que esperan algo de mí y al igual que a mi despacho, llegan personas a mis mensajes directos con diferentes problemas: “No soporto a mi esposo”, “Mi hijo no quiere ir a misa”, “Perdí la fe”, “Me fui del país y la estoy pasando mal”. Eso no se le puede delegar a un community manager, por eso yo mismo llevo mis redes. Sin embargo, sí tengo a alguien que me ayuda mucho con tips para mi cuenta. 

Con los temas polémicos que toco en mi cuenta busco generar algún tipo de choque. Hoy, por ejemplo, hablé de la brujería. Muchas veces la gente piensa que como soy joven seré más indulgente con ciertas cosas. Podré tener una manera distinta de abordar las cosas malas, pero nunca busco aprobarlas. Sé que hay unos límites mínimos que se deben cumplir. 

Trato de evangelizar con un objetivo ―ese fue uno de los tips de la community manager que me aconseja y transmitir que soy sacerdote, no un extraterrestre: me gusta ir al cine, ir a la playa y escuchar las historias de la gente.

Dicen que no conoces a alguien realmente hasta que lo has visto en distintos escenarios y mantiene un mismo carácter. Después de haber compartido con el Fray Luis Antonio Salazar en misa, en un matrimonio, en su despacho y en una panadería me doy cuenta de que la persona que vi en Instagram cuando me dijeron que buscara al sacerdote famoso no es una máscara pensada para las redes sociales, sino la presentación de una persona extrovertida e inteligente que quiere llevar su vocación con la mayor dedicación y se atreve a hacerlo en plataformas en las a la Iglesia a veces le cuesta participar. 

De nuevo, gracias por dejar en alto a los millennials y permitir que Instagram sea un lugar de encuentro y no solo un sitio para ver al perro de Sascha Fitness.

TheA logo
Más artículos
Sí, tu vagina sí es normal