Dejaré el café por 5 días

Dejaré el café por 5 días

De entrada les digo que soy una adicta al café. Tan solo llevo tres trimestres en la universidad y ya varias personas -conocidas o no entre sí- se refieren a mí como “la niña del café”, y tendrían razón para hacerlo, puesto que siempre llego con una taza, y me compro otra entre clases.

El café para mi no solo significa una dosis de cafeína diaria, sino un placer también. Me encanta el sabor y probar distintas combinaciones. Cualquier adicto al café te podrá hablar del momento antes de tomar el primer sorbo, en el que inhalas todo el sabor antes de probarlo… ¿ven? Adicta.

Normalmente, tomo dos tazas de café fijas (una en la mañana y otra a media mañana o en la tarde), sin embargo hay días en los que puedo tomar de dos a cinco tazas. Todo depende de la energía que tenga, horas de sueño, cantidad de trabajo y antojo.

Esta semana quise quitarme el café completamente, simplemente para ver la dependencia que tiene mi cuerpo hacia mi amada dosis de cafeína.

Let the games begin.

Día 1

Me levanté a las 5:30 a.m. gracias a que tenía clases de Neurociencias a las 7:00 a.m. Este profesor en particular piensa que la clase empieza a las 6:50 a.m, así que tenía que estar sumamente alerta y pendiente de la clase.

Eso no pasó.

A estas horas, no es tanto el sabor sino el uso del café. Creo que tan temprano en la mañana mis papilas gustativas todavía no analizan qué les estoy dando. En estos casos, solo me sirvo mi taza y bottoms up en camino a la universidad.

Para mi clase de las 12:00 p.m. parecía un muerto viviente. No sé ni qué dieron en esa clase Estadística. Para este entonces, ya hubiese estado en mi segunda taza de café. De hecho, hubiese llegado tarde a la clase por estar tomándome dicho café. Digamos que el plus fue llegar a tiempo.

Llegué muerta a mi casa y me acosté a dormir con el dolor de cabeza que tenía. A falta de cafeína, Zzz…

Día 2

Hubo una marcha. Siempre antes de las protestas tengo mi misma rutina: vestirme, tomarme un café, hacer un bolso con agua, comida y Maalox. Está comprobado que el café es capaz de mejorar tu rendimiento físico, algo que es necesario cuando sales de tu casa a las 10:30 a.m. y llegas de marchar a las 4:30 p.m.

No sentí fatiga y cansancio, quizás eso es por la adrenalina que viene acompañada de marchar. Sin embargo cuando llegué a mi casa me bañé, comí y me dormí. Fin del día.

Día 3

Mi alarma sonó nuevamente a las 5:30 a.m. para ir a clases. Esta vez, me tomé un tiempo para consultarle a Don Google qué podía tomar o comer para reemplazar la cafeína. Siguiendo las instrucciones, me tomé una taza de agua caliente con limón (que además tiene varios beneficios extras), me hice un té verde frío para la universidad y metí un chocolate en el bulto.

No tuve dolores de cabeza, ni más fatiga de la normal a las 12:00 p.m. Sin embargo, extrañé el pequeño momento social de ir con mis amigas a tomarme un café entre clases y drenar todos los cuentos que traía conmigo. El café además de ser útil y sabroso, es además un meeting place en mi vida.

Más tarde, decidí hacer ejercicio. Normalmente me tomaría una taza de café una hora antes de ir a trotar, pero esta vez no podía, así que compré un agua de coco y me la tomé antes de salir, haciendo un pequeño Acto de Contrición para que me sirviera en mi workout.

Debo decir que además de no sentir cansancio, tampoco sentí esa pesadez o retorcijones que a veces el café logra ocasionar. 10 points to Gryffindor aquí.

Día 4

A pesar de que he encontrado varios beneficios de no tomar café, hoy se siente como un jueves. Nuevamente, me desperté con agua caliente con limón.

Quise buscar otra alternativas al café y encontré que uno de mis tés favoritos es de los que tienen contenido más alto de cafeína, así que me hice un Chai Tea y continué con mi día. De nuevo, fui a hacer ejercicio, esta vez cambiando el agua de coco por 2 tés verdes con los que terminé yendo al baño más de lo imprevisto.

Este día tuve que quedarme trabajando hasta tarde. Tenía artículos, proyectos y tareas que requerían de mi atención. En estos casos me hubiese tomado una taza de café alrededor de las 6 de la tarde y hubiese trabajado corrido hasta la 1:00 a.m. Mi falta de cafeína me impidió esto y necesité acostarme a las 10:00 p.m. porque no podía más.

Día 5

Nuevamente hubo marcha y esta vez fui mucho mejor preparada que la anterior. Hice un té verde y lo metí en mi Camelback, llevé chocolate negro y barritas energéticas. Desayuné con el té de limón y una arepa. Obviamente me había acostado a las 10 de la noche y estaba bastante descansada, así que este día salí sin más inconvenientes de lo normal.

Cuando regresé a mi casa estaba muerta, como es de costumbre. Me bañé, comí y esta vez pude leer un poco de un libro. Me hice una limonada antes de acostarme a dormir.

Mi cuerpo parece estar acostumbrándose a esto de evitar la cafeína pero añoro el sabor de mi café matutino.

Por fin pasaron estos 5 días infernales (bueno, tampoco infernales), y puedo volver a mis días cafeinados. Debo decir que este experimento sí logró que bajara la cantidad de tazas que pudiese llegar a tomar en un mal día, y buscar alternativas que alivien mis dolores de cabeza y no generen un crash al mediodía. Además adopté el hábito de tomar té de limón al despertarme.

That said, bring on the coffee.

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