Decidí quererme como soy

Decidí quererme como soy

Desde que tengo uso de razón, mi cuerpo no era como el de las demás niñas. Tenía las piernas más anchas, unas curvas que aún no estaban marcadas, senos, y mi pesadilla por mucho tiempo, un trasero de buena proporción.

Recuerdo que quería ser flaca, tener un cuerpo delgado y no diferenciarme de las demás. Es que claro, en el colegio me molestaban por mi mayor protuberancia ubicada en la parte de atrás de mi cuerpo. Mis compañeras me fastidiaban preguntándome cosas como: ¿te gusta? ¿Por qué es tan grande? A mí, esos comentarios no me parecían agradables. Me hacían quedar expuesta y tenía que dar una respuesta. Si era envidia o no, no era grato.

Luego llega la etapa de la pubertad que nos afecta a todos con sus montañas rusas extremas emocionales. Soy fiel creyente que la televisión y las revistas me enseñaban solo una imagen para ser bonita y perfecta: ser delgada. Claro, no estaba consciente del exceso de Photoshop y lo que a la sociedad le parecía correcto o era lo saludable. Mi mamá era el blanco de todas mis quejas, le decía que por qué justo yo tenía que sacar ese cuerpo. Ella se sentaba conmigo a explicarme, con una paciencia admirable, a aceptarme como soy y quererme. Tengo el recuerdo vigente de sus siguientes palabras: “algún día me lo agradecerás, te acordarás de mí”. Para mis escasos 14, no le creí ni una sola palabra.

Al tener la oportunidad de viajar al exterior, no sólo se puede conocer distintas culturas sino también la imagen y cuerpos de otros lugares. Quedé estupefacta, donde quiera que iba no me parecía a las demás. Contextura delgada era lo que mandaba. Y no sólo eso, mi prima más cercana en ese momento al practicar gimnasia lo era también. Déjenme decirles que cada vez que la visitaba me hacía sentir insegura, que no era lo suficientemente bonita al estar parada al lado de ella. Pensaba en mi cabeza: “seguro todos se preguntan por qué ella es delgada y yo no”. No fueron los mejores momentos, otra cosa es que aparentaba estar cómoda y feliz.

Ya saben lo que viene, el tema “hombres”. Te comienzas a arreglar, te importa mucho la vestimenta que usas y quieres hacerte notar. Ir a fiestas es un evento social importante y que ni se te ocurra no estar bonita. Tacones, vestidos, faldas, trajes de baño y aún no me quería del todo. Sí, alguna que otra ropa me quedaba digamos “bien” pero no era suficiente. Meterme en un gimnasio era la mejor decisión, lo hice y no duró mucho. Cansada, decidí arreglar el problema yo misma y tomar las riendas del asunto. Ahora sería ejercicios en casa. Sentadillas y abdominales hasta más no poder, claro, porque lograría una diferencia. ¿Saben lo que realmente conseguí? Mayor infelicidad e inseguridad y unos hematomas en la cabeza. Como lo leen, convertirme en una enferma del ejercicio mal realizado no me trajo ningún resultado bueno.

La escena del crimen fue en mi cocina, no había comido nada y me encontraba ahí, dispuesta a hacer como 200 o 300 sentadillas sin razón aparente. Unos segundos después todo pasaría como una película en velocidad lenta. La televisión comenzó a verse borrosa y verde, ya no escuchaba nada y lo siguiente era negro. Blackout. No sé cuánto tiempo transcurrió después de desmayarme, ya que un dolor agudo de cabeza estaba comenzando. 3 hematomas en la cabeza y morados en mi cuerpo por una silla que desafortunadamente estaba muy cerca al desmayarme. Ver tu ojo morado al espejo por un capricho te hace reaccionar y saber que has caído bajo.

Aceptación a medias

Pasaron los años, en eventos importantes como mi graduación y el viaje a Cancún para celebrarla volví a fallar en perder peso. Sin inspiración y molesta por no tener un metabolismo ejemplar, la tristeza muy en el fondo prometía quedarse.

Es difícil de explicar, un día te sientes bien con tu cuerpo y otros no, podía variar en cualquier momento. Simular que todo está bien con el paso del tiempo, te destruye el autoestima.

Una depresión por acontecimientos familiares fue lo que derrumbó el vaso. Engordé unos cuantos kilos y mis pantalones apenas me entraban, una de las peores cosas que le puede pasar a una persona. Caer en cuenta que te has permitido llegar a ese límite y no hacer nada al respecto te cambia. Ya mi aspecto sinceramente, me resbalaba.

Hacer deporte y ser buena en ello solo era un sueño hasta que mi mamá, de nuevo impulsándome me obligó a hacer Insanity. ¿Cuánto creen que dure haciendo ese ejercicio de 1 hora? Vamos, se abren las apuestas. La ganadora fue la que pensó entre 20-25 minutos. En mi vida experimenté tanto dolor en partes del cuerpo como lo hice en esos meses. Fue un I N F I E R N O. Sin embargo, les cuento que soy una persona que no descansa hasta hacer las cosas bien.

Frustración y descontento me llevaron a seguir por días, meses y ahora casi dos años perfeccionando mi cuerpo para poder entrenar. El insanity fue progresivo, al principio no podía terminar una sesión, me faltaba el aire. Tampoco completar movimientos ni mucho menos atreverme a probar con niveles más intensos. Un proceso sin duda alguna que pude dominar.

Ahora bien, buenísimo, estaba perdiendo peso aunque, no sabía comer con las respectivas medidas ni mucho menos tenía un plan de alimentación. Es aquí donde llega mi nutricionista y literalmente me cambia la vida. Un giro de 360 grados, me enseño como comer y mantenerme enfocada. Si estás leyendo esto, muchas gracias. Fuiste la última pieza que faltaba del rompecabezas para comenzar mi proceso de aceptación.

Siguiente nivel

Pensaba que ya lo había conquistado todo hasta que me inscribí en un gimnasio. No podía seguir con puro cardio, era hora de tonificar y adentrarme en el mundo real. Con mi entrenador personal que parece que tuviera 25 y no sus 40 años recién cumplidos comenzó el cambio radical.

Ya sé que tienen curiosidad de explicarles cómo es el dolor de esta experiencia pero no puedo, me quedo corta. Miren, a mi el gimnasio no solo me cambió físicamente, sino mentalmente. Me hizo crecer como persona y hasta me enseñó lo que es disciplina.

Conoces personas increíbles e historias de superación.

A las personas que nos dedicamos a ejercitarnos regularmente en estos espacios nos tildan de “superficiales”. Es todo lo contrario, es algo que rompe lo estético y lo físico. Si solo te centras en tener un buen cuerpo para ser el deseo de hombres, compañera vas por el mal camino. Primero, nunca vas a cumplir los objetivos porque no lo haces por ti, sino por otras personas. Segundo, vas a estar molesta todo el tiempo por llegar a ser solo una imagen para los demás.

No les voy a mentir, también lo hago por el físico, pero a la hora de cargar una pesa de 15 libras o hacer abdominales con un peso de 11 kilos no se me pasa por la cabeza en estar en mejor forma para que la sociedad me acepte.

Mi secreto ha sido aguantar el dolor, entender que he sido yo la culpable de no ser más atlética y no sufrir tanto. He aprendido a progresar, a subir escalón por escalón. Hoy en día cargo mucho más peso que cuando comencé y todo gracias a mí. Más nadie, solo tú puedes decidir avanzar o no. Termino la secuencia así me estén doliendo hasta las uñas, el dolor es temporal pero la satisfacción es eterna.

He cambiado mi estilo de vida y no voy a volver a esa mujer que no se atrevía siquiera a dar batalla. Mis músculos son fuertes pero mi mente también. Veo al ejercicio como una paz espiritual y un rato para centrarme y quererme. Para tener tiempo y mejorar mi alma.

Todo, absolutamente todo lo que hagas para llegar al éxito solo necesitas una cosa: voluntad. Ahí está, ese es mi secreto. Los resultados aparecerán, yo ahora puedo usar ropa que no me quedaba desde hace años o lucir con orgullo un traje de baño. Me siento mejor y más feliz, no sufro tanto de estrés porque sé como calmarme. Acepto cualquier reto como lo hago en el gimnasio.

Absorbo el ambiente y me dejo llevar por la imagen de una persona haciendo muecas de dolor o cansancio, para progresar. Porque todos los que estamos reunidos en ese espacio, somos personas con distintas luchas internas, lo que nos une son las ganas de ser mejores.

La belleza para mi tiene varios niveles, no es una sola. Acepto y admiro cuerpos diferentes, me interesa la fuerza emocional más que todo. Hoy, a todo pulmón puedo gritarle al mundo que me siento cómoda conmigo misma y mi cuerpo. Si los hombres me miran, no me cohibo como antes, solo les muestro como soy sin dudar. Tengo confianza y nunca más dejaré que los demonios impuestos por la sociedad derriben mi espíritu y mi papel como mujer en esta época.

Las invito a quererse, disfruten de la vida. Yo lo logré con el ejercicio pero hay mil y un maneras de hacerlo también. Enorgullécete de tu cuerpo.Te pongo un reto, comienza por mirarte al espejo y con ese reflejo que ves no tengas miedo de comerte el mundo. 

TheA logo
Más artículos
Midnight Gospel
‘The Midnight Gospel’ y mi experiencia con el duelo