¿El impuesto rosa es realmente sexista?

Un hombre y una mujer van de compras al centro comercial. Entran a la farmacia, una tienda de ropa y otra de calzado. Salen felices con sus adquisiciones, pero al llegar a su casa comparan lo que gastaron y se dan cuenta que la mujer pagó mucho más que él. Al revisar los precios, notan que los productos femeninos son un poco más caros.

¿Cómo se llama la obra?

El impuesto femenino.

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¿Qué es?

En los últimos seis años se ha viralizado un término que se ha adaptado al feminismo: el impuesto rosa, anteriormente llamado el impuesto femenino. Consiste en que todos los productos femeninos, no importa de qué uso tengan, son más caros que los masculinos.

¿Cómo que ‘no importa qué uso tengan’?

Tal y como lo escuchan. Desde juguetes (sí, juguetes), bolígrafos (luego vemos un ejemplo), ropa, productos de belleza, entre otras cosas, las mujeres pagan más que los hombres. Esto en algunos casos incluye servicios, como la lavandería o planchado de prendas.

Pero no todo es lo que parece.

Es por esto que me tomaré la molestia de explicarles los factores que se atribuyen a este fenómeno. Empecemos por la raíz del árbol:

El código de colores

Como ya seguramente saben, el mercado divide los productos en dos sectores de colores: rosado y azul. El rosado tomado como el color de las mujeres, y el azul de los hombres. No se sabe con exactitud la fecha exacta en la que esto llegó a propagarse de esta manera, pero hace un poco más de un siglo los colores solían estar invertidos.

 

Todo esto empieza desde la infancia, que tenía un color propio en aquel entonces: el blanco. En caso de decorar prendas o de ir creciendo, el color azul identificaba a las mujeres, por representar a los velos de la virgen, el cielo, la suavidad y delicadeza. Las niñas fueron acostumbradas a los vestidos, lazos o cintas azules.

En cambio, los varones usaban el rojo o a veces rojo descolorido (rosado) que evocaba el “temperamento de guerrero”, ya que se relacionaba con la sangre, fuerza y poder.

Esto cambió cuando a la mujer se le empezó a implementar una visión más maternal y femenina —*ahem* “ama de casa”— que causó este cambio de colores. Tomando esto en cuenta, no es sorpresa que esta división de colores influyera en el mercado, dando origen al marketing de género.

El marketing de género

Es aquel que se aprovecha de los estereotipos de la vida cotidiana que se relacionan con un sexo en específico. 

Por ejemplo, a los hombres siempre se les ha impuesto esa visión enfocada en actividades físicas como la construcción, la pelea, o cualquier otra que guarde relación con la adrenalina o destreza (espadas, carritos, caja de herramientas, videojuegos de guerra). En cambio, a las mujeres se les dirige por un camino más social, que involucra el hogar, las amigas, o las reuniones (cocinitas, utensilios de limpieza, la casita de Barbie). Un ken de Barbie cuesta más caro que un Max Steel por dirigirse a segmentos distintos, por ejemplo.  

Básicamente, a un niño no se le venderá un kit de maquillaje o una cocinita, y a una niña no se le venderá espadas o carritos de carrera. Existen excepciones, pero el mercado todavía está apoyado en base a este patrón.

Es por eso que en los productos de mujeres adulan y motivan lo que caracteriza a la feminidad (delicadeza, belleza, juventud, elegancia), y en los de hombre realzan la masculinidad (fuerza, simplicidad, factor “macho”).

Nada es casualidad, todo fue producto de un estudio de género que concluyó los patrones de comportamientos, preferencias y comodidades, y en consecuencia los utilizó para una estrategia de mercado aplicada a ellos. La diferencia de precio es parte de eso, empezando porque el precio de los pigmentos entre el rosado y azul son un poco distintos. El azul, por ser un color primario, suele ser más barato en algunos casos.

Esta diferenciación se concentra más que todo en los productos de belleza e higiene, como los desodorantes, las afeitadoras, champús, acondicionadores, cremas y demás.

En términos de meme: 

MUJERES

EL MERCADO

La importancia que le da el consumidor al producto

La razón por la que las mujeres pagan más es porque están dispuestas a hacerlo. El impuesto rosa viene de esta disposición. Los hombres normalmente no tienen el “sueño de belleza” o juventud que comparte el sexo femenino. 

Por eso es que ellos usarían un champú que es acondicionador y jabón de baño al mismo tiempo sin ningún problema. Las mujeres lo usarían, claro, pero preferirían tener un producto específico para las diferentes partes del cuerpo por la simple justificación que les importa más su apariencia y el cuidado de ella

El mercadeo tomó esto como ventaja y dedicó más tiempo y energía a las mujeres, es decir, por eso hay muchísimas más campañas publicitarias dirigidas al público femenino que al masculino. 

Y no solo eso. También significa diferencias en la fabricación, ingredientes, cantidad y necesidad del producto. 

Además, nadie está obligado a caer bajo este código, pero sucede. Hay productos genéricos, pero no atraen tanto a la mayoría de las mujeres porque son más demandantes y buscan mejor calidad y beneficios o quizás solamente quieren el color rosado porque les encanta. Es decir, el aspecto les importa. Por eso el precio es más alto, por la demanda del color rosado en un gran porcentaje de damas.

(Como pueden observar, en este ejemplo en particular hay un producto para hombres, otro para mujeres, y uno neutro. Si se paga más, es porque se escoge hacerlo).Hay una razón por la que los hombres no tienen cremas con aroma a flores tropicales de oriente mezcladas con un coco que hidrata el doble. 

En caso de los productos como juguetes, o incluso materiales escolares, es cuestión del pigmento y demanda (más que todo la demanda). Hay niñas que prefieren mil veces más el tipex rosado, la pasta dental de Frozen, o el monopatín de princesa en vez de los productos neutros. A los niños no les importa tanto como a las niñas, por eso es más barato. Hay más demanda en los productos de las niñas (y mujeres) por el simple hecho que les importa más (sin incluir las excepciones). Gracias a esto es que se dividieron los productos en dos segmentos, porque las ventas se duplican y se gana mucho más dinero.

Y finalmente, en caso de los servicios, como por ejemplo el de las peluquerías o lavandería, tiene que ver con el tiempo o procedimiento invertido al realizar dicho servicio. A un corte de cabello de una mujer se le dedica más tiempo y precisión, así como tratamientos. La ropa no siempre influye, hay demasiadas veces que se cobrará lo mismo, pero al tratarse de una tela más delicada que requiere más cuidado o un planchado hay aumentos de precio.

No se trata de un impuesto, es cuestión de marketing. No es discriminación, es como funciona el negocio. Puede parecer insólito (que a veces lo es, en casos específicos), pero las mujeres compran, y el mercado se enriquece

Una vez un noticiero canadiense consiguió que se nivelaran unos precios en Target y Walmart porque era sencillamente ilógico. Esto demuestra que si se expone y demanda esta diferencia en caso de ser injusta, habrá cambio. 

Pero como todo buen venezolano, vamos a apreciar el siguiente video y vacilar un rato; hace referencia a mi mención de los bolígrafos:

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