El grave problema de ir a la playa

Empieza el verano y con él, todo lo divertido de entrar en vacaciones.

El tiempo libre, las canciones pegajosamente Pop, los enamoramientos rápidos, los escapes de la ciudad, la ropa ligera y la playa.

Dentro de poco, lo único que vamos a leer en las revistas y ver en la televisión van a ser comerciales y propaganda de gente sospechosamente hermosa que va a sus planes a la orilla del mar en full equipo. Cavas, raquetas, música y por supuesto unos buenos trajes de baño.

Aquí empieza la pelea interna de cada mujer. Desesperadas, terminamos clases y pedimos un tiempo en el trabajo para tener unos pocos, bien merecidos y sagrados días bajo el sol y en la arena. Sin embargo, no hay situación más frustrante que pensar en la pre producción de este encuentro.

Por lo menos una semana, una considerable suma de dinero y demasiada energía mental es invertida para que nuestros cuerpos se vean impecables mientras tomamos sol.

La depilación es la primera, si eres de las que les tiene más respeto a su depiladora que al Papa porque ella ha llegado a lugares de tu cuerpo que ni tú sabías que existían, probablemente también la respetes por soportar silenciosamente los gritos de centenares de mujeres que hacen fila a la salida del cubículo cabizbajas en esta época. A ninguna le gusta particularmente el hecho de tener que arrancarse los pelos del cuerpo con una sustancia viscosa que aplica un extraño, pero en la playa te tienes que ver bien, y lo haces.

Las uñas también son parte importante de este ritual. Elegir el color adecuado para que no se desconche la pintura, o si se desconcha por lo menos no se vea. La ansiedad de no tener el color idéntico en tu casa para retocártelo en la noche en caso de emergencia es inclemente, pero en la playa te tienes que ver bien, y compras el que te pusiste.

Hacer el bulto es casi tan desesperante como prepararte para un exámen. Una lista de infinitas cosas que debes llevar se repite en tu cabeza como una canción y a pesar de que sabes que no vas a necesitar 3 tipos de cremas humectantes, las empacas todas, porque en la playa te tienes que ver bien.

Los trajes de baño tienen que ser los indicados. Los que no están desgastados, los que se amarran bien, los que no hacen que se te salga un rollito raro, los blancos no porque transparentan, los que tienen huecos tampoco porque te bronceas mal. En caso de no tener un buen repertorio de trajes de baño que cumpla todas estas características, consideras tocar tus ahorros para gastar una suma ridícula de dinero en uno nuevo o acudes a una amiga y le ruegas que te preste unos. Tienes que llevarte 10 a pesar de que vayas 2 días, te tienes que poner los indicados, porque ya sabes, te tienes que ver bien en la playa.

Un buen playlist para no aburrirse es clave, pones en riesgo la salud de tu teléfono al someterlo a una situación en la que podría caer a la arena y morir, pero bueno, es la playa y para verte bien tienes que tener un buen setting.

De no correr con la suerte de tener el pelo liso, te sometes a tratamientos químicos para alisarlo y no parecerte a Simba en lo que tu melena esté en contacto con la humedad del mar. Cuesta dinero y es dudablemente peligroso, pero de nuevo, te tienes que ver bien.

Llegó el día y estás en camino a la playa con amigos y familia. Mientras los niños felices meten 3 camisas y 2 trajes de baño en un bolso del tamaño de tu estuche de maquillaje, en tu cabeza hay una fiesta de ideas e inseguridades que no cesan.

Pensaste que lo habías empacado todo, que le prestaste atención hasta el último detalle, que hiciste todo lo posible para propiciar una situación ideal playera, para que te veas bien así llueva a cántaros, pensaste que a pesar de que te comiera la pierna un tiburón, por lo menos la gente asustada por tí dirá que tu traje de baño era el más bonito. Pero pensaste mal. Por encima de tu sostén y pantaleta de licra te abrazas la barriga y dudas si la camisa que te pusiste te tapará bien.

El mayor miedo es exponer a toda la playa la única cosa que no puedes depilar, tapar, comprar o tratar con métodos químicos: tu cuerpo.

Ves el mar y la celulitis, la hamburguesa de anoche, el rollito, las estrías y tu triste tamaño de busto te atormentan.

Se supone que la playa es un lugar para estar feliz, en el que todos comparten, juegan y beben con tranquilidad, mientras tanto te preocupas porque sospechas que tu coverup no te va a llegar debajo del rabo.

Son las 5 p.m. y no te has quitado el pareo, de repente una mujer sin cuidado ni preocupación alguna entra al mar y desearías poder hacer lo mismo.

Es verano y se supone que las vacaciones son divertidas, pero mientras tienes los pies en la arena buscas una forma de esconderte debajo del océano.

Y qué pena.

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