En boca de El Bosque Bistró

La creencia de que los profesionales deben trabajar años en su área y estar casi al borde del retiro antes de ser considerados expertos se va derrumbando poco a poco, puesto que el talento innato, cuando es evidente, brilla por sí solo. Iván García, el chef del restaurante merideño El Bosque Bistró ―que ahora abre nuevas puertas en Caracas, Venezuela― ingresó a su primer concurso de cocina en Mérida a los 14 años y fue cosechando éxitos hasta ser seleccionado como S.Pellegrino Young Chef 2018 en la competencia gastronómica, teniendo como bandera su asado negro con cacao y papelón. 

Debido al trasfondo culinario y los reconocimientos que a su corta edad tiene el chef, imaginé que El Bosque Bistró —donde la cocina venezolana danza junto a tendencias internacionales, siempre conservando los sabores nacionales— quizás sería un poco presuntuoso o haría alarde de todos los éxitos de García. Me alegra decir que no pude haber estado más equivocada.

Entrando por la puerta del local en una de las calles de Los Palos Grandes, me di cuenta de que su madre era la persona que muy amablemente nos recibía y nos llevaba a nuestra mesa. Con una silla colorida —diseño de Cam Villasmil— y pajaritos pintados en el techo, la decoración resultaba sencilla y muy bonita. A su vez, la pared detrás del bar está intervenida con botellas y plantas; luego me enteraría de que en ese lugar suceden cosas mágicas. En resumen, es un lugar sin pretensiones, a donde las personas deben ir, como le dijo el chef a Revista Etiqueta, “abiertas y dispuestas a dejarse impresionar”.

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Primero llegaron las bebidas. Este es el único lugar en toda Caracas en el que he podido disfrutar de una que amo: limonada de coco. Quizás podrá sonar como una combinación extraña para algunos, pero cuando te percatas de que el limón es precisamente el ingrediente necesario para cortar el sabor monótono pero muy sabroso del coco, te preguntas por qué nunca se te había ocurrido a ti hacer esa misma mezcla. Esta versión es un poco distinta a la que tomé en Andrés Carne de Res en Bogotá ―densa, muy dulce y rica―, pues es más acorde al clima de Caracas, con un sabor más refrescante y ligero. Me la tomé en aproximadamente dos minutos.

Luego vinieron los cócteles, que son, como dije anteriormente, ¡magia! Mi favorito fue el trago de ron ahumado llamado Libertador. La guayaba y el ron se mezclan muy bien, y el ahumado le da otra dimensión olfativa a la experiencia que los sentidos reciben gustosamente. 

El menú de las entradas es tan emocionante que quería pedirlas todas. Por suerte, como fui en grupo, tuve la oportunidad de probar varias: el tartar de lomito, el mac & cheese trufado y los buns. La primera representa una experiencia muy grata, puesto que hasta tienes la oportunidad de grabar un divertido video para tus historias de Instagram en el momento en que se levanta la cúpula de vidrio y empieza a fluir el aroma del ahumado. La carne también es distinta a la de otros tartares que he comido, gracias a su textura, aderezo y sabor increíble. 

Tartar de carne

El mac & cheese trufado es un plato magnífico para los amantes de la trufa, pero no para aquellos que quieren explorar nuevos sabores, puesto que no es lo más sorprendente o innovador de la carta. Por último, disfruté muchísimo los buns. Su textura me hacía preguntarme si se trataba de un pan o de una nube, y el relleno, aunque luce sencillo, tiene un sabor que impacta de manera placentera, pues se aparta un poco de los típicos gustos asiáticos que suelen acompañar a este plato. 

Bao Buns

Los platos principales fueron los siguientes: asado negro y ñoquis de caraotas, pero quedé con tantas ganas de probar el pastel de chucho que volví una segunda vez para comerlo. 

El silencio se acaparó de la mesa cuando llegó el asado negro y nos preguntamos si el plato estaría a la altura de su fama. Mi abuela siempre dice que un asado negro está bueno cuando está del color de la noche, así que sabía que al menos visualmente Abu lo aprobaría. Lo que siguió después del primer bocado fue indescriptible, como si nunca en la vida hubiese comido asado negro. La salsa dulce que acompaña al asado es un sueño, pues le da un sabor fuerte a cacao y papelón a la carne. Es un must para todo el que vaya. 

Los ñoquis me parecieron riquísimos, una mirada bastante distinta a los ñoquis tradicionales. Este plato se adapta muy bien a la visión que caracteriza al chef, buscando combinar ideas internacionales con sabores venezolanos. 

¡El pastel de chucho es la gloria! Siempre me ha gustado este plato, pero quizás no sería mi opción principal en un restaurante ―razón por la que no lo pedí la primera vez que fui―. No sé si el secreto está en la elaboración, en el queso ahumado y la jalea de mango, en algún truco que tenga Iván García bajo la manga o si es la maravillosa combinación de todo, pero ese pastel de chucho es una locura. Mi plato principal favorito. 

Por último, ¡los postres! Me decepciona mucho cuando después de una comida divina te ofrecen brownie con helado ―el cual ni siquiera suele ser bueno―, así que me emocioné mucho al ver el menú de El Bosque Bistró. Pedimos el golfeado y el merengón de guanábana. 

Dejaré que vean la imagen de abajo y se imaginen cómo aquel pan estaba casi sumergido en papelón. Estaba buenísimo, muchísimo mejor que cualquiera que me haya comido antes. Aunque no se aleja mucho de la versión tradicional de un golfeado en cuanto a la base, lo que lo diferencia es que está coronado con helado de naranja, una manera muy ingeniosa de mezclar tanto lo salado y lo dulce, como lo frío y lo caliente. La naranja, además, hace maravillas para cortar el dulce impregnante. Simplemente un viaje de sabores. 

Abu también dice muchas cosas acerca de cómo debe ser un merengón de guanábana y debo admitir que el suyo es particularmente bueno, pero el merengón del chef Iván García le hace competencia ―ojalá mi abuela nunca lea esto―, con discos delicados de suspiro ―que son bastante difíciles de lograr a la perfección, por cierto―, crema de limón y mucílagos de guanábana. Un postre exquisito y más ligero que el anterior, para los que no se hayan organizado bien y lleguen a esta parte de la comida demasiado llenos.

Merengón de Guanábana

Iván García le dijo a Revista Etiqueta: “Quiero que vayan a probar, a conocer a Venezuela en distintos platos y a entender que somos mucho más que lo que está a la vista”. Saliendo del restaurante sentí que había cumplido la misión. Es muy refrescante salir y darse cuenta de lo que una mente creativa puede hacer con los ingredientes que ofrece Venezuela. Felicito y agradezco personalmente al chef por dejar a los millennials en alto. Volvería de nuevo. 

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